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Un personaje involucrado, desde la infancia, en la trayectoria artesanal del oficio, que siguió procesos de adopción de modernas tecnologías en el campo editorial para editar libros y satisfacer a autores de las más variadas publicaciones
 
El 21 de julio pasado falleció Víctor Hernández Calle, a los 74 años de edad, personaje destacado en las artes gráficas que contribuyó al desarrollo y modernización de este sector productivo en Cuenca.
 
   A los 12 años se inició en Editorial Don Bosco, ayudando a su tío Gonzalo. Lo que podía hacer entonces, aprendiz del oficio, era doblar pliegos, en tiempos en los cuales casi todos los procesos de la actividad editorial eran manuales. Rápidamente fue cogiendo destrezas para hacer cada vez cosas de mayores: compaginar las hojas impresas, armar los chivaletes con la tipografía móvil o llevar las planchas a la prensa. Eran tiempos de linotipos, clisés y letras metálicas juntadas en palabras, en párrafos y libros.
 
   Cada vez con mayores destrezas en el oficio, no descuidó los estudios colegiales, para buscar luego nuevos rumbos. En Quito fue acogido en la imprenta Offsetec, que editaba el vespertino Últimas Noticias y tras varios años de práctica, retornó a Cuenca a Imprenta Monsalve, donde ya se convirtió en un profesional experto de las artes gráficas.
 
   Lo que vendría luego serían iniciativas de superación por cuenta propia. Ya con 25 años de experiencia, se asoció a trabajar con Vicente Molina, un impresor con mucha experiencia que retornó de los Estados Unidos con unas máquinas usadas. Nació así la Imprenta Molina-Hernández, en un galpón en el barrio San Sebastián, donde hacia 1984 acabaría adquiriendo todas las acciones para dedicarse solo a su propia empresa. Nació, entones, Gráficas Hernández, que rápidamente entró en crecimiento.
 
Atento a las tareas en la planta editorial.
 
 
   El galpón de San Sebastián resultó estrecho y la editorial pasó en 1990  a una casa propia en la calle Bolívar, cerca al templo del Cenáculo, donde prácticamente ingresaría en una etapa de modernización tecnológica, a tono con las casas editoriales importantes del país.
 
El hombre de empresa en sus ajetreos cotidianos.
 
    Las viejas máquinas y la antigua tecnología fue sustituida por modernos equipos y la informática. La empresa fue en ascenso, por la calidad de los productos entregados a satisfacción de los clientes. Pronto resultó también estrecho el local y en 2001 pasó a instalarse en la calle Castellana, cerca al aeropuerto, en una instalación que también se quedó corta en poco tiempo. Desde hace cinco años Gráficas Hernández ocupa una nave espaciosa en el Parque Industrial y sus hijos asumieron la conducción de la empresa que ha expandido el mercado por varias ciudades del país.
 
   Hace menos de un año, una nueva administración asumió la responsabilidad de la empresa en convenio con los hijos de Víctor Hernández, que habían heredado no solamente las herramientas del trabajo gráfico, sino el cariño por el trabajo. Pero la empresa, conocida y prestigiada en Cuenca y el país, mantiene su mismo nombre.
 
   Cuando en 1981 el pequeño semanario AVANCE se convirtió en una publicación en formato de revista, con circulación mensual, sus mentalizadores acudieron ante Víctor Hernández para proponerle que les imprimiera la publicación. “Nunca hemos hecho revistas –dijo- temeroso de asumir un compromiso que no podría cumplirlo. Pero los audaces promotores de la revista estaban también en las mismas condiciones y lo que dijeron fue: “Nosotros tampoco hemos hecho revistas, aprendamos a hacerlas juntos…”.
 
   En septiembre la revista AVANCE cumplirá 35 años de circulación, para conmemorarlos recordando los tiempos iniciales y toda la trayectoria que esta publicación cuencana ha sido leal a Gráficas Hernández y al personaje que con afecto y responsabilidad contribuyó a la permanencia de este medio de comunicación, compenetrado cada vez más en un amplio público de Cuenca y del país. 
 
   Que estas páginas evocadoras de la trayectoria de Víctor Hernández junto a  esta revista –o viceversa-, sea un homenaje para él, compañero y amigo de AVANCE, quien reposa, ahora sí, en una cámara oscura, más oscura que el sitio donde en tiempos iniciales de la publicación, él permanecía horas manipulando películas y haciendo enjuagues con agua y ácidos, en el antiguo sistema del proceso, manual y mágico, de la selección de colores.