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España llegó a Alaska y a la Tierra del Fuego. Recorrió el Gran Cañón del Colorado. Y navegó por el Amazonas. Y cruzó el Océano Pacífico, para llegar a las Filipinas. Y se impuso sobre los grandes imperios americanos: mayas, aztecas, incas…

En 1492, Colón descubre América. En 1506, Cervantes escribe El Quijote… En 1522, Elcano completa la primera vuelta al mundo. Hitos de la hispanidad.

Fueron hechos muy importantes. Pero parece que no nos damos cuenta de ello. Hay, sin embargo, en esto, una realidad enorme: España se extiende a medio mundo. Y, además, -- a través de los Estados Unidos, país al cual ayudó a constituir – ya ha dominado, también, a tal porción del globo. Hasta que, sólo hoy en día, el emergente poder de otra de esas chinas milenarias la está deteniendo.

Así, España llegó a Alaska y a la Tierra del Fuego. Recorrió el Gran Cañón del Colorado. Y navegó por el Amazonas. Y cruzó el Océano Pacífico, para llegar a las Filipinas. Y se impuso sobre los grandes imperios americanos: mayas, aztecas, incas…

En el camino, creó un idioma grande, rico y enérgico. En el mundo, el español sólo es superado por el inglés; idioma en cuyo crecimiento el nuestro también influyó. Y el español es hablado por unas seicientos millones de personas. Una hazaña cultural, claro. Lo dicho no es vanagloria fatua. Es un fenómeno que hay que detallar y analizar.

Todo esto, a pesar de lo que se viene diciendo acerca de la debida revaloración de los pueblos aborígenes; y, también del derribo o retiro de los monumentos a Colón. Y pese a aquello de las recriminaciones a Francisco Franco. Pero, bueno, la hispanidad estuvo antes de Franco; y sigue estando allí después de que él desapareciera. Es La Raza; en el básico sentido de nuestro pueblo entre todos los demás pueblos. Y, para muchos, -- entre ellos el conocido poeta peruano César Vallejo – España está siempre en el corazón; en el corazón mismo de todos nosotros.

España es la madre patria; mejor, es la patria madre de otras patrias más jóvenes. O, también, --para quienes prefieren llamarla hermana -- es la hermana mayor de las hermanas más jóvenes. A propósito, ¿sabe usted dónde comienza la América descubierta? Sí, en una de las islas del archipiélago de las Bahamas, probablemente la Watling, la primera tierra del Nuevo Continente que tocó Colón. ¿Y dónde terminaba la vieja España? Pues, en el cabo Finisterre; el cabo del acabamiento del mundo. Pero no era así. Finisterre era, más bien, el nuevo comienzo. Había que quitarle, pues, el non al Plus Ultra. Y había que dejarlo solamente en Plus Ultra; el más allá, más allá, más allá de todas las españas.

Pero hubo, en el proceso, también sufrimiento. Spain is pain – dicen los ingleses con un significativo juego de palabras. España es pena, ciertamente… Y es también conflicto. Porque ocurre que siempre hubo dos Españas: la blanca y la roja o la blanca y la negra, según se quiera ver. El poeta – Rafael Alberti – ya lo dijo: Españolito, que naces en esta tarde de Abril – una de las dos Españas, te partirá el corazón. (Palabra más, palabra menos.) Y es también nostalgia. Yo me voy a otra tierra; y tú te quedas más allá del horizonte; pero hacia donde vaya, mi España, te llevaré en mi corazón. Y otro dicho de lo mismo: el adiós: Me di cuenta que estaba llorando, quedamente, cuando el viejo barco me alejó de España…