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Por Eugenio Lloret Orellana

 

Eugenio Lloret
Un moderno sistema de usura alimenta el capital especulativo, que escapa de las restricciones financieras mediante paraísos fiscales donde empresarios, 
banqueros y funcionarios se han confabulado para incrementar la lista de cuentas “off shore“ … oligarcas que fugan dinero al exterior y predican la necesidad de atraer inversiones extranjeras 
 
   
   

 

El poder real hoy es el económico, que es lo que verdaderamente gobierna al mundo. Pero los ciudadanos no tienen acceso ni directo ni indirecto, a ese poder, ya que su voto no define las políticas económicas. ¿Cómo podemos, entonces, seguir hablando de democracia si no tenemos los instrumentos para controlar ese poder? La democracia se convirtió en el instrumento de dominio de los grandes grupos económicos para quedar como fachada detrás de la cual sólo hay unas cuantas vigas carcomidas por la polilla, llenas de polvo y excrementos mientras la globalización financiera se convierte en un bien supremo y, con absoluto desprecio a los derechos de la ciudadanía, impone la búsqueda del lucro como norma absoluta de todas las sociedades “.
 
   La cita pertenece al escritor portugués y Premio Nobel de Literatura José Saramago, autor de metáforas profundas, sorprendentes, demoledoras y maravillosamente escritas como la que encierra, por poner un ejemplo, su Ensayo sobre la ceguera, y que nos lleva a cuestionarnos sobre qué tan cerrados hemos mantenido los ojos ante la cruel realidad que nos rodea.
 
   Saramago, fue fiel militante de una minoría que promueve un mundo más justo, más equitativo, decía verdades incómodas. Fue siempre duro con la derecha que promovía el capitalismo salvaje, y crítico, al mismo tiempo, con la izquierda que caía en la burocracia, que se dormía en los laureles.
 
   En Ecuador este fenómeno se expresa en toda su intensidad cuando las cifras económicas son desalentadoras y advierten un decrecimiento galopante que golpea con dureza a la mayoría de los hogares ecuatorianos que están destinando más del 50 por ciento de sus ingresos a pagar deudas, y cuando somos uno de los países con peor distribución de los ingresos del mundo muy a pesar de haber conseguido durante una década estabilidad y bonanza con el ingreso a las arcas del Estado más de 220 mil millones de dólares.    
 
    Ahora en Ecuador los recursos escasean para financiar una salud digna, la 
 
educación de nuestros hijos, la obra pública, mientras un moderno sistema de usura alimenta el capital especulativo, que escapa a todas las restricciones financieras mediante paraísos fiscales en donde empresarios, banqueros y funcionarios públicos se han confabulado para incrementar la lista de propietarios de cuentas “off shore“ y en menos de dos años sacar USD 3 379 millones, monto que según el presidente Correa alcanzaría para cubrir la reconstrucción del terremoto de abril. Estos oligarcas que fugan el dinero al exterior son los mismos que predican la necesidad de atraer inversiones extranjeras al país para disminuir el desempleo y la inequidad interna.
 
   Un compromiso básico con la igualdad implicaría que toda actividad especulativa deba pagar impuestos mayores que los que paga la producción y establecer formas de control al capital especulativo.
 
   Democratizar la democracia supone también el control democrático del sistema financiero con recetas y nuevas reglas de juego para evitar que la recesión se agrave aún más, pero el dogma y la soberbia de quienes tienen desde el poder el tic de hablar de justicia e igualdad y se ufanan de tener la experiencia de haber gobernado y haber resuelto todo, se niegan a enmendar políticas autoritarias y proclamas bolivarianas en franco deterioro.
 
   En este contexto es oportuno preguntar a los políticos de todas las tendencias, sin excluir ninguna y sin dejar de lado la ideología cómo piensan enfrentar la recesión económica, cómo van a democratizar la democracia, es decir cómo impulsar una cultura de la participación en base al principio de la ciudadanía activa que implica el anhelado paso de una democracia de electores a una democracia de ciudadanos activos y comprometidos. Nos gustaría ver debates pacíficos, razonados y argumentados sobre el desarrollo social integral del país, al margen de muletillas publicitarias convertidas en armas burdas de la demagogia política.