A cien años del natalicio de Daniel Palacios Izquierdo Imprimir

Por Rolando Tello

El ingeniero que hizo el genial descubrimiento del gran potencial hidroeléctrico del río Paute, nacido en 1912, tuvo en lo personal una existencia apresurada y trágica. La presa de Amaluza y planteles educativos llevan su nombre

 
El 28 de febrero de 1912 nació en la hacienda El Romeral, en la población azuaya de Guachapala, Daniel Palacios Izquierdo. El personaje está muerto desde hace 48 años, pero su energía recorre el Ecuador: él descubrió la potencialidad eléctrica del río Paute.
 
Travieso, disciplinado, de inventivas, se graduó de ingeniero civil en la Universidad Central de Quito, enrolándose de inmediato a la compañía Shell, que le contrató para abrir caminos y aeropuertos en Venezuela y en la región petrolera de la amazonía ecuatoriana.  
Por los años 40 reaparece en Azuay, su provincia, incorporado a la docencia en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Cuenca y hacia 1950 en el Centro de Reconversión Económica (CREA), como Jefe del Departamento de Ingeniería.
 
Los que fueran sus alumnos universitarios le recuerdan como un profesor severo y exigente. Su acento verbal era inconfundible, con un dejo extranjero, sustrato de largos años de hablar Inglés con los gringos de la compañía norteamericana Shell. Le apodaban de Yanqui por la alta estatura y la tonalidad de la voz, o también Nazi, por la rigurosa adustez de su conducta.
 
Arriba, en primer plano, la casa de hacienda donde nació Daniel Palacios; en la mitad, la casa de Naste,  donde el personaje disponía de luz y energía en los años 50, con una planta de generación hidráulica diseñada por él. Abajo, piedra del molino para moler granos, accionado con las aguas de la misma quebrada, que se conserva como una reliquia en el sitio donde operaba.
Sus conocimientos y experiencias le vincularon a los profesionales más destacados de su ramo en Cuenca y mantiene una intensa actividad. En 1956 es Gerente de la compañía constructora Línea, creada en 1943 por el ingeniero Víctor Tinoco Chacón, quien falleciera en 1953 en forma accidental, cuando trabajaba para la empresa Miraflores, que construía la planta eléctrica de Saymirín. 
Bajo la administración de Palacios Izquierdo la constructora Línea levanta obras de importancia como la Clínica del Seguro Social, el sanatorio de LEA, el teatro Cuenca, el teatro Popular y el palacio municipal del Parque Calderón. Para construir este edificio, el de mayor altura en el centro de la ciudad, se demolió la antigua casa municipal mediante un sistema original: el inmueble fue envuelto con sogas muy gruesas atadas a un tractor que lo derribó sin causar daños a las edificaciones colindantes.
 
   Todas estas actividades las alterna Palacios Izquierdo con su preocupación fundamental: investigar el aprovechamiento del potencial energético del río Paute en el extremo oriental de la provincia, donde las estructuras geológicas parecieran “construidas” para facilitar la generación eléctrica aprovechando los grandes desniveles de la cordillera por los que se precipita el río. 
 
Previamente, a modo de distracción, el infatigable observador de la topografía de los terrenos próximos a su hacienda de Naste, en la parroquia Tomebamba, de Paute, había aprovechado una caída de agua para accionar una turbina Pelton y producir electricidad: en la casa familiar resplandecían los focos por la noche, en un anticipo genial de la electrificación rural a mitad del siglo XX. Los peones y los campesinos del vecindario miraban atónitos las curiosas excentricidades del personaje, al que respetaban y admiraban como a un ser fuera de lo común y hasta misterioso.
 
La imaginación desbordaba la actividad del hombre incansable, que manejaba él mismo los tractores orugas para arar la tierra y cultivar pastizales, caña, maíz, fréjol y árboles frutales. Otro episodio sorprendente fue cuando su jeep Land Rover llegó a la hacienda, sin que hubiera vía carrozable. Había reunido a los peones hasta el sitio al que condujo el vehículo y, desde allí, atado  adelante y atrás con sogas, lo hizo arrastrar por los terrenos, venciendo las quebradas en vilo o sobre tablones. ¡Pero llegó y en la planicie próxima a la casa premió a los peones triunfales paseándolos en su carro!
 
La Cola de San Pablo era el paraje que le quitaba el sueño al ingeniero: allí, el río Paute formaba una curva de 13 kilómetros donde descendía mil metros. Enderezando el trayecto por un túnel, las aguas se precipitarían sobre las turbinas para generar grandes cantidades de energía eléctrica, fantaseaba.
 
El personaje era admirado por su resistencia atlética para emprender largas caminatas, abriéndose paso por breñales nunca antes hollados por el hombre. Su propósito era dar con el sitio para el máximo aprovechamiento del potencial del río Paute. Las travesías las realizaba sobre acémilas, en los trechos por los que podían transitar las bestias, y a pie, donde no lo podían. “Siempre iba con dos peones para que se turnaran cargando las mochilas pesadas con vituallas de víveres y las herramientas que necesitaba”, cuenta Hugo Larriva, quien años después sería dueño de las haciendas de El Romeral y de Naste.
 
Busto del personaje en la entrada del cantón Paute.
El 3 de enero de 1961 Palacios firmó la partida de nacimiento del Proyecto Hidroeléctrico Paute: “Entre los regalos con los que ha dotado la naturaleza al Azuay tiene un valor de proyecciones insospechadas el gran potencial hidroeléctrico constituido por el caudal del río Paute, cuando éste, juntando a su cauce todo el sistema fluvial de las provincias del Azuay y Cañar, a excepción de los ríos Cañar y Jubones, entrega sus aguas al Amazonas, conduciéndolas con la velocidad del torrente (pendiente promedio del 4=40%) por el cauce granítico de las estribaciones de la cordillera oriental, cortando la misma entre los macizos del Juval por el norte y el Allcuquiro por el sur en el paraje llamado Cola de San Pablo, situado aproximadamente en el kilómetro 90 de la carretera Paute Méndez…”
 
Esa era la carta que el funcionario puso en manos de Enrique Arízaga Toral, Presidente del CREA.  Y añadía: “Si solamente en este trayecto se perforaría un túnel, su longitud sería de 3.500 metros, con los que se podría conseguir un desnivel de 243 metros. Si ese canal prolongáramos unos cinco kilómetros más se obtendría un desnivel adicional de 200 metros que darían un total de 443 metros como salto útil…”
 
Al histórico documento acompaña dibujos y esquemas, elaborados en sus recorridos por las lomas, donde iba con la escopeta al hombro, para la cacería que tanto le gustaba. “Muchas veces medimos los caudales y la velocidad del río. Daniel se entusiasmaba haciendo dibujos y números en las libretas”, contaría muchos años después Jaime Carrasco Toral, ingeniero eléctrico y amigo de Daniel Palacios, al que algunas veces acompañó en las peregrinaciones por los montes.
 
El sorprendente “regalo de la naturaleza” despierta estupor en unos, incredulidad en otros, que hasta ironizan creyéndole que no estaba en sano juicio. Pero el ingeniero acaba por persuadir a las autoridades del CREA y a compañeros de su profesión sobre la factibilidad del proyecto, pues entre 1962 y 1963 es hombre de consulta de los técnicos de las compañías Ingelow Kidd & Asociates Limited y Chas T. Main International Inc, contratadas para realizar los estudios preliminares y el diseño definitivo del proyecto.
 
El ingenioso ingeniero no había advertido inicialmente la magnitud de su descubrimiento, pues luego los expertos internacionales demostraron que la potencialidad del río podía aprovecharse en cascada, a través de diversas fases, con sistemas de túneles, presas y casas de máquinas, multiplicando muchas veces la generación que él había calculado.
 
La capacidad de trabajo del personaje es admirable, dándose tiempo para emprender diversas obras en forma simultánea, ya sea en construcciones públicas o privadas, o carreteras. El 5 de noviembre de 1963, con compañeros de la constructora Línea, entregó terminada la carretera Ñuñurco-Palmas, siempre en las inmediaciones del cantón Paute.
 
Fue una ceremonia festiva, con brindis y comida propia de ese tipo de compromisos, hasta las ocho de la noche, cuando al retornar a Cuenca el vehículo en el que se encontraba se volcó en el sitio Tablahuaico, en una curva peligrosa de gradiente pronunciada: Daniel Palacios salió despedido y al girar el carro pasó sobre su cuerpo.
 
Los acompañantes le recogieron inconsciente en un taxi para llevarlo al hospital de Paute, donde el médico Carlos Cáceres lo que más pudo hacer es inyectarle una cápsula de Coramina para remitirle de urgencia a Cuenca. Cuando fue ingresado a la Clínica Vega, los médicos constataron que ya no tenía vida.
 
El descubrimiento del ingeniero Palacios demoró en realizarse, por razones económicas, políticas y hasta regionalistas. Pero el 23 de mayo de 1983 entraron en operación las fases A y B del Proyecto Paute, para generar 500 mil kilowatios de electricidad; en 1991 la fase C, con 575 mil kilowatios. Desde febrero de 2010 opera la Central Mazar, con 180 mil kilowatios y, está en marcha, el proyecto Sopladora, para generar 400 mil kilowatios de electricidad.
 
Tras la muerte del ingeniero Palacios sus haciendas entraron en crisis de producción y mantenimiento y han pasado por varios procesos legales y propietarios. Ahora El Romeral es una granja de experimentación agrícola de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de Cuenca, mientras Naste es una plantación de flores de exportación, propiedad de Carlos Crespo Seminario. 
 
Las aguas del embalse de la presa de Mazar inundan hoy parte del predio de la hacienda que fuera del ingeniero Palacios en Naste, mientras la cola de este embalse llega al pie de la hacienda El Romeral, en la parte baja de Guachapala, lugar donde el genial personaje vio la luz, hace un siglo, cuya inteligencia ilumina y da energía al Ecuador desde hace casi tres décadas. ¡Qué hubiera dicho él sobre estos paisajes talvez presentidos en sus andanzas por los cerros!
 
El Proyecto Paute, inicialmente llamado Cola de San Pablo, hoy Proyecto Integral Paute-Mazar-Molino-Sopladora, es la obra de ingeniería eléctrica más grande en operación en el Ecuador. Al cumplirse cien años del natalicio del visionario soñador que dio las primeras luces para impulsarla, amerita que las instituciones vinculadas al sector eléctrico los conmemoren con un gran homenaje a tan singular personaje azuayo.
 
 
Una existencia trágica
A la distancia del tiempo, la imagen de Daniel Palacios Izquierdo se desdibuja en la memoria de quienes le conocieron y le trataron. Lo que de él se destaca es la recia personalidad, la severidad del profesor universitario y su capacidad de trabajo incansable.
 
Es hombre que aprovechó del tiempo en una existencia relativamente corta – 51 años- para hacer mucho como maestro, profesional, constructor y hombre de inventivas. El descubrimiento de la capacidad energética del sitio Cola de San Pablo habría sido suficiente para justificar la admiración y el reconocimiento de muchas generaciones.
El hombre activo, de intensos ajetreos, en la vida particular tiene facetas difíciles acaso derivadas de su propio temperamento y dedicación a realizar sus proyectos. Fue el último de cinco hijos de Daniel Palacios Toledo y Aurelia Izquierdo. Sergio, Elvira, Carlos Alberto y Humberto, fueron los hermanos mayores, todos fallecidos tempranamente. Daniel casó con Judith Palacios, dama manabita con la que tuvo los hijos Patricio y Catalina.
Daniel Palacios (con gafas redondas) con técnicos que exploraban la zona del proyecto a inicios de los años 60.  Al centro, Daniel Toral Vélez, funcionario del CREA.
 
Cuando terminó la relación laboral con la petrolera Shell, Daniel decidió radicarse en Cuenca con sus hijos, mientras doña Judith quedó a vivir en Quito. Las relaciones entre los esposos se habían tornado conflictivas y vino la separación.
 
Daniel y sus hijos vivieron en Cuenca en la calle Benigno Malo, entre La Mar y Sangurima, frente al Colegio de las religiosas Marianitas. Patricio, el mayor, estudió la secundaria en el colegio Fray Vicente Solano, de la Universidad de Cuenca, para luego de una demorada carrera profesional, graduarse de ingeniero civil en la Universidad Central de Quito. El día de la investidura murió de un infarto cardíaco cuando festejaba con sus amigos la culminación de los estudios.
Catalina, la hija, no se libró de la tragedia familiar. Antes de cumplir los 20 años acabó suicidándose. Ella había pasado largo tiempo en la hacienda de Naste, en el cantón Paute, en una vida de encierro, por decisión del severo padre que creía proteger a la joven aislándola. La fatal decisión la tomó en el Hotel Cantabri, que hasta hace algunos años funcionaba en la calle Córdova y Benigno Malo: en este local almorzaban con frecuencia Daniel y sus hijos.
 
En lo personal, Daniel Palacios pudo no haber sido un hombre feliz. Pero en contraparte, como profesional y técnico, es personaje que, al cumplirse un siglo de su natalicio, admira por sus dotes de sagacidad, inteligencia y férrea voluntad para cumplir sus metas trascendentes al servicio de todo el país.
 

 

 

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