De tumbo en tumbo, a sobresaltos sobrevive el Ecuador bajo la sombra –o la claridad- de la corrupción cuya incidencia y reincidencia pone a prueba la humana capacidad de asombro. Tras una década de despilfarros y atracos de los fondos públicos, la regeneración demora y peor la recuperación de la moral y de los recursos económicos usurpados y, mucho peor aún, la sanción a todos los culpables.

El país vive bajo el signo de sospechas en la gestión pública. A pocos días de que fuera expulsada de la Asamblea una legisladora implicada en cobrar parte del sueldo a sus empleados, ahora escandaliza un caso similar que implicaría nada menos que a la Vice Presidenta de la República: increíble, pero cierto. Aunque eso habríase dado cuando ella ejercía otras funciones, la confesión notariada del perjudicado y los depósitos bancarios ahorrarían tiempo y debates en interpretaciones, evasivas y sortilegios politiqueros de defensa.

Las famosas “contribuciones voluntarias” de los burócratas a favor de los partidos o grupos políticos que les han facilitado los cargos, serían focos infecciones de explotación laboral y de arranche del sueldo de los subalternos. Además, en este caso, los depósitos “voluntarios” fueron a cuentas privadas de la denunciada. Sobre esto debe investigarse por todas partes, pues el dolo sería generalizado y acaso de él no estarían libres autoridades de  gobiernos autónomos descentralizados.

La Vice Presidenta tiene derecho a defenderse, pero lo prudente, lo correcto y necesario, sería que lo hiciese apartándose, al menos temporalmente, de la influyente función que desempeña, por su bien, del gobierno al que pertenece y, del país. Las investigaciones y procesos sobre tan grave asunto, deben ventilarse bajo total independencia, para determinar sin dudas la culpabilidad o la inocencia.