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Los payasos a diferencia de los políticos han sido, son y serán anárquicos, rebeldes, innovadores y  diferentes
 
Esos tempranos filósofos, predecesores directos, no sólo de nuestros médicos y cirujanos, sino de nuestros investigadores y descubridores en cada una de las ramas de la ciencia natural llamados magos surgieron en una sociedad primitiva, salvaje y bárbara como una respuesta a todo lo que pudiera ayudar al hombre en su ardua lucha con la naturaleza, todo lo que pudiera mitigar sus 
sufrimientos y prolongar la vida.
 
   La hechicería practicada en beneficio del bien común y de la sociedad en su conjunto convierte a sus actores – hábiles y ambiciosos – en protagonistas para la cosecha de honores, riqueza y poder como difícilmente pueda ofrecerla cualquier otra ocupación. De impostor o bribón, convencido de que en realidad posee los maravillosos poderes que le adscribe la credulidad popular percibirá las falacias que impone a los ingenuos hasta convertirse en lo que hoy podríamos llamar político.
 
    De este modo, y en la medida en que la profesión de mago influyó sobre la constitución de la sociedad salvaje, tendió a entregar la rienda de los negocios públicos en manos del hombre más hábil y trasladó el poder de muchos a uno solo. Las trampas tendidas al paso del brujo profesional son múltiples y como regla solamente el hombre de cabeza fría y aguda astucia logrará guiarse en su camino con seguridad. Por esto, tendremos siempre presente que cada una de las declaraciones y pretensiones que el hechicero anuncia, son, como tales, falsas. Por consiguiente, el brujo que cree en sus extravagantes pretensiones está en mucho mayor peligro que el deliberado impostor y es mucho más probable que su carrera se frustre. El hechicero honrado confía siempre en que sus conjuras y sortilegios produzcan los efectos esperados y cuando fallan, no sólo realmente, como sucede siempre, sino desastrosamente como ocurre con frecuencia, queda anonadado; él no está preparado para explicar su fracaso, como lo está su colega impostor.
 
    Con todas las salvedades debidas, podríamos decir que existe un estrecha analogía entre los magos de antaño con los políticos de hoy en donde el poder tiende a caer en las manos de los hombres de inteligencia más perspicaz y de carácter menos escrupuloso. Si pudiéramos medir el daño que hacen con su bellaquería y el beneficio que confieren con su sagacidad, es posible que encontrásemos que lo bueno sobrepasa con mucho a lo malo, pues más desgracias han sobrevenido al mundo seguramente por obra de los tontos honestos y encumbrados en los altos puestos que por los bribones inteligentes. Una vez que el astuto trapacero ha colmado su ambición y no tiene más perspectivas egoístas que conseguir, puede poner al servicio público su talento, su experiencia y sus recursos, lo que frecuentemente hace. Muchos hombres poco o nada escrupulosos en la adquisición del poder, han sido los más benéficos en su uso, cualquiera que fuese el poder ambicionado, riqueza o autoridad política.
 
   En el campo de la política, el intrigante astuto, el victorioso despiadado, pudo terminar siendo gobernante sabio y magnánimo, reconocido en vida, llorado en muerte y admirado por la posteridad. Hombres así, citando dos de los más conspicuos ejemplos, fueron Julio César y Augusto. Las mentes chicas no pueden lograr ideas grandes; en su estrecha comprensión y en su visión miope, nada les parece grande e importante, en realidad, más que ellos mismos. Tales mentes se elevan difícilmente a la política.
 
   En el lenguaje político y coloquial suele ser, por desgracia, bastante común utilizar los vocablos payaso o circo como sinónimo de algo peyorativo. Lo usan individuos afectados por el analfabetismo conceptual y quienes se parapetan tras un cargo público. Lo que pasa es que se insultan sin ingenio, sin agudeza, sin elocuencia. O sea, que se insultan con tosquedad, con ordinariez a diferencia del payaso de circo que con guante de seda oficia como consumado maestro en el arte de la ironía propiciando carcajadas de incuestionable complicidad para conseguir que las únicas lágrimas que se derramen sean de risa y alegría.
 
   Los payasos a diferencia de los políticos han sido, son y serán anárquicos, rebeldes, innovadores y diferentes.