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Cuando apareció el periódico de Espejo habían pasado 70 años desde que salió en México el primer periódico en las colonias españolas, con el nombre de Gazeta de México y Noticias de Nueva España. Esto prueba el atraso de la República de Quito en el desarrollo intelectual, constituyéndose Espejo en la luz de esas oscuridades. El Eco del Azuay de Solano apareció un año antes de que se publicara en Guatamela el que es considerado el segundo periódico hispanoamericano, Gazeta de Goathemala, que duró dos años, para revivir en 1794 y mantenerse 20 años como semanario. Luego en Lima nació una Gazeta en 1743, que duraría hasta 1767, ciudad en la que en 1790 surgió el primer diario en la América Española, el Diario de Lima, que desapareció tres años después por falta de suscriptores. El surgimiento del periodismo en Quito no fue aislado, sino continuación de una corriente hispanoamericana que requería el impulso de una mente erudita y lúcida, como la de Espejo, cuya relación con personajes notables de otras provincias coloniales venía de atrás, gracias a su prestigio médico, literario y científico.
 Espejo vio en el periodismo la oportunidad para mostrar dentro y fuera la existencia no solamente territorial, sino intelectual y humana de la República de Quito, que más que un punto geográfico lo consideraba una realidad de pensamiento y voluntad: “Que juzguen nuestros émulos, si acaso por ventura se nos suscitan, que estamos en el ángulo más remoto y oscuro de la tierra, a donde apenas llegan algunos pocos rayos de refracción desprendidos de la inmensa luz que baña a regiones privilegiadas: que nos faltan libros, instrumentos, medios y maestros que nos indiquen los elementos de las facultades, y que nos enseñen el método de aprenderlas. Todo esto nada importa, o no nos impide el que demos a conocer que sabemos pensar, que somos racionales, que hemos nacido para la sociedad…” apuntaba su documento anunciador de Primicias. “La prensa es el depósito del tesoro intelectual”, decía también, frase emblemática del significado e importancia que daba al periodismo como instrumento de acopio y difusión de conocimientos e ideas destinadas a influir y transformar la realidad política, económica y social de las tierras coloniales. No era el mero propósito informativo el que le animaba. Iba más allá, pues la misión era educar, descubrir valores y elevar el nivel cultural de la sociedad: “Llevemos más arriba la serie de nuestras reflexiones y bendigamos al señor eterno, porque le agradó desterrar de Europa los siglos bárbaros; comunicarla luces destinadas a descubrir nuevos objetos; fijar en ella conocimientos menos dudosos, y hacerla el seno de donde fluye al resto del globo un manantial precioso de educación, de gusto y de cultura. Parece que ha llegado el momento en que Quito participe de este beneficio”, expresaba el Instructivo, asignando la función de educar y distraer, lema universal del periodismo ayer y hoy.
Con Primicias nace el periodismo bajo un signo de subordinación al poder político, cuyos efectos han permanecido a lo largo de los tiempos posteriores y quizá aún perviven. Para sostener la publicación Espejo necesariamente debió moderar su voz, pues la Sociedad Patriótica que lo auspiciaba tenía como autoridad máxima al propio Presidente de la Audiencia.
Primicias de la Cultura de Quito termina con el número 7. El contenido polémico, denunciador, vertical de sus comentarios, le merece el repudio de sus auspiciantes y no puede continuar la publicación: “Todos aquellos que por una seducción de su amor propio, se han querido llamar doctos e ilustrados, han huido de favorecer las Primicias literarias de su país. Personas de este mismo suelo quiteño, a las que el redactor ha sido y es, por misericordia de Dios, indispensablemente útil, necesario y benéfico sobre muchos objetos, han hecho ostentación de despreciar sus impresos, nada más que por adocenarse en la turba maliciosa de los malignos y por cantar con estos el triunfo que solicitan de la abolición de los periódicos y del abatimiento y ruina de su Autor”, escribiría el frustrado primer periodista ecuatoriano.
El Eco del Azuay  El Eco del Azuay,de Fray Vicente Solano, se inscribe en la corriente hispanoamericana del periodismo multifacético, erudito, de la época: el franciscano trata los temas científicos, religiosos, gramaticales, sobre medicina y botánica. Ningún conocimiento contemporáneo le es ajeno. Pero también pone sus propios ingredientes de personaje polémico, agresivo, contra los fatuos e ignorantes que –como generalmente ocurre y seguirá ocurriendo-, son los personajes que aparecen en posiciones de liderazgo social y cultural.
Solano pone énfasis en la connotación del nombre de su periódico, con el que pretende que sus opiniones y conocimientos tengan eco en el país y en el exterior. Se da modos para que la publicación, que llegó a tener 350 suscriptores, llegue a Bogotá, Lima y ciudades de Europa.
“No solo debe hacer oír su voz el simple ciudadano ante la autoridad y ante el público, sino y con mayor derecho corresponde a la colectividad, porque en esta se reúnen todos los derechos y pesan todas las obligaciones, y es quien demanda el remedio de las necesidades que le aquejan. No quiero que se diga “el eco del padre Solano” sino el “Eco del Azuay”; del conjunto de ciudadanos que viven bajo el amparo de unas mismas leyes y aspiran a la conservación del mejor bien social. La prensa tiene su voz y voto, y a ella le corresponde puesto de primacía para que los gobiernos la atiendan y el pueblo se eduque en una vida social digna de amar a Dios y servir a la Patria”.
El fraile no es ajeno a la política. Por lo contrario, El Eco del Azuay –nacido en los tempranos inicios de la vida republicana y cuando el Ecuador atravesaba por una crisis de confusión político-administrativa- promueve la conveniencia de que el Libertador Simón Bolívar sea el monarca del Imperio Republicano de los Andes, para lograr la unidad de los pueblos por él independizados.
El Eco del Azuay tuvo un fin similar al de Primicias de la Cultura de Quito. Las chanzas, burlas e ironías con las que el religioso abordaba los temas políticos y de la vida cotidiana, le fueron restando suscriptores. La publicación, que llegó al número 26, duró de enero a julio de 1828, para terminar con una despedida que es historia dentro del periodismo cuencano: “¡Vaya que nuestro periódico ha estado perfectamente arreglado al meridiano del Azuay: como él frío y tan salvaje como su cordillera”. Para añadir: “Antes de que nos echen en cara nuestros descomunales desperfectos, nos despedimos de ustedes, como un sirviente que sale de la casa de su amo, sin salario y bien aporreado”.
En homenaje a Espejo el 5 de enero de cada año se celebra el Día del Periodismo Ecuatoriano y en homenaje a Solano, el 5 de enero el Día del Periodismo Azuayo.
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