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A plena luz del día, asnos cargados de combustible, llegan al otro lado del puente, en territorio peruano.
Hay tres estaciones de venta de combustibles en la pequeña ciudad de menos de diez mil habitantes. Elementos militares custodian la venta entre las 8:00 y las 18:00. Supuestamente para evitar el contrabando hacia el Perú, se cierran los puestos de venta por la noche. El puente internacional, sobre el río Macará, separa –o más bien une- al Ecuador y Perú. A diferencia de lo que ocurre en Huaquillas, otro puente fronterizo, en la provincia de El Oro, la desolación caracteriza al punto fronterizo de Macará: el intercambio de productos agrícolas, comerciales y de toda índole, es casi nulo.
Pero a los dos lados, cerca del puente, hay numerosos vehículos estacionados, del respectivo país. En las calles de Macará se ve circular carros elegantes, camionetas de alto caballaje y flamantes automóviles de lujo.
Panorámica de la ciudad de Macará. “El contrabando de los derivados del petróleo es la riqueza de esta ciudad”, comenta un empleado aduanero que no sabe que es un curioso periodista el que sondea sus opiniones. “Aquí no hay fuentes de empleo, el comercio es escaso, la agricultura no rinde”, añade el hombre de uniforme azul con los distintivos que identifican su función de empleado público. El paso internacional también se cierra en la noche. Pero es durante el día cuando el contrabando de la gasolina pasa fácilmente, por el puente o cerca de él: los vehículos aprovisionados de diesel con tanques llenos, a precio ecuatoriano, atraviesan libremente el puente y descargan el producto más allá, al precio de contrabando. Un galón de diesel cuesta un dólar en el Ecuador y triplica el precio apenas atraviesa el límite fronterizo. Similar proporción tienen los costos de las gasolinas.
El río también facilita el contrabando: las canecas plásticas de siete galones llenas del producto son enlazadas entre ellas y se las echa al cauce aguas arriba del puente, y se las va a esperar aguas abajo, para recogerlas en territorio peruano y transportarlas en acémilas hacia sitios donde la comercialización ya está libre de cualquier control o en vehículos peruanos que hacen columnas de espera.
Grandes rótulos aduaneros sobre el puente fronterizo promueven el cumplimiento de las obligaciones tributarias. Las estaciones de servicio que funcionan normal y legalmente en Macará, terminan la venta de sus reservas durante el día. A veces temprano ya suspenden la atención al público. También ocurre eso en surtidores de Sozoranga y Cariamanga, cantones adentrados en el territorio nacional, pero con controles militares que constatan la cantidad de combustible que carga cada automotor, cuyas placas son registradas. ¿Para qué…? Es un espectáculo curioso, en las proximidades del puente internacional, mirar desde el territorio peruano las caravanas de burros con tanques de combustibles, como si no fueran cargamentos traficados por contrabando a ojos vistas de los empleados aduaneros, bajo enormes rótulos de la Corporación Aduanera Ecuatoriana que promocionan la tributación de impuestos en beneficio de la economía ecuatoriana.
Los combustibles '”se evaporan” rápidamente de las estaciones de servicio de Macará. |
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