Una familia europea de seguro se identificaba plenamente con una escena que incluyera a campesinos vestidos a la usanza de la época, antes que con una pareja campesina china trabajando en un campo de arroz. De igual manera, un molino de viento tenía que ser un símbolo familiar frente a la extrañeza de un dragón, por ejemplo

Los objetos de cerámica propios de la localidad de Delft, pueblo pintoresco ubicado en Holanda, son identificables debido a los tintes azules que se usan en su elaboración. Los motivos pintados en azul sobre fondo blanco, se reproducen hoy en día en cantidades grandes y con la ayuda de moldes si lo que se busca es sacar al mercado objetos en serie para ser ofertados como souvenirs. Muchos de esos souvenirs, que hoy incluyen saleros, floreros, azulejos, tazas, platos, etc. son fabricados en China debido al bajo costo que implica producir dicho tipo de artículos fuera de Europa.

Sin embargo, no debe llamar la atención ese hecho porque esto es común hoy en día por un lado y, por otro, hay un dato interesante sobre la famosa cerámica Delft. El dato es que ese tipo de cerámica se empezó a fabricar en Holanda a partir del siglo XIV; en aquel entonces, los artesanos de Delft vieron la oportunidad de incrementar las ganancias en el comercio de las rústicas piezas de cerámica que producían. La forma de hacerlo era creando piezas que imitaban la milenaria cerámica china azul y blanca, que a su vez se cree tuvo su origen en la cerámica producida en el territorio que hoy conocemos como Irak.

Para la clase social europea adepta a la cerámica azul, comprar piezas traídas desde China representaba no solamente un alto costo. Aparte, las piezas pedidas no siempre estaban disponibles. Cosa aparte, los azulejos eran una de las piezas más demandadas para las viviendas de aquel tiempo. Finalmente, las que llegaban a Europa, no siempre eran piezas que apelaran al público, debido a que la cerámica oriental era elaborada con motivos propios de su cultura.

Desde este punto de vista, el mercado no era muy amplio y ello es entendible. Para ilustrar, una familia europea de seguro se identificaba plenamente con una escena campestre que incluyera a campesinos vestidos a la usanza de la época, antes que con una pareja campesina china trabajando en un campo de arroz. De igual manera, un molino de viento tenía que ser un símbolo familiar frente a la extrañeza de un dragón, por ejemplo.

Así pues, pose a que el mundo piensa en Delft cuando ve este tipo de cerámica en Holanda, en realidad su origen sobrepasa los límites de las fronteras holandesas.

Los artesanos de Delft lograron, con tal antecedente, establecerse en el mercado europeo produciendo motivos propios de la cultura y, a la vez, recreando a su manera la gran habilidad que hace falta para decorar las piezas a mano, sabiendo usar distintos pinceles y sabiendo mezclar los tintes de manera adecuada, hasta lograr el exacto tono azul que hoy identifica a la cerámica Delft como una marca propia.

Si bien la tradicional cerámica usaba principalmente óxido de cobalto, hoy esos tintes azules vienen ya preparados y hasta en varias tonalidades. Esto, por supuesto, alcanza a cubrir la gran variedad de gustos que pueda tener el cliente cuando se trata del color azul. Aparte, no toda la producción de cerámica en Delft se hace a base de trabajo artesanal, puesto que la tradicional pintura a mano va muriendo poco a poco cuando los últimos ceramistas hábiles fallecen. Su legado no siempre es transferible, sea porque las nuevas generaciones no tienen la habilidad o el mero interés que es el fundamento de cualquier destreza que quiera cultivarse.

Los motivos típicos de la cerámica holandesa Delft incluyen campesinos con el traje tradicional, generalmente laborando en un campo de tulipanes, con el clásico molino al fondo; esta escena es ya hoy un símbolo propio de la cultura holandesa y la cerámica es asequible gracias al mundo globalizado en que vivimos.

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