Empieza el ajetreo de los pescadores de votos, pero la rutina democrática reducida a las elecciones no entusiasma al electorado en tiempo de conmociones sociales, por las que se desconfía de las promesas de las campañas

Nueve ciudadanos aspiran a la Alcaldía de Cuenca y diez a la Prefectura del Azuay, en las elecciones del 6 de febrero de 2023. Candidatos a alcalde son Paúl Carrasco Carpio por la organización política Azuay Ya; Roque Ordóñez por Revolución Ciudadana; Cristian Zamora por Atrévete Juntos por el Cambio; Verónica Abad por la coalición Movimiento Amigo, Acción Movilizadora Independiente y Generando Oportunidades; Adrián Castro, por Hagámoslo con Shungo; Jaime Moreno, por Azuay Primero; Pedro Palacios, por Movimiento Nueva Generación; Mario Castro, por Contigo Avanza Cuenca y el Azuay; y, Omar Álvarez, por Renace-Partido Social Cristiano.

Para Prefecto, Diego Monsalve por Azuay Ya; Sebastián Cevallos, por Unidad Popular; Cristóbal Lloret, por Revolución Ciudadana; Magaly Quezada, por Avanza -Sociedad Patriótica; Diego Matovelle, por Atrévete Juntos por el Cambio; Felipe Delgado, por Partido Socialista; Dora Ordóñez, por Hagámoslo con Shungo; Ruth Caldas, por Azuay Libre; Marcelo Cabrera, por Azuay Primero; Diego Morales, por Nueva Generación.

Entre los candidatos hay nombres nuevos, personas que ejercieron concejalías o estuvieron vinculadas a funciones públicas o privadas. Quienes jugarían la última oportunidad son Marcelo Cabrera, dos veces prefecto y dos veces alcalde y, Paúl Carrasco, tres veces prefecto y por segunda vez aspirante a la alcaldía.

La promoción de candidaturas avanza a pasos forzados en Cuenca y el Azuay –como en el país-, pues los temas políticos y gubernamentales se opacan ante las frustraciones democráticas, la ingobernabilidad, la corrupción, la criminalidad, la inseguridad, para confiar el voto por inercia obligatoria. Hay cuestiones indispensables que deberían considerar los aspirantes a la alcaldía, sobre situaciones urgentes, antiguas y visibles, que se han hecho parte de una normalidad.

Lo primero de lo primero, el frontal reclamo al gobierno por no atender la vialidad regional, pues Cuenca es ciudad aislada y de acceso difícil. Esto trascendería la obligación municipal y del gobierno provincial, pero autoridades responsables no puede ser indiferentes al abandono secular que debe terminar. Igualmente, una posición firme por la precariedad del servicio aéreo, en el que Cuenca sufre retrocesos, mientras las necesidades de conectividad han crecido.

La ciudad sufre una movilidad caótica, de calles congestionadas de vehículos, donde no hay entidad pública local o nacional que organice la circulación. Los semáforos en vez de facilitar la movilidad la entorpecen: al operar sin programación demoran el tránsito y otros, innecesarios, instalados sin ton ni son, como rompe velocidades.

La mitad de las calles estrechas del centro histórico ocupa el estacionamiento tarifado, cuando los dos carriles podrían duplicar la circulación. Los usuarios pagan para estacionarse, pagan al guardia para que no le dañen el carro y pagan también, cada año, por la matrícula: se paga para rodar y para parar, lo que genera proliferación de parqueos privados con tarifas especulativas y casas patrimoniales se han derruido para un negocio fácil en los solares vacíos.

Absurdas decisiones que afectan la movilidad: en la avenida Paucarbamba, de dos carriles,se utiliza uno y se interrumpe la continuidad en el redondel de Gapal. La eliminación del redondel de El Vergel deja sin uso el tramo oriental de la Huayna Cápac y causa congestiones en el redondel de la Héroes de Verdeloma. No se justifica el cierre de la Padre Aguirre en la plaza San Francisco, congestionando cuadras a la redonda.

La cuadra de la calle Padre Aguirre, frente a la plaza San Francisco, cerrada sin motivo, causa atolladero de carros que, provenientes de la Calle Larga o de la Córdova, deben seguir a la general Torres, por el mercado 10 de Agosto que, por su naturaleza, atrae la circulación.
Igual, en la avenida 12 de Abril: en una alcaldía de Fernando Cordero se “corchó” el tránsito con un solo carril desde la avenida Solano al desnivel de Todos Santos, provocando focos de congestión que, según el personero, se resolverían con una avenida de doble circulación que nunca se hizo desde la sede del Sindicato de Choferes en la avenida Solano. Frente al antiguo hospital San Vicente de Paúl, una plataforma redujo el ancho de la avenida a un “embudo”, para usar el espacio en exposiciones tradicionales cada año, por las fiestas novembrinas.

Un capricho similar cerró un carril de la avenida Paucarbamba, vía construida para doble circulación, desaprovechada, donde el parqueo tarifado sacrifica el interés público por el económico.

El tema de los radares debe también preocupar a los candidatos a la alcaldía, por su ubicación, que a veces parecen trampas, para cobrar multas. Son una fuente de ingresos similar a la de los cajeros bancarios. Si los beneficiados son los concesionarios del “servicio”, lo mínimo que debió hacerse es revisar la contratación.

El tranvía –al margen de si es o no rentable- genera conflictos de movilidad con el sistema motorizado tradicional: es un quinto río que atraviesa el centro de la urbe, sin “puentes” que faciliten el paso transversal de los carros comunes. En los tramos de antes y después del centro histórico, el excesivo número de semáforos frena el tráfico. Al menos, se debería mantener luces amarillas intermitentes de precaución, para no detener la movilidad, como cuando pasan los tranvías por el redondel de la Chola Cuencana.

Las marchas estudiantiles o de gremios por el centro histórico debería regularse, pues con cualquier motivo se paraliza a cada rato la circulación afectando a la movilidad, con molestias a los conductores y a toda la gente. Las ferias pueblerinas en el núcleo de la ciudad deben impedirse definitivamente.

Otras preocupaciones deberían ser la seguridad pública, la excesiva burocracia municipal, la defensa de los bienes patrimoniales, pues casos clamorosos de infractores impunes ya están en el olvido. También, la adecuada integración del área cultural, pues se ha incurrido en fallas de gran bulto, imperdonables en la ciudad patrimonio cultural de la humanidad.

Cuenca elegirá por sexta vez en el siglo XXI a su alcalde, cargo que desde 2000 lo ejercieron Fernando Cordero en dos períodos (1996-2004), Marcelo Cabrera en dos períodos (2005-2009 y 2014-2019), Paúl Granda (2009-2014) y Pedro Palacios, en funciones.

Común a todos ellos ha sido su ”vocación” por la reelección, que la perdieron en un tercer intento Cordero y Cabrera y en el primer intento Paúl Granda. El actual alcalde, Pedro Palacios, busca el segundo período. Les ha sido también común escoger cada vez un sector político apropiado.

Fernando Cordero y Marcelo Cabrera suman en la alcaldía más de la mitad de los primeros 22 años de este siglo. El primero, elegido en mayo de 1996 por el movimiento Nueva Ciudad, fue reelecto en 2000 por Nuevo País. Cabrera, en 1996 Prefecto por Democracia Popular, reelegido en 2000, en 2004 fue alcalde por Izquierda Democrática y en 2009 perdió la reelección, en la coalición Igualdad-Participa. Ganaría nuevamente en 2014, por el movimiento Igualdad.

En la prefectura del Azuay la figura dominante en lo que va del siglo ha sido Paúl Carrasco Carpio, elegido en 2004 por Izquierda Democrática, en 2009 por Igualdad-Participa y Pueblo Altivo y Soberano (PAIS), del presidente Correa. En 2014, reelegido tercera vez (movimiento Participa), sumaría más de 15 años en el cargo.

Fernando Cordero, al perder en 2009 la tercera elección a la alcaldía pasó a filas correístas, para desempeñar la dirección nacional del Seguro Social, el ministerio de Defensa y la Superintendencia de Desarrollo Territorial, hasta comienzos del gobierno de Lenín Moreno.

Marcelo Cabrera, re candidato a la alcaldía en 2009, perdió ante el correísta Paúl Granda, a quien ganó cuatro años después, ahora busca la Prefectura por el movimiento Igualdad y CREO, del presidente Lasso, en cuyo gabinete el primer año fue ministro de Obras Públicas.

Paúl Granda, concejal en 2004, se postuló sin éxito a Prefecto por el movimiento Progresista, para cinco años después ganar la alcaldía por el Movimiento PAIS, de Correa. En intento por reelegirse en 2014 falló, derrotado por Marcelo Cabrera, quien a su vez perdería en 2019, cuando ganó Pedro Palacios, del movimiento Azuay, el futuro que soñamos. Granda fue al gabinete de Lenín Moreno primero como ministro de Transporte y luego como Director Nacional del IESS.

Otro político activo en dos décadas es Carlos Pérez Guartambel, quien en 2004 fue candidato a Prefecto por el Movimiento Popular Democrático y en 2019 por Pachakutik, cuando ganó, pero renunció para ser candidato presidencial, llegando al tercer lugar, después de Andrés Arauz de UNES (correísmo) y Guillermo Lasso (CREO), pero denunció el manipuleo de votos a favor de Lasso, que ganó en segunda vuelta. En la misma elección Paúl Carrasco, del Movimiento Podemos, ocupó la cola de 16 binomios, con la más baja votación histórica en elecciones presidenciales, en contraste con Pérez, quien en 2017 cambió su nombre Carlos por Yaku y llegó ser el aspirante presidencial azuayo de más alta votación histórica. Ahora Carrasco va por la alcaldía con apoyo de CREO (Lasso).

La “vocación” por la reelección es similar en las concejalías. Desde 2009 no se eligen consejeros provinciales y en su remplazo se integran a los gobiernos provinciales los alcaldes cantonales.

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