Por: Rolando Tello  Espinoza

El frontis y parte de la estructura inicial del centro penitenciario se ha mantenido, para dar cabida a biblioteca, centros de cultura y arte.

De la antigua casa penitenciaria de varones de Cuenca, al pie de la colina de Cullca, quedan recuerdos más vagos que de los infortunados usuarios de la edificación hecha, precisamente, para olvidarse de ellos y de los míseros espacios que ocuparon

El 9 de noviembre pasado se inauguró el Parque de la Libertad, así nominado, en contraposición al destino que tuvo la edificación de mediados del siglo XX, para aislar a hombres, justos o pecadores, que en algún momento infringieron la buena convivencia social.

Más de siete millones de dólares destinó la Municipalidad de Cuenca en la intervención, restauración, áreas sociales, recreativas, culturales, deportivas y de esparcimiento. Del complejo destaca el mirador de 42 metros de altura, desde el cual se ve abajo el espectáculo urbano con las torres y cúpulas de los templos sobre los tejados y las terrazas. El mirador de extensos horizontes se contrapone con ironía a la temida garita de severa vigilancia.

Esta obra – oficialmente llamada megaparque-, es una de las ofertas con las que Marcelo Cabrera promovió hace cuatro años su candidatura a la Alcaldía, que terminará en mayo de 2019. La belleza del conjunto, la multiplicidad de servicios, el nuevo destino y hasta su nombre, tienen mayor consistencia al evocar viejos sistemas penitenciarios y el uso de este espacio en los últimos sesenta años.

La recién construida cárcel modelo, hacia 1957, lista para entrar en servicio. Ya es un recuerdo histórico.

En la cárcel y la picota, junto con la cruz, fue lo primero en que pusieron empeño los conquistadores que usurparon Tomebamba y  empezaron a llamarla Cuenca en 1557. Al repartirse los predios, no olvidaron el sitio para prisión, próximo a la sede del Cabildo, que la habrían construido indígenas traídos de Macas, hasta fines de 1559.

Un vínculo estrecho había entre la cárcel y la pena de muerte por crímenes atroces y también para los contradictores a la autoridad. Los verdugos para las ejecuciones venían de Quito e implicaba gastos que se los ahorraba acumulando en un solo día la eliminación de varias víctimas. Pero en 1784 Cuenca se hizo de un verdugo propio: el cuatrero peruano Francisco Nisama, apodado Argandoña, había sido detenido en Loja y se lo condenó a trabajos forzados en Quito. Al pasar por Cuenca, pidió que le conmutaran la pena con el oficio de verdugo, que lo cumplió con tanta pericia que hasta prescindía de la horca montada en la plaza mayor y tronchaba el cuello de los ajusticiados contra sus rodillas.

El primer Gobernador de Cuenca, Antonio Vallejo, a fines del siglo XVII, ejerció con mano dura el cargo y mandó a erigir la picota de El Rollo, a la entrada norte de la ciudad, para ajusticiar a los criminales y contraventores de la voluntad soberana. Otro cadalso estaba en la actual plaza San Francisco, llamada Plaza del Patíbulo, donde en 1857 se ejecutó a Tiburcio Lucero, hecho que deprimió a la poetisa Dolores Veintimilla de Galindo y acaso le apresuró al suicidio.

Una de las últimas ejecuciones de prisioneros condenados a la pena capital fue la del revolucionario alfarista Luis Vargas Torres, el 20 de marzo de 1887: el presidente José María Plácido Caamaño le mandó a fusilar al patriota en represalia política. Él no aceptó que le vendaran los ojos y recibió las balas mirando al pelotón de fusilamiento. Poco después, cuando la revolución liberal de Eloy Alfaro tomó el poder en 1895, se abolió la pena de muerte en el Ecuador.

La cárcel pública, al parecer, funcionó entre la sede municipal y el cuartel hasta 1931, cuando se la ubicó en la Casa de Temperancia, en San Sebastián, hasta hacer reparaciones para mejorar el encierro de los contraventores de la ley. A inicios del siglo XX hay preocupación por las condiciones infrahumanas que sufrían los reos y los sacerdotes Julio Matovelle y Miguel Castro proponen construir una “cárcel modelo”, idea que contagió a la Municipalidad en años posteriores.

Inicio de la construcción de la “cárcel modelo” en un predio distante en 1947, ahora en el centro urbano de Cuenca. En el grupo de personas están el Alcalde Luis Moreno Mora, el secretario municipal Gerardo Espinoza, el director de publicaciones Víctor Manuel Albornoz y funcionarios del Concejo.

El Presidente municipal, Antonio Borrero, en informe de 1937, apunta: “El Concejo, durante este año, ha procurado adecentar siquiera en parte las ruinosas piezas donde guardan prisión los reclusos con la más grande de las incomodidades” y anuncia que “se proyecta establecer el correspondiente reglamento para la debida marcha del establecimiento, en donde no son raros los amotinamientos y subversiones contra la guardia de Policía y los empleados. En el mes de febrero, por una rebelión, fueron enviados a Galápagos cinco presos que azuzaban a otros provocando los más lamentables desórdenes”.

En 1940 la Municipalidad rinde homenaje a Andrés F. Córdova, quien dejó la presidencia municipal para encargarse de la Presidencia de la República. En el acto Antonio Abraham Barzallo, que preside el Concejo, pide al mandatario ayuda para levantar la cárcel municipal, el mercado central, el palacio municipal, locales educativos, el estadio, entre otras obras. En el mismo año, al informar de su gestión, alude a que “la construcción de la Cárcel Modelo, en la finca de Todos Santos, de propiedad de la Comuna, representa un paso decisivo en la comodidad y regeneración del ciudadano delincuente”. Es un proyecto aún en gestación.

En 1942 el Presidente municipal, Luis Guillermo Peña, denuncia el problema de la cárcel de hombres: “Estamos frente a una cuestión que interesa a la ciudadanía en todo aspecto. Un local viejo e inmundo, sin ninguna comodidad de orden higiénico, una promiscuidad de seres y de cosas, francamente constituye una vergüenza para Cuenca… En la cárcel no puede haber control de los presos, porque el local es absolutamente inadecuado, pero si hay dentro de la misma cárcel lo insólito y raro: el hurto de los objetos que pertenecen a los otro presos. Casos se han dado; los hombres recién ingresan han perdido hasta los sombreros y los ponchos que llevaban puestos...”

Por entonces el Concejo con autorización del gobierno resolvió un impuesto hasta de tres sucres mensuales por el funcionamiento de cada taberna del cantón. Además, gestiona autorización para emitir bonos municipales con el 9% de interés anual hasta por 300 mil sucres, a fin de invertir el producto en la edificación de la cárcel. “El plano está aprobado y listo en la oficina del señor Ingeniero de Obras Públicas”, dice el señor Peña.

El 2 de agosto de 1943, en la presidencia municipal de Octavio Díaz, se adquiere el terreno para levantar la cárcel modelo en la avenida del Chofer, al pie de la colina de Cullca. Es una quinta de Manuel Cabrera Delgado y el valor, 42.321,90 sucres.

Una idea de la cárcel de entonces, da el sacerdote José María Rodríguez Peralta, que oficiaba desde 1931 de capellán del establecimiento. En una reseña escrita en el  “Índice histórico de la Diócesis de Cuenca” consta el siguiente párrafo: “Con el triunfo de los conservadores en el Municipio se ha obtenido la supresión de las tiendas en la Cárcel, lo que significaba la inmoralidad la más grande que era el coito público y universal en los días de visita…”

En 1945 el Presidente municipal, Joaquín Moscoso, anuncia la creación de una guardia municipal, con un inspector, un sub inspector, un ayudante y 18 hombres. Refiriéndose a la cárcel dice se la ha dotado de un telar para dar trabajo a los presos, con herramientas para sus oficios. “Esto ha mejorado un tanto la situación de los reclusos, los que especialmente se han dedicado a la industria de juguetes. La falta de una cárcel modelo, que es impostergable necesidad, ha hecho que no se pueda organizar técnicamente este servicio social. El local actual es inadecuado bajo todo concepto y por tanto inhumanitario el encerramiento en él a esa porción de gente desviada, que las más de las veces sale de ese lugar más infectada moral y físicamente”.

En 1947 Luis Moreno Mora, primer Alcalde de Cuenca, informa de gestiones favorables para obras municipales, pues “La Asamblea Nacional de 1947, mediante el decreto del 26 de febrero, destinó una cuota sobre el producto del aguardiente para la edificación del Palacio Municipal y la Cárcel”.

El 5 de noviembre de 1947, en el programa de las fiestas de independencia, está la colocación de la primera piedra de la “cárcel modelo”, al pie de Cullca. El edil Abraham Barzallo es delegado para llevar la palabra en el acto y en principio se niega a hacerlo, pero por disciplina, no puede evitarlo. Su intervención es un ataque al sistema carcelario y una cátedra sobre administración de justicia, comprensión y sensibilidad humana hacia los reos.

Foto de los años 30 del siglo XX, con el viejo edificio del cuartel y la cárcel, frente al parque Calderón.

“No debería ser yo –dice- el que venga a presenciar y solemnizar la colocación de la primera piedra de un presidio modelo, por las doctrinas políticas que profeso de libertad, de tolerancia, de comprensión y fraternidad… Siempre he de implorar que no haya prisiones si hemos de ser libres; que no haya castigos si somos hermanos; que no haya condenados si todos somos hijos de Dios. Yo me he excusado de traeros la palabra, pero como estoy al servicio de la Comuna y se negara mi excusa, vengo a cumplir el deber de honor que se impone a uno de sus miembros”.

Tras criticar el orden judicial y penitenciario, alude al alcoholismo como una de las causas de la delincuencia, pero “en el Estado ecuatoriano es el Gobierno el que monopoliza y comercia con el aguardiente, porque le deja millones de ganancia… Luego, paradójicamente, establece cárceles, panópticos, las desiertas islas de Galápagos, para los ebrios que perturbada la razón matan, roban o calumnian. Esto puede ser una vergüenza nacional, pero es la verdad… Ah¡ si yo tuviera poder y medios, abriría las prisiones del país para todos los que, por hambre o necesidad, han tomado alguna cosa del hermano sin su voluntad, les diera libertad condicional, trabajo permanente, medios de ganarse la vida; les reeducara con maestros amables y entendidos, bajo un prudente cuidado policial”.

La elocuente intervención que sorprende o desconcierta a los oyentes, continúa: “He de decirlo con pena que más bien en las prisiones es donde nuestros hermanos más se corrompen y degeneran, porque no hay allí una escuela cívica, una práctica de moral, un ejercicio de espiritualidad, una voz de consuelo, una medicación para sus dolores, un lecho para su descanso: los presos constituyen el escándalo social, olvidados de la filantropía, retardados en su juzgamiento, despreciados por sus guardianes, van agotándose de hambre, de tristeza, de falta de libertad, de ausencia del hogar y del terruño… Esto no es humanitario, no es civilizado, no es liberal, no es cristiano”.

Y al declarar iniciada la obra, apunta: “Aquí queda la primera piedra del amplio edificio con el que el I. Municipio cuencano, en cumplimiento de un deber y deseoso de proporcionar relativa comodidad a los inconformes con la ley, va a levantar, para su reeducación y rehabilitación, mediante el señalamiento que hiciera la asamblea en febrero del año actual de una cuota del producto del mismo aguardiente, cuota que al fin entregada por el Fisco al municipio ha hecho posible abrir los cimientos de los muros que le circunvalen. Ojalá se continúe y concluya su edificación para aliviar el penoso estado de los ochenta presos que hoy sufren en un local antihigiénico, estrecho, inconveniente, inseguro”.

Diez años demoró construir la Cárcel de Varones de Cuenca, al pie de la colina de Cullca. Se la inauguró en 1957 como “cárcel modelo” y hasta 1982 funcionó como una dependencia de la Dirección Nacional de Prisiones, que a partir de entonces pasó a llamarse Dirección Nacional de Rehabilitación Social.

Por 58 años estuvo allí la Cárcel. Dentro de sus muros, claustros, talleres, bodegas, miles de seres humanos, culpables o inocentes, pagaron condenas justas o injustas, sufrieron el aislamiento de la sociedad, penurias alimenticias y, de cuando en vez, reaccionaron para reclamar mejores condiciones de prisión y de vida, provocaron incendios para llamar la atención pública o cometieron más crímenes como respuesta a la inseguridad, abandono o desprecio de instancias administrativas contra las que reaccionaron con violencia.

A inicios de 2016, la antigua Cárcel de Varones de Cuenca pasó a funcionar en el Centro de Rehabilitación Social de Turi, complejo dotado de equipamientos e instalaciones modernas de seguridad supuestamente extrema, pero que también son escenario de dramas humanos, violencia y reacciones de inconformidad de seres humanos que, culpables o inocentes, sufren el encierro y nunca están a gusto en los ambientes destinados a pagar culpas, castigos y quizá venganzas de la sociedad. Los prisioneros y prisioneras, en pabellones separados, pasan hoy de dos mil personas. ¡Qué progreso…!

Un grupo de guías penitenciarios que hace poco se excedió en violencia y tortura contra los detenidos en Turi, durante un operativo ordinario de control, acaba de ser sentenciado con más de cien días de prisión para ellos, por atentar contra los derechos humanos, sanción que está en apelación, pues según los defensores merece castigo más severo.

 

CALIDAD AMBIENTAL, PAISAJE, CULTURA

 

Aspectos del megaparque con sus instalaciones recreativas y espacios de esparcimiento.

El Parque de La Libertad tiene áreas destinadas a la literatura, historia y arte; está provisto de cámaras de video vigilancia conectadas al 911. Tiene espacios de arborización, juegos infantiles, caminerías, áreas comunales, baterías sanitarias, cafetería, restaurante, gimnasio.

Es un lugar de esplendor y belleza, con una pileta central cuyas aguas llegan a 30 metros de alto. Dispone de 22 puestos de estacionamiento y la iluminación nocturna es espectacular. La intervención total es de 15.330 metros cuadrados, con la inversión de 7.044.427,54 dólares, más 163.027,03 de los estudios. Un mirador panorámico tiene 42 metros de alto y equivale a un edificio de 13 plantas; un mirador horizontal ocupa 1.949 metros cuadrados.

En edificaciones, la planta baja tiene 875,90 metros cuadrados y 561,38 la alta. El parque ocupa 8.411 metros cuadrados y el área en torno a la pileta 491. Paúl Ortiz Ulloa, creador y promotor del proyecto municipal Cinturón Verde y especialista en Arquitectura del Paisaje, dio detalles sobre la obra:

“Es un proyecto integral que ha generado la recuperación de espacios y áreas verdes a un sector careciente de estos, mediante la vinculación armoniosa de lo que fue el Antiguo Centro de Rehabilitación Social para Varones y el terreno anexo utilizado como bodega por la Municipalidad durante varios años. No es solo un parque, ni la rehabilitación de la ex cárcel de varones, ni tampoco el mirador,  es una intervención urbana sostenible digna de resaltar y analizarla, que a más de dotar de espacios verdes para la recreación y esparcimiento ciudadano, genera un atractivo turístico de reconocimiento de la ciudad, convirtiéndose en dinamizador económico para emprendimientos individuales y colectivos.

Por su ubicación, donde históricamente nunca se había pensado en dotar de espacios públicos y colectivos, resulta una de las intervenciones urbanas más importantes del país de los últimos años, dignificando el asentamiento humano, un reparto justo y equitativo de los recursos, y dotando de oportunidades a los distintos barrios colindantes y cercanos.

La obra se levanta en un área de 1.5 hectáreas, dejando de lado el imaginario colectivo negativo, para convertirse en un parque, espacio público abierto, miradores y centro cultural destinado al sano esparcimiento y recreación, a recuperación de la identidad colectiva y a ser una vitrina de arte local, nacional e internacional.

El Parque la Libertad tiene el objetivo de fortalecer  la cohesión social y calidad de vida de los ciudadanos, brindado espacios de alta calidad ambiental, paisajística y oferta cultural, con el afán de lograr una Cuenca equitativa, participativa, sostenible y próspera”.