El Consejo Nacional Electoral ya tiene el calendario para la campaña y la elección de Presidente de la República, asambleístas y otras autoridades en febrero de 2017. Ha empezado la cuenta regresiva para esa jornada de trascendental importancia histórica, de expectación en todos los sectores de la sociedad ecuatoriana.
 
Lo que hagan o dejen de hacer, de ahora en adelante, el Presidente de la República y las autoridades de las funciones del Estado, no podrá desvincularse, ante la lectura pública, de la meta política que está por delante: de aquí la importancia de reclamar la mayor prudencia, responsabilidad y patriotismo de quienes están en capacidad de influenciar en la vida pública y privada de los ecuatorianos durante el año electoral.
 
Desde 2006, cuando se eligió al Presidente que va camino a diez años de gestión, nunca hubo más concurrencia del electorado a las urnas, por consultas o elecciones intermedias. Por eso, el proceso que culminará en un año, reviste trascendencia particular: está de por medio la mayor medición de fuerzas entre el movimiento político hoy dominante, y los demás existentes en el país, que no encuentran puntos coincidentes para sumar en una sola organización un proyecto de interés para la mayoritaria de los ecuatorianos. Como que no se busca más que lo que interesa a cada fracción política y quizá peor, a las personas.
 
Tiempos de intensas expectativas los que vienen. Tiempos durante los cuales, ante un electorado que ha madurado con experiencias políticas de una década, es imprescindible esperar que, también en los liderazgos políticos, haya la madurez suficiente para que, en un año, el país encuentre la senda apropiada hacia el buen vivir, la paz, el respeto de todos hacia todos, con civismo, para dejar en el pasado reciente y de décadas atrás, el país de incertidumbres y miedos que, aunque muchos se nieguen a ver, están en la mirada propia y extraña en los actuales tiempos.