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por: Rolando Tello Espinoza
 
Monseñor Marcos Pérez Caicedo remplazará al Arzobispo Luis Cabrera, quien pasó a dirigir  la Curia de Guayaquil. Dice traer la voluntad de servir a los sectores más necesitados de la Arquidiócesis, con entusiasmo y alegría para vivir en la ciudad a la que los ecuatorianos le cantan Por eso te quiero Cuenca…
 
Monseñor Marcos Pérez Caicedo, al pie de la imagen de la beata Mercedes de Jesús Molina, nativa de la provincia de Babahoyo.

El Obispo de Babahoyo, provincia de Los Ríos, Marcos Pérez Caicedo, se posesionará el 6 de agosto como Arzobispo de la arquidiócesis de Cuenca, vacante desde inicios de este año, cuando monseñor Luis Cabrera, luego de seis años de gestión, pasó a presidir la Iglesia Católica en el Guayas. Al conocer su designación, monseñor Pérez recordó que al ser asignado a Babahoyo, lo primero que hizo fue encomendarse a la beata Mercedes de Jesús Molina, nativa de esa provincia, para el ejercicio de su misión pastoral. Esta vez, cuando  conoció que vendría a Cuenca, de inmediato invocó la ayuda del santo Hermano Miguel, nativo de esta ciudad, para que le inspirara en su apostolado.

 
   El Ecuador tiene  24 jurisdicciones eclesiásticas, entre vicariatos, diócesis y arquidiócesis. En Quito, Cuenca, Guayaquil y Portoviejo hay arzobispos. Se calcula que el 80% de los habitantes del país profesan la religión católica. 
 
   Marcos Pérez –cumplirá 49 años este 14 de julio-, nació en Daule, provincia del Guayas. Se ordenó sacerdote diocesano en 1992 y desde hace cuatro años es obispo de Babahoyo. Estudió la carrera religiosa en Guayaquil y en Roma y es Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana. Aparte de sus misiones pastorales, se desempeñó como Rector del Seminario Mayor de Guayaquil. La nueva autoridad eclesiástica de la Arquidiócesis de Cuenca concedió una entrevista a la revista AVANCE, a través de la cual se enfocan temas generales sobre su trayectoria religiosa y su vocación sacerdotal.
 
¿Quién es Marcos Pérez Caicedo?
 
Soy un sacerdote. Un curita que durante 25 años ha trabajado en la Iglesia con cariño, sirviéndole al pueblo, confiando siempre en la misericordia de Dios. Desde que ingresé al Seminario en Guayaquil en 1985 mi ilusión fue servir al Señor, sobre todo en aquellos lugares apartados, en un pueblito, porque esa fue mi experiencia de niño y adolescente. Nací en Daule y en mis primeros años el ejemplo de mis sacerdotes mayores me marcó con huellas cristianas permanentes.
 
¿Acaso antecedentes de familiares religiosos influyeron en su vocación?
 
Las mayores influencias vienen de mi propia familia, una familia pobre que cultivaba la religiosidad en una forma sencilla.  Acaso mi vocación nació de mis padres y más que todo de mis abuelos, sin que haya habido con anterioridad religiosos en familia. Tengo gratísimos recuerdos de la piedad de mi abuelito y mi abuelita. Una hermana menor se consagró como religiosa al servicio de los ancianos, hace más de veinte años en Colombia, en la congregación de los Pobres de San Pedro Claver.
 
Alguna experiencia –positiva o negativa- determinante en su trayectoria sacerdotal?
 
Negativas, ninguna. Me vienen a la memoria el ejemplo y los consejos de unos misioneros austriacos que evangelizaban en mi pueblo al norte del Guayas, entregados al servicio del pueblo: ellos suscitaron una tan profunda religiosidad en los jóvenes, que más de treinta de ellos accedieron al sacerdocio y actualmente laboran en varias diócesis del país. En muchas chicas también el deseo de ser monjas. Además, tuve la bendición de contar con grandes amigos sacerdotes que me han apoyado, como Roberto Pazmiño Guzmán, Vicario General del Guayas, muerto hace pocos días, con quien trabajé y mucho de lo que soy se lo debo a él.  Estoy seguro de que en el Cielo, junto a Dios, ha de  seguir intercediendo por mí y por los sacerdotes que él formó en el Seminario de Guayaquil.
 
¿Ha conversado usted con su antecesor, monseñor Luis Cabrera, para tratar temas de la arquidiócesis de Cuenca?
 
Con monseñor Cabrera somos grandes amigos y me sentí feliz cuando fue designado arzobispo de Guayaquil, desde donde yo he surgido. Cuando él se enteró de mi designación, fue de los primeros obispos que me llamó y con palabras cordiales y fraternales me felicitó y se puso a disposición para ayudarme, pues laboró por seis años en Cuenca con la sencillez propia de un franciscano, e hizo un excelente trabajo, ganándose el corazón de los religiosos y de los laicos.
 
Cuente de su familia…
 
Somos seis hermanos, yo el mayor. Después de mí cuatro hermanas y al último otro varón. Excepto Gina, la religiosa, todos han formado sus hogares y tienen sus hijos.
 
Monseñor Marcos Pérez Caicedo

¿Qué conoce usted de Cuenca, y del Azuay?

Todo ecuatoriano conoce algo o mucho de Cuenca y la quiere, como dice la canción popular Por eso te quiero Cuenca. Se la quiere a este bella ciudad por su gente, su cultura, su religiosidad, su educación, la cortesía de sus ciudadanos y por las obras que sólo un pueblo católico puede realizar. No conozco mucho porque tengo que vivir allí para conocerla más, pero las veces que la he visitado me ha impresionado la acogida que se siente en el Azuay. Este conocimiento general me ayudará para penetrar en el corazón, las tradiciones, la cultura, la religiosidad tan expresada en las celebraciones del Corpus Cristi, del Niño Jesús, en el amor a María, recordando las emblemáticas palabras impresas en el Escudo de la ciudad que dicen Primero Dios y después Vos, que llegan al corazón: primero Dios y después la Virgen María, resume la espiritualidad del pueblo cuencano.

¿Qué proyectos tiene para iniciar su gestión en Cuenca?

La designación que me ha hecho el Papa es una bendición y un gran desafío, porque hay que emprender obras nuevas. Pero él mismo nos ha dado la pauta, convocando al Año de la Misericordia, que nos da la pauta para evangelizar y seguir un proyecto pastoral de servicio, de amor y entrega principalmente dirijida hacia los más necesitados. Al conocer de mi designación lo primero que pensé fue en trabajar juntos los obispos, los sacerdotes, los laicos, para hacer realidad el evangelio de la misericordia, que se viva el amor que Cristo predicó, amor a todos los miembros de la arquidiócesis, a los más alejados, a los que tal vez ni se identifican con la Iglesia, pues a todos Dios los ama.

El mundo vive violencia, criminalidad, injusticia, terremotos. El Papa, los obispos y la gente pide auxilio a Dios y parece que no los escucha. ¿Ha dudado alguna vez de su fe? 

Yo no desconfío de Dios, pero yo sí mucho de mí. Por eso le pido todos los días que aumente mi fe, porque soy débil, humano, pecador y no puedo afrontar solo.  Frente a las desgracias la gente pregunta dónde está Dios, y es precisamente en los momentos adversos cuando Él más se manifiesta, porque son llamados de atención para hacer más por el hermano, del que se vale Él para socorrer a los demás, apoyándole con sus manos y su inteligencia. En esas circunstancias yo veo la presencia de Dios que nos mueve a actuar dándonos cuenta de las necesidades ajenas para remediarlas.

La mujer hoy está en el gobierno, la legislación, la cultura y más, igual que el hombre. ¿Le discrimina la Iglesia Católica negándole la opción del sacerdocio?

El sacerdocio no es un título simplemente o como se ha pensado y vivido, un espacio de poder. El sacerdocio está para servir y hacer el bien y desde allí se entienden todas las dimensiones de la vida sacerdotal, comprendiendo que Jesús llamó a los doce apóstoles para trabajar en esos espacios y no siquiera a su madre, la mejor de sus discípulos o a María Magdalena, sino a Pedro. La voluntad divina no margina a la mujer, sino a cada uno de la da una misión. El sacerdote en las actividades espirituales no significa que la mujer no tenga la misma dignidad del hombre. Gracias a María nos vino la Redención y hemos de hacer que sea reconocida y respetada la dignidad de la mujer y su papel siempre presente en la Iglesia con la Virgen y las santas mujeres que la han servido.

Es notoria la escasez de vocaciones sacerdotales en estos tiempos. Más aún los casos de monjas y monjes de grandes monasterios habitados por pocas personas. ¿Cómo comenta esta situación?

Son famosos los monasterios femeninos del país, en Quito y Cuenca. Se vive una escasez de vocaciones, pero también hay casos en los que están floreciendo, quizá no como antes, pero se están renovando. Es un indicio de que debemos trabajar más por la promocional vocacional. Se debe evangelizar a los hijos, enseñar el amor a Dios y la virgen María, como hacían nuestros padres y abuelos en la misa en familia, el rezo, que llevan a un encuentro con Dios. La familia entera dirigiéndose al Señor en la misma casa. Este ambiente familiar de piedad debemos fortalecer, pues de allí saldrán las vocaciones.

Hay una tendencia marcada a rechazar el discrimen contra la diversidad sexual, ¿cuál es su criterio?

El Santo Padre ha dicho que la Iglesia debe acoger a todos los humanos por igual, pues no estamos para juzgar a nuestros hermanos, sino para ayudarlos como miembros de una gran familia. Y no soy quien para juzgar a mis hermanos, dijo, cuando se refirió a este tema.

¿Un mensaje pastoral para Cuenca, como Arzobispo recién designado?

Saludo al pueblo cuencano y del Azuay. Me encomiendo a sus oraciones y les pido que juntos caminemos para fortalecer esa presencia activa de la Iglesia en el sur de nuestro país. Este servidor va con el total deseo de conocer, de caminar, de vivir con el pueblo aquella fe que siempre lo ha caracterizado. Por eso yo me encomiendo a las oraciones de las familias cuencanas y les pido que me tengan presente en la eucaristía, con sus plegarias, deseándoles que Jesús y la Virgen bendigan a esta provincia. Con mi saludo va mi bendición, mi abrazo fraterno, para juntos trabajar por una pastoral de servicio que empiece por las pobres y más necesitados.

¿Algo que quisiera usted añadir, monseñor?

Felicitar al clero de Cuenca por la designación del nuevo obispo para Azogues, el padre Oswaldo Vintimilla, a quien el Papa le ha escogido. Le felicito al padre, a su familia y a la arquidiócesis de Cuenca, del que ha salido el nuevo pastor católico para la ciudad de Azogues. 

A propósito, ¿hay una norma por la cual los prelados deban ser de fuera de sus jurisdicciones de proveniencia? Desde 1957, cuando se creó la Arquidiócesis de Cuenca, solo el primer arzobispo, Manuel de Jesús Serrano Abad, fue cuencano. Luego todos vinieron de otras regiones ecuatorianas.

A los obispos los escoge el Santo Padre, teniendo presente la universalidad de la Iglesia, que es una gran familia. Quedan de lado las razas o culturas y todos somos hermanos. Nos  impresionó que el Arzobispo de Buenos Aires fuera elegido Obispo de Roma, donde antes estuvieron un alemán y un polaco, siguiendo esa misma tradición universal de la iglesia. 

El parque central de la capital de la provincia de Los Ríos, donde sobresale la catedral.