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En la negativa a calificar a Noboa Pontón como candidato presidencial jugaron cálculos y algunas encuestas que le daban posiblemente el papel de pateador de un tablero electoral, tan trabajosamente construido por los aspirantes que se creen favoritos del electorado

El magnate Álvaro Noboa fracasó en su intento de correr en el pelotón de los presidenciables por quinta vez, quizá por aquello de que “No hay quinto malo”. En realidad, el propio Alvarito tuvo la culpa cuando, meses antes de la campaña, ofreció su apoyo al banquero Guillermo Lasso, quizá persuadido por algunas voces de su entorno, de que por fortuna y condición social debía ponerse a la cola, o poco menos, de las huestes de CREO en alianza con los socialcristianos de Jaime Nebot, quien, viejo zorro en asuntos de campañas electorales, no se lanzó en lo que debía ser su último intento de llegar a la Presidencia de la República.

Alvarito se decidió, o más bien “fue decidido” a la “Hora de Nona” es decir cuando los motores de los dieciséis candidatos restantes se hallaban encendidos y listos para iniciar la competencia. Sin embargo, esta decisión repentina descorrió el velo de los enjuagues electoralistas, y las debilidades del Consejo Nacional Electoral, que, hasta la llegada de Alvarito, formaban dos facciones irreconciliables que se encargaban de torpedearse cualquier resolución. La insistencia de Alvarito de ser candidato, causó una especie de milagro, cuando los vocales se unieron para cerrar a calicanto las puertas electorales al magnate.

Esto, que hubiera sido normal cuando el millonario no había cumplido algunos requisitos para postularse, como aquello de las elecciones primarias a su debido tiempo, no lo fue tanto cuando el propio Consejo Nacional Electoral se hizo de la “vista gorda” con otros binomios, que tampoco hubieran calificado en un riguroso cumplimiento de la ley y las normas que rigen las elecciones de febrero próximo.

Siendo así, es un hecho, por supuesto difícil de probar, que en la negativa a calificar a Noboa Pontón como candidato presidencial jugaron cálculos, y algunas encuestas que daban posiblemente, a Alvarito el papel de pateador de un tablero electoral, tan trabajosamente construido por los aspirantes que se creen favoritos del electorado.
Así sucede que se dio un caso digno de Ripley, cuando el Tribunal Contencioso Electoral, que es una instancia superior al Consejo, en materia de controversias, dio “luz verde” a la candidatura de Alvarito, pero el Consejo presidido por doña Diana Atamaint, se negó simplemente a acatar dicho fallo, y como se dice, “Aquí no ha pasado nada”, se hizo fisga de una resolución de instancia superior y nadie dijo “esta boca es mía”, ni la Contraloría, ni la Corte Constitucional, ni cualquier otro organismo.

Moraleja: Es que cuando hay poderosos intereses electorales, no hay chequera ni aspirante a una elección que valga. Alvarito ya estaba vetado desde antes de que se pensara siquiera en convocar a elecciones. ¿Truco o pirueta? Llámenlo como quiera.

Lo cierto es que el presente proceso electoral se halla quizá bajo sospecha, porque se pasaron por alto no solo el asunto de Alvarito, sino muchos otros, incluso procesos penales de orondos candidatos.




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