Poesía que es una muestra de la capacidad que tiene el ser humano de captar en diferente intensidad y forma los sacudimientos que inciden en la sensibilidad y el fuero interno de esta maravillosa experiencia de existir
 
Hay seres que dejan discurrir su existencia llena de vivencias intensas que parecerían desaparecer sin dejar huella. Sin embargo, nadie sabe nunca cuánta manifestación espiritual se ha ido depositando en el fuero interno de la persona hasta que el momento menos advertido se hace presente en la mente y el corazón en una especie de eclosión de sacudimientos y experiencias que ni el que las vive las había podido advertir. 
 
   Y es así como se hacen los grandes libros y la cadena de poemas de extraño e intenso sentimiento, por lo general, acompañados de nueva y genial filosofía. Novedoso estilo de expresarse y, sobre todo, con ese efecto que es difícil conseguir: la resonancia en quienes los leen y se sienten sacudidos por su efecto singular y sonoro.
 
    La metáfora, simplificada al máximo, mediante el recurso admirable de abreviar en el menor número de palabras lo que se quiere trasmitir, es de origen oriental y de difícil construcción y genial efecto en quien la lee o la escucha.
 
    Este proceso parece haberse adaptado a un ser que probablemente vivió y sintió muy hondo el milagro de la vida y las múltiples experiencias que ella depara, de distinta manera y forma de quienes nos ha correspondido haber llegado y permanecer vigentes. A lo mejor, al comienzo con una extraña costumbre que se ahonda en espíritu y mente. Otras, a lo mejor, entremezclada con los sucesos cotidianos y aparentemente intrascendentes, que sin embargo apuntan al hondo e insondable destino de vivir, sin saber hasta cuándo y por qué.
   Así hemos recibido esta poesía no muy difundida todavía en los diferentes ambientes de esta época que nos ha correspondido vivir, como una muestra más de la capacidad que tiene el ser humano de captar en diferente intensidad y forma los sacudimientos que inciden en la sensibilidad y el fuero interno de esta maravillosa experiencia de existir. 
 
  El poemario “De mi propia sombra“, ha sido la gran sorpresa que nos legó alguien como Manuel, que demasiado pronto nos dejó, casi sin haberlo insinuado ni a lo mejor presentido.
 
   Quienes estuvimos en el acto realizado en el Centro Cultural de la Casa de la Cultura Ecuatoriana de Quito, nos sentimos privilegiados por haber compartido en un acontecimiento que por su mismo valor y significado, no fue precisamente algo más que se mostraba al ámbito cultural ecuatoriano, sino eso diferente, singular e inesperado que todavía nos tiene estremecida el alma.
 
 

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