Un poeta y Periodista de combate Imprimir

César Andrade y Cordero -abogado- es uno de los poetas más notables del Ecuador en el siglo XX y se lo ubica junto a Jorge Carrera Andrade. Es también periodista de estilo enérgico, mordaz, agresivo. Tiene 77 años de edad y escribe a diario, excepto por estos días en que está postrado por la vejez del cuerpo, pero piensa reanimarse para volver a esgrimir con plena lucidez sus afilados artículos.

- ¿Cómo resume su vida por las letras, doctor Cordero?

- Mi vida literaria ha sido una tendencia, una vocación, más que  una profesión. Desde mi primera juventud practiqué el intento de servir al pueblo en todo sentido, pero especialmente desde el arte y la justicia. Entregándole lo que él ama, buscando una conjugación con el pueblo, buscando ser pueblo. Y esto creo que lo he alcanzado, merced a mi sinceridad en el trabajo. Esta es mi autocrítica como trabajador de la pluma desde muchacho, desde mis primeros años de colegio.

Mi maestro fue el doctor Alfonso Cordero Palacios. Siempre estuve con los grandes viejos, buscándolos y atreviéndome a conjugar con ellos. El incentivo poético fue en mí el primero de todos. Yo ambicioné una meta poética no a título de persona, sino del ser frente a la naturaleza, el arte, el amor, el espíritu inquietdo de la poesía, que es sagrada, una entidad semidivina, si no es divina misma.

- ¿Algunas influencias en su iniciación poética?

- Influencias...? No encuentro influencias sobre mi temperamento. Creo haber sido un buceador de la inquietísima tendencia humana que es la poesía, el don poético. Lo divino de lo que hablaba Virgilio.

Sí puede hablarse de ciertas preferencias de lectura y de contactos. Nunca dejé de admirar a Ramón Jiménez, sin ser un jimeneano, pues para ello se necesita mucho y lo alcanzaron los piedracielistas, que no lo he sido yo. Además, he sido admirador de García Lorca y de los grandes españoles como Dámaso Alonzo y Alberti. Sobre Pablo Neruda yo tengo mis ideas muy reservadas. Fui amigo de Pablo de Roca y con él comparto el criterio de que no hay que imputarle a Neruda por sus incorrecciones, como aquella de saquear a Tagore, lo que él mismo lo confesó. El premio Nobel se lo mereció Neruda, pero desde el punto de vista político más que literario.

En lo nacional nadie es mejor que Jorge Carrera Andrade y detrás están Miguel Angel León y Gonzalo Escudero. Es la promoción a la que también yo pertenezco. Carrera Andrade debía recibir el premio Nobel. Basta recordar aquello del “Conejo, mi hermano tímido...”.

También admiro a los poetas decapitados, como los llamó Raúl Andrade, lo cual tanto disgustó a José María Egas o Falconí Villagómez, quien dijo que el único decapitado era el propio Raúl Andrade. Recordemos a Hugo Alemán, Humberto Fierro, Manuel Eduardo Castillo, Pepe Pino Icaza, Germán Lince. Lo que vale reconocer en Raúl Andrade es su tremenda mordacidad, típica del apellido Andrade.

- Recuerde de su vida, las cosas que le han gustado o disgustado mucho.

- La vida es combate. Es actitud de batalla. Por eso,más bien quisiera hablar de la alternativa humana y social, que ha sido generosa conmigo. La vida en sociedad, de amigos, de amigas, de solidaridad del ente humano, me ha sido dadivosa y generosa. He recibido más de lo que yo he dado. No me refiero a dinero, a la riqueza, al bienestar económico, sino a lo que nace del corazón humano. Yo a mis 77 años de edad tengo motivos de mucha gratitud para mis semejantes.

He cumplido formas normales de vida ordinaria como defender la paz, la organización social, la justicia distributiva y no creo que ello sea motivo de gratitud. El hombre debe cumplir con su deber porque es buen negocio ser honrado. El hombre deshonrado está condenado al ostracismo. La condena social es la peor de las condenas. La sociedad es buena -y esta idea la comparto con Laonard Frank-. El hombre tiene capacidad para ser bueno.

- ¿Una experiencia que haya pesado mucho en su vida?

- Hay tantas cosas. No sabría precisar. He tenido tantas enfermedades y riesgos. A veces malos encuentros con personas inadecuadas. He tenido muchísimos riesgos, pero he tenido -yo creo en el sino-, un destino que me ha hecho superar las adversidades. No me olvido que en 1926 me dio la fiebre tifoidea cuando hubo una epidemia a consecuencia de la cual murieron muchos en Cuenca.

Yo estuve aislado en el mismo cuarto con Honorato Vázquez, Luis Arcentales y su esposa, quienes fallecieron con tifoidea. Recuerdo con claridad porque es una enfermedad ambivalente: uno está en vigilia y en delirio. Ve cosas que ocurren pero que sin embargo no ocurren.

Claramente recuerdo que oí a Pancho Sojos, médico, que decía a alguien: “Avisa a casa que es posible que César se nos vaya esta noche”. Entonces yo pensé que era joven y no podía morirme, que eso no era posible. Y tan fue cierto eso que una monja, de nombre Martha, se acercó para decirme que yo no iba a morir, pero que siempre era necesario que estuviese preparado para recibir el Viático: y me fue consoladora la llegada de un viejo sacedote a prepararme para la comunión y los óleos. Casi no pude tragar la hostia, por mis pobres condiciones de salud.

Al parecer solo me quedaba la noche, pero en la oscuridad había una luz que era  indicio de que yo no moriría y esa noche soñé en un banquete de fiesta. Al día siguiente amanecí mejor y la religiosa me dijo: “Por obra del Santísimo, ya te salvaste”.

- ¿Es usted católico, doctor Andrade y Cordero?

- Soy católico, pero en el sentido integral y no en el sentido sectario. No soy católico, apostólico y romano, sino en lo ecuménico, en lo universal. Yo creo en Dios como cree en él un mahometano, un indú, un brahmán o un fiel de cualquier religión, porque todas son verdaderas.

No creo que el hombre sea capaz de ateísmo, pues quien no cree, cree en lo que no cree. No hay escépticos. En la Unión Soviética hay 18 religiones y la Constitución establece la separación del Estado y la Iglesia y de la Iglesia del Estado, para garantizar la libertad de conciencia. Destesto a las sectas, porque son la reducción absurda de la concepción que el hombre tiene de la divinidad.

- Usted ha sido maestro, hombre público, ¿Qué puede contarnos?

- Fui secretario de la Gobernación del Azuay con el doctor Daniel Córdova Toral. También lo fui con don Cornelio Crespo Vega, quien obtuvo 50 mil sucres del gobierno de Isidro Ayora para el agua potable de Cuenca, por los años 1926-1927. El también levantó el monumento a Abdón Calderón en el parque central. Fui profesor del colegio Benigno Malo dictando Historia de la civilización, Literatura, Prácticas Literarias cuando eran rectores Daniel Córdova y Carlos Cueva Tamariz. Fui profesor de la Universidad en las más difíciles de las cátedras, como Filosofía del Derecho y Enciclopedia Jurídica.

No he alcanzado funciones de representante o concejal porque siempre los intereses de grupo se impusieron y los conservadores eran los dueños de la política y se vendieron a Velasco Ibarra al que sigo combatiendo, porque yo creo que no está muerto. Los “curuchupas” son la peor peste política que ha tenido el Ecuador. Arroyo del Río fue un enfermo de narcisismo y magelomanía que le dejó crecer a Velasco Ibarra. Arroyo fue todo, menos Presidente de la República.

- ¿En qué partido milita?

-  Yo fui socialista, con Carlos Cueva Tamariz, pero el partido se autodisolvió a sí mismo por los intereses de grupo y por las ambiciones de los adictos al transfugio.

- Usted es un polémico hombre de prensa. ¿Qué dice sobre el periodismo?

- El periodismo no es solo la información o la opinión, sino las dos cosas a la vez. Hoy es una actividad tan compleja que es la ciencia de la comunicación. Es la esencia de la vida diaria, más vieja que el arco y la flecha y que el fuego. En las cuevas de Altamira están las huellas del periodismo. Los chinos lo han practicado desde hace más de mil años.

Es la actividad más humana y la más sagrada, pero el periodismo que nace del negocio debe proscribirse. En la Unión Soviética y en Cuba hay buen periodismo porque es oficial y bien hecho. El libertinaje en el periodismo produce periódicos libertinos, de chantaje, la prensa amarilla, comprometida....

- ¿Y qué nos dice de la política en el Ecuador?

Eso es difícil de contestar. En el Ecuador no hay partidos políticos organizados, solo hay camarillas de intereses que se yuxtaponen. Los que ayer estuvieron en los escondites hoy pretenden levantar las cabezas. He admirado y execrado a Bucaram: se parece a Cleón, personaje de Aristófanes que trabaja como curtidor y apesta a tenería, pero hace surgir su personalidad en base a la insolencia que desarrolla.

Asaad Bucaram tuvo talento, animosidad y tal vez valentía. No creo que haya sido un ladrón, nunca se lo comprobó robo alguno. Supo alborotar al país y puso en guardia a Velasco Ibarra. Hablaba como un curtidor. Era cínico, pero no por filósofo, sino por su temperamento. En una balanza sus méritos y sus defectos, pesan más los méritos y eso me duele y es una paradoja de la historia. Bucaram no tendrá continuadores. las apoteosis, como la de su sepelio, pasan pronto.

Creo que en la pelea Roldós-Bucaram tuvo la razón Bucaram. A Roldós le subió el champagne a la cabeza. Era un improvisado. En el Ecuador el único partido organizado es el CFP, que es un gajo del velasquismo, del fascismo.*

Noviembre de 1981

*César Andrade murió el 10 de octubre de 1987.
 

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