El tecnólogo Edgar Carvajal en una práctica de rehabilitación del lenguaje con un paciente niño, en su consultorio adecuado también como aula pedagógica.

Casi tres años después de aparecido el Covid que habría matado directa o indirectamente a alrededor de 15 millones de habitantes del mundo, lo peor ha pasado, pero aún no se pueden cantar victorias definitivas. Las vacunas frenaron la pandemia y se vive un respiro al relegar las mascarillas

La enfermedad atacó sin distinciones de edad o economía, ni de sexo, cultura u otras condiciones humanas, con secuelas para todos y en particular en niños y adultos mayores. Dos especialistas comentan sus experiencias en estos campos.

Xavier Lazo, médico gerontólogo graduado hace 18 años en la Universidad Católica de Cuenca y con especialidades en el exterior, trabajó cuatro meses iniciales de la pandemia en cuidados intensivos del Hospital Regional, área llamada negra, especie de antesala del duelo y de la muerte: “no estábamos preparados para tratar a los contagiados ni conocíamos el comportamiento de la enfermedad y sus secuelas, pero la afrontamos revisando casos de pandemias anteriores, obligados a hacer todo por salvar las vidas”, dice.

Él constató la angustia de los adultos mayores hospitalizados, hasta morir luego de pasar entubados, con respiración artificial. Sus cuerpos fueron entregados a los familiares de quienes se fueron sin despedir y realizaban servicios funerarios sin las solemnidades normales en los velatorios y los cementerios. Luego venían los dramas de la viudez cargada de esquemas depresivos por la soledad, el abandono y terror por la muerte. La cuarentena y el aislamiento contribuían a agravar las dolencias físicas y psíquicas de las personas de todas las edades, pero de modo más grave de las mayores.

El médico constató dramas humanos crueles de pacientes y familiares en los tiempos más agresivos de la pandemia, cuando se empezó a aprender cómo manejar la enfermedad. Siempre recordará el caso de cinco miembros de una familia con Covid: cada uno, en el sitio emergente asignado, luchaba por sobrevivir sin saber nada de los demás, de los cuales sólo sobrevivió una señora que jamás recuperará la normalidad familiar en el resto de su existencia. Ahora él ejerce en forma particular su profesión gerontológica y muchos de sus pacientes son, precisamente, mayores que buscan ayuda para atenuar las crisis físicas y sicológicas de la pandemia.

También él se contagió dos veces. La primera vez antes de que llegaran las vacunas y sintió en carne propia lo que sufrían sus pacientes, aunque no con mayor intensidad. Otra vez fue luego de haberse aplicado las tres vacunas y apenas sintió algo más que un resfriado común por una semana. “Las vacunas nos salvaron a millones de personas en el mundo, que no habríamos podido sobrevivir sin ellas”, comenta, para destacar la importancia de aplicarse las dosis necesarias completas para evitar consecuencias fatales. Considera que el 95% de la población ecuatoriana en algún momento se contagió del Covid y la mayor parte logró recuperarse satisfactoriamente. Las personas de avanzada edad son más susceptibles de sufrir las secuelas de la enfermedad y no deberían desaprovechar las vacunas que están a disposición pública, dice.

Edgar Carvajal Flor, Terapista del Lenguaje, comenta sobre la incidencia del Covid en el comportamiento de los niños: su especialidad va por prevenir, diagnosticar y tratar los problemas de la comunicación humana, que implica la rehabilitación en temas del lenguaje, del habla, la audición, la deglución y la voz.

Los pacientes tratados en la especialidad son de todas las edades y vienen desde tiempos anteriores al Covid, pero para esta nota periodística interesa la incidencia en los niños, a raíz de la epidemia. El profesional explica que el confinamiento produjo cambios en la rutina y generó hábitos desestabilizadores en la relación de los infantes impedidos del intercambio social que implica ir a la escuela, salir a los espacios de recreación, acompañar a los padres que van de compras, rutinas que estimulan el desarrollo normal del lenguaje.

El niño con dificultades de comunicación, sin contacto con otros niños y personas de trato diario, por exigencias del obligatorio aislamiento, fue proclive a agravar su predisposición hacia las afasias, que implican la pérdida parcial o total del lenguaje, así como otras alteraciones en el desarrollo cognoscitivo y del lenguaje de implicaciones neurológicas o funcionales, uno de cuyos ejemplos sería la tartamudez o la dificultad para pronunciar determinadas letras, como las eres, o la mala pronunciación, comúnmente conocida como frenillo.

 El gerontólogo Xavier Lazo cuenta sus experiencias médicas en el área negra de cuidados intensivos del hospital regional de Cuenca. Dos veces se contagió del Covid.

Edgar Carvajal en 1986 obtuvo el título de Tecnólogo Médico, luego trabajó en el hospital Vicente Corral Moscoso, fue docente en la Escuela de Tecnología Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cuenca y se licenció en Fonoaudiología. Jubilado en 2017, ahora ejerce libremente en su consultorio o atiende a domicilio a sus pacientes.

A raíz de la pandemia y acatando normas rigurosas de bioseguridad, ha adecuado su consultorio, donde los niños disponen de cubículos transparentes desde los cuales atienden al profesional que, mediante un pizarrón y láminas, ejerce sus destrezas profesionales graficadas con recursos pedagógicos de su propia iniciativa.

La pandemia ha tenido otra incidencia negativa en la comunicación de los niños: el exceso de uso de las pantallas celulares o de las computadoras, limita el interés por otras actividades de la relación cotidiana con padres, familiares y extraños. Muchos han llegado a depender de esos aparatos, al punto que si se los impide o limita usarlos, han ido al extremo de auto agredirse. Es un campo vasto y aún apenas diagnosticado, que va por poner en el debate si las forma de comunicación a través de estos modernos sistemas, aíslan o realmente contribuyen a la relación normal de los niños con el mundo y las relaciones familiares y sociales.

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