Macartur Salomón Imprimir

La esperanza es un producto que resulta a veces demasiado caro. Cuando en determinadas situaciones de la vida corre el riesgo de agotarse, hay que adquirirla a cualquier precio.

Oscar Ullauri Ortega experimentó inútilmente casi veinte años toda clase de medicamentos para combatir una enfermedad que le apareció en la piel al comenzar la adolescencia. No había médico que curase su mal y creyó que todo estaba perdido.


El nombre auténtico de Macartur es Germán Arturo López Quintero.  Originario de Ibarra, nacido en 1938.
Pero en marzo de 1990 conoció a  Salomón, curandero naturista al que expuso sus dolencias y se convertiría en la persona de más confianza y admiración en su vida.

Lector de libros esotéricos, fundador de una secta religiosa que llamó Movimiento Espiritual Imparcial a toda Religión y Política, convenció al desesperado hombre de 33 años, arquitecto de profesión, para que se sometiera a sus tratamientos.

“Yo estaba convencido de que él era verdaderamente Salomón, el hombre que recibía mucha sabiduría de Dios”, afirmaba el paciente del extraño personaje.

La primera cita fue frente a una mesa con una vela encencida y un vaso de agua con un huevo partido. Macartur colocó una mano sobre la de Ullauri y le pidió permiso para ingresar a su cuerpo. Concentrado, los ojos cerrados, el hechicero dijo que miraba los virus corroyendo el organismo de la víctima, pero estaban tan adheridos que era preciso utilizar jarabes explosivos superpotentes y jarabes devastadores para exterminarlos. Además, muchos estaban metidos en unas cuevas que los protegían.

Durante un año Oscar Ullauri siguió fielmente el tratamiento de Salomón; un frasco de jarabe explosivo superpotente costaba 20 mil sucres y 15 mil el devastador.

Además, debía tomar dos veces diarias una cápsula de Tefenadin, que valía tres dólares cada una. Macartur dijo al cliente que ese era un producto raro y difícil, que recibía desde Estados Unidos y Rusia. Tefenadin es la abreviación de la frase Ten fe nada te pasará, Dios infinito.

Pero eso no era todo, para que produjese éxito el tratamiento, debía cumplir una dieta especial, que incluía té para el estreñimiento (17.500 sucres el frasco) y té para el hígado (15 mil sucres). También debía frotarse la piel con un “líquido nicótico” que costaba 17.500 sucres.

Los medicamentos debía ingerirlos con puntualidad y rigor, pues de lo contrario desaparecería el efecto. Alguna vez Ullauri llegó asustado ante Salomón porque olvidó tomar la dosis, pero él le tranquilizó: tenía también un jarabe aditivo para los casos de olvido y se lo vendió por varios miles.

Entre médico y paciente fue estrechándose la amistad con el trato diario y Oscar empezó a asistir a las conferencias que daba Salomón todos los días a unas quince personas.

Hablaba sobre el juicio final, que se produciría entre 1995 y el año 2000. Antes habría la tercera guerra mundial. “Uno de los anuncios del fin del mundo será la invasión de platillos voladores plateados, cuyos tripulantes seleccionarán a los justos que deben llevar consigo”.

Salomón se refería también en sus conferencias al Tercer Testamento de la Biblia, un libro que tenía en preparación “para difundirlo por el mundo traducido a todas las lenguas”.

El 13 de marzo de 1991 Nidia Ullauri, hermana del paciente, denunció al Intendente de Policía que su hermano había sido estafado por más de tres millones de sucres con falsos medicamentos para tratar su dolencia.

Hubo sospechas sobre la actividad que cumplía Salomón en su extraño reducto en el centro histórico de Cuenca, pues los vecinos escuchaban frecuentes lamentaciones de mujeres maltratadas en altas horas de la noche.

Cuando fue allanado el domicilio, Macartur Salomón cayó preso y los agentes se llevaron los frascos de supuestos medicamentos, abundante material pornográfico y libros esotéricos, así como imitaciones enormes de órganos sexuales masculinos.

En su declaración ante la autoridad policial, Salomón reconoció que elaboraba “aleaciones especiales según inspiración de mi vivencia interior que servían para la curación”. La materia prima, plantas medicinales, adquiría en tiendas vegetarianas de la ciudad, siendo una de las fundamentales la zarzaparrilla.

Declaró también su apego al estudio del “asunto divino e intergaláctico de la realidad”. Justificó la abundante presencia de material pornográfico en su consultorio por sus preocupaciones espirituales: “Un predicador espiritual debe conocer todo lo malo, en detalle, para no ignorar nada y conociendo lo malo enseñar el bien. Nadie pueda hablar del bien sin conocer el mal”.

El extraño personaje tenía además en su poder muchas fotografías de mujeres, con acarameladas dedicatorias al reverso. Esto explicaba porque “en vista de mi soledad personal he querido tener una esposa y de acuerdo con lo moderno puse un aviso en la prensa local y nacional y en la revista Crimen y Castigo, indicando que necesito una soltera con fines matrimoniales”.

Pero también estaban allí las fotografías de varios futbolistas nacionales, quienes le habían dado el retrato para que se acordara de rezar por ellos en sus momentos de conexión con Dios, para que les diese destreza y vigor en las canchas.

Salomón tiene su enamorada. Se llama María Ortiz y fue detenida junto con él la tarde del allanamiento, pero se la liberó de inmediato al comprobar que se trataba de una deficiente mental. El confirmó al Intendente que ella era su amante, desde un día en que la encontró deambulando con hambre y con fatiga por la calle y la llevó consigo. En su domicilio “la socorría con posada, alimentación y amor”.

Como Macartur Salomón permanentemente viven y trabajan en las ciudades del mundo personajes que negocian con la ignorancia o la desesperación de hombres y mujeres. La esperanza es lo que más se ha de cuidar en la vida y si está en peligro hay que comprarla por cualquier precio.

Mayo de 1991

 

Escribir un comentario




ULTIMOS COMENTARIOS
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner



Presidente Córdova 9-06 y Benigno Malo / Teléfonos: 2836001- 2861601 / Email:
Cuenca - Ecuador