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El Peronismo es genial. Tiene todo el pasado por delante.
Jorge Luis Borges

No tiene principios. Es informe e invertebrado; o, como el agua, sólo toma la forma del recipiente que la contiene. Los mismos peronistas suelen reconocerlo; y, aun, hacen gala de ello

Una proeza involutiva: La Argentina es el único país que pasó del primero al tercer mundo. Vargas Llosa lo dijo; con su estilo y su prestigio. ¿Y cómo se produjo esto? Pues, mediante un grande y muy particular deterioro. Hasta 1920, dicha nación ocupaba – en el escalafón internacional del progreso – un puesto mejor que varias europeas. No es cierto, -- por lo tanto – que el Peronismo haya traído la presente desgracia; ésta ya se había asomado antes. Pero sí es una verdad, de bulto, que el Peronismo la agravó.

El hecho: El peronismo alineó, a su favor, al sesenta por ciento de los argentinos. Es decir, al treinta por ciento de la derecha fija; más el treinta por ciento de su apoyo móvil. Al otro lado, se quedó el treinta por ciento de los liberales radicales; más el diez por ciento de su apoyo móvil. Así, pues, el Peronismo pudo crear un eficaz órgano de dominación. Aunque, – un poco al estilo gramsciano – éste haya sido un triunfo pírrico; o algo así como un empate de box a veinte vueltas.

Estamos hablando de lo que, aquí, se ha llamado LA GRIETA. Con ella, -- y sin remedio al momento – el país no puede proponerse unas políticas de estado; lo que se necesita para avanzar bien y desarrollarse correctamente.

Para entender lo anterior, hay que fijarse en los vicios del Peronismo. Primero. Éste, realmente, no tiene principios. Es informe e invertebrado; o, como el agua, sólo toma la forma del recipiente que la contiene. Los mismos peronistas suelen reconocerlo; y, aun, hacen gala de ello. (Los peronistas decimos un día una cosa; y, al siguiente, la contraria. Hugo Antonio Moyano, el sindicalista, ponderó, hace un tiempo, tal condición.) A propósito, ha dicho Fernando Iglesias que – para los peronistas – la coherencia es nada más que un asunto opcional; no les obliga, como a las personas formales y serias…

Segundo, -- archisabido -- los peronistas son corruptos. Lo cual se expresa, a menudo, con una cierta y extraña condescendencia: Menem roba, pero hace; y aquello, tan ingenuo, de que los Kirchner roban, pero defienden los derechos humanos (¿?).

Tercero. El Peronismo es hipócrita y mentiroso. Manifiesta que está a favor de los pobres y que aspira a la igualdad. Pero, de hecho, se comporta como un Robin Hood al revés: les quita a los pobres lo poco que tienen, para dárselo a los ricos; tal es el denominado capitalismo de los amigos. Y, por otra parte, -- para colmo – obedece a una dirigencia prepotente y supermonárquica. (Y deja actuar, arriba, a unos privilegiados; que se creen más allá del bien y del mal.) Eso es lo negativo del famoso movimiento. Es lo que hay. .




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