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¿Está usted de acuerdo con Vargas Llosa? Imprimir

Por Julio Carpio Vintimilla

 

Julio Carpio Vintimilla

Hay en Vargas dos líneas principales de razonamiento. Primera: la importancia de la Literatura (en general, del arte). Segunda: la importancia de la democracia. La una es, claramente, una actitud artística, de índole personal y  social  (realización, catarsis, necesidad humana de la belleza…) Y la otra, una actitud política, de índole cívica y  social (organización y  convivencia comunitarias)
A  Javier Cercas – un conocido escritor español – le hicieron, hace unos meses, la pregunta de este título. Y él respondió: ¿Cómo puedo estar de acuerdo con Vargas Llosa, si no estoy de acuerdo ni conmigo mismo?  Muy buena respuesta. Cercas es un destacado intelectual; y  sabe, por ello, muy bien, que la gente de su clase cambia, eventualmente, sus puntos de vista; y, en forma continua, revisa, refina y  perfecciona sus ideas. Sólo los dogmáticos – creyentes y  antiintelectuales por definición – se quedan, permanentemente, con sus iniciales e incompletas ideas, con sus originales creencias y  con  sus viejos prejuicios. (Hemos dado, aquí, al azar, con una diferencia humana de gran importancia: la que hay entre los creyentes y los pensadores.) Y, hace unos años, el mismo escritor peruano ratificó, precisamente, la observación de Cercas. En la presentación, en Lima, de una compilación de sus artículos periodísticos, Vargas señaló: En este libro, hay cosas que ahora ya no diría… Pero, las he dejado allí; para conservar la exactitud de las circunstancias y  mantener  el valor temporal de los criterios vertidos. (Palabras aproximadas. No es necesario, en este caso, el texto literal del discurso.)
Bueno, pero, paradójicamente, es más bien fácil estar de acuerdo con Vargas Llosa. Fácil, si nos atenemos a lo esencial de su pensamiento; que es lo verdaderamente importante, y  lo definitorio, en el caso de un intelectual. (En los detalles, puede haber ciertas inexactitudes y  ciertas incoherencias; y, hasta, alguna contradicción mediana. Los intelectuales fallan, como todos… Y, a propósito, ¿no estará fallando el escritor en algunas de sus últimas apreciaciones sobre la política del Perú? ) Yendo a lo preciso, hay, en Vargas, dos líneas principales de razonamiento. Primera: la importancia de la Literatura (en general, del arte). Segunda: la importancia de la democracia. La una es, claramente, una actitud artística, de índole personal y  social  (realización, catarsis, necesidad humana de la belleza…) Y la otra, igual de claro, una actitud política, de índole cívica y  social (organización y  convivencia comunitarias).  Y las dos actitudes se mezclan, en él, en diferentes formas y  proporciones. Con más exactitud y  precisión, se mezclan, indisolublemente, en la obra, la vida y  la imagen pública del autor.
Y, llegados  a este punto, dejemos la vida de Vargas Llosa a sus biógrafos. Y su obra literaria, a los críticos. Y centrémonos, más bien, en su imagen pública mundial.
Mario Vargas Llosa.
Muchos saben que el escritor peruano es una notabilidad, es una celebridad. Ha salido, pues, del área de la concreta y  específica escritura… Es nada menos que el escritor actual más conocido e influyente del mundo – dice el periodista argentino Joaquín Morales Solá. Cierto. ¿Y cómo se produjo semejante e inusitado agrandamiento? Bien, en primera instancia, la literatura le hizo a Vargas, muy pronto, una de las principales figuras del BOOM. (El sorprendente auge novelístico latinoamericano de la década de los sesenta.) El periodismo le hizo, luego, un analista político internacional muy notorio y  respetable. (Recuérdese, por ejemplo, aquella conocida caracterización suya, del PRI mexicano, como la dictadura perfecta.)  Este doble impulso – que resultó formidable, por las particulares razones o sinrazones de la vida peruana -- le colocó, a continuación, en la política activa de su país. Por ser un buen escritor, lo quisieron hacer presidente… (Se cumplió, espectacularmente, en su caso, el principio de Peter: Vargas alcanzó, demasiado pronto, su nivel de incompetencia… Es decir, alcanzó la postizona e infeliz candidatura a la presidencia del Perú, en 1990. Una decisión que, más tarde, él mismo consideró equivocada.)  Pero, en la grande exposición pública del evento, el autor consolidó, de manera notable, su ya conocida imagen democrática. Y, también, -- porque la fama puede tener un doble filo, como los puñales --  se empezó a crear, gradualmente, su contraimagen negativa: Vargas Llosa, uno de los demonios de la izquierda mundial…
En definitiva, el Conde de Vargas – hoy día, un miembro de la aristocracia española – está muy lejos de aquel joven e inseguro cadete del Colegio Militar Leoncio Prado, de Lima. Y se ha acercado bastante, quizás mucho, a las distantes fronteras del mito deformador… Una suerte, pues, similar a la de Hemingway, a la de Borges…

Y la notoriedad da fuerza y  contundencia a lo que alguien hace, a lo que alguien dice. Es el pedestal; el pedestal, en el sentido que Ortega y  Gasset le daba a esta palabra; es decir, la altura desde la cual alguien habla. Y, por esto, la enérgica actitud democrática de Vargas Llosa convence e impacta. El autor peruano es actualmente uno de los grandes demócratas de América Latina; como Oscar Arias; como, en su tiempo, lo fueron Rómulo Betancourt, Galo Plaza Lasso, Luís Alberto Sánchez, Octavio Paz… Y su actitud frente a las dictaduras de derecha, de izquierda, y  frente a la demagogia del populismo, es clara y  frontal. (¿No es esto mejor, ética y  cívicamente, -- frente a la dictadura de Fidel Castro, por ejemplo – que las artificiosidades falsonas del Galeano maduro, las patéticas dudas de Julio Cortázar o el oportunismo y  la semicomplicidad de García Márquez?)
Otra parte, de la misma actitud, es la insistencia de Vargas Llosa en el buen pensar democrático de nuestra gran región. Si vivimos ensimismados, engañados, despistados; o si somos unos “perfectos idiotas”, estamos perdidos. El mañana no será de los tontos, ni de los flojos; ni de los que siempre apelan a los pretextos o culpan a los otros de sus penalidades y  sus fracasos… Latinoamérica debe pensar bien, optimistamente, vigorosamente… Ese es el gran mensaje de Vargas Llosa. Por lo tanto, hay que fortalecer el debate nacional, donde lo hay  (unos pocos países); y  crearlo allí donde, lamentablemente, falta… En pocas palabras, pensar bien, para actuar bien…
Pero, explicablemente, esta actitud democrática incomoda a la vieja izquierda setentista y  a la muy tradicional demagogia populista y  caudillista latinoamericana. Y la gente de estos sectores es la que le ha cargado a Vargas Llosa con el peso enorme de las supuestas maldades políticas de Occidente: la globalización, el neoliberalismo, la derecha… Vargas Llosa, según ellos, defiende estos males… Y el escritor es, además, agresivo y  muestra rasgos dictatoriales… (¿Cómo es esto?  Los ultradictatoriales le acusan a Vargas de dictatorial… Los intelectuales peronistas argentinos del grupo  CARTA ABIERTA, por ejemplo.)  De todo lo anterior, sale, también, la actitud doble e hipocritona de tantos izquierdistas y  de sus aliados oficiosos: Apreciamos la literatura de Vargas Llosa; lamentamos, en cambio, sus posiciones políticas de derecha… Y, he ahí, juntas y  tembleques, dos simples y  vanas apariencias criollas: la cultura literaria y  el progresismo político…
Concluyendo, si es usted una persona formada y  democrática, no le será difícil convenir con Vargas Llosa. Él es un artista de varias facetas…Y es un hombre de mente abierta… Y es, en el fondo y  en la superficie, también, un hombre pluralista y  tolerante. Y esto último – más que una tendencia política o una filosofía social – es una excelente, flexible y  muy humana forma de ser y  de vivir; y, también, de dejar vivir… Y además, además, -- lo que es, hoy, muy importante para las grandes mayorías de ciertos países conflictuados – de convivir; de convivir, civilizadamente.

 

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