Bolívar ”Chato” Castillo ha desempeñado por cuatro ocasiones la alcadía de Loja. No pudo completar su último período por ser revocado su mandato.

Excesos en la aplicación de sanciones y conducta recalcitrante contra los adversarios o ciudadanos con criterio diverso al suyo, más la identificación con el gobierno de Rafael Correa, deterioraron su imagen y crearon el entorno para que más del 70% de los votos fuera por la revocatoria

En la puerta del horno, se quema el pan: la expresión popular encaja en la suerte del Alcalde Bolívar Castillo Vivanco, que a pocos meses de terminar la gestión que asumió en mayo de 2014, quedó fuera del cargo por decisión del electorado que le revocó el mandato.

La decisión democrática es un precedente para que otras autoridades de elección popular se cuiden de incumplir lo anunciado en las campañas electorales o actúen al margen de la Constitución, pues los ojos de la ciudadanía estarán sobre ellas, vigilantes y fiscalizadoras, para hacer respetar sus derechos y las obligaciones de los mandantes.

Segundo Armijos, dirigente taxista lojano, planteó ante el Consejo Nacional Electoral el proceso por la revocatoria, que fue aceptado, empezando por llenar los formularios con las firmas de respaldo que, fácilmente, alcanzaron a superar el número fijado en las normas legales. Validadas las mismas, se llegó a la cifra de 27.774.

El 24 de junio pasado, la ciudadanía concurrió a las urnas para expresar su voluntad entre si aceptaba la revocatoria o  la descartaba. El 70,85% de los votos fue por el SÍ y el 29,15% por el NO: la defenestración de la primera autoridad de la capital provincial quedó consumada en forma irrefutable y sin réplica.

Castillo estaba próximo a terminar el cuarto período como Alcalde de Loja. Lo fue de 1988 a 1992; de 1996 a 2000, año en este último que fue reelecto en forma consecutiva; en 2004 fue por una segunda reelección, pero le derrotó en las urnas Jorge Bailón, candidato socialista que se quedó dos períodos consecutivos. En 2007 fue elegido diputado y en 2013 asambleísta, dignidad a la que renunció para optar por su cuarta alcaldía, que inició en mayo de 2014 y es la que no alcanzó a completarla.

Este último período debió concluir en febrero próximo, con las elecciones para renovar autoridades seccionales. En varias oportunidades el empedernido político expresó la intención de terciar por la quinta alcaldía en  2019, pero la revocatoria es un referente que le hará pensar sobre esa opción, que legalmente puede asumirla. Castillo es un gallo de pelea y es probable que quiera jugarse la última carta que le quedaría por delante, a la edad de 74 años. Actualmente está entre los alcaldes más viejos del Ecuador. ¿O terminó su carrera política?

La identificación total con la gestión y la conducta del Presidente Rafael Correa Delgado, a quien apoyó en forma incondicional y de quien obtuvo también total respaldo, provocó divergencias con sectores sociales de Loja, con periodistas y aún al interior de la Municipalidad, ámbitos en los que se ganó calificaciones de prepotencia. Varios ciudadanos y ciudadanas sufrieron procesos legales que acabaron con sentencias de prisión, aplicando disposiciones de la Ley de Comunicación al mismo estilo del entonces Superintendente del ramo, Carlos Ochoa.

Las sanciones, especialmente económicas, contra los conductores de vehículos, le granjeó reclamos y aun antipatías. Por ello el gremio de taxistas fue por el proceso revocatorio, con los resultados fatales en su contra.

En el campo político ha tenido una trayectoria inestable y controversial. En 1964 se inició como cofundador de la Democracia Cristiana, tienda política por la que alcanzó la diputación en el período 1984-1988, en los primeros años del retorno constitucional tras las dictaduras de los años 90. Fue expulsado del movimiento por liderar un proyecto de prolongación del período legislativo.

De 1988 a 1992 se desempeñó como Alcalde de Loja por primera vez, afiliado al partido Izquierda Democrática, del que fue también expulsado por no atender imposiciones partidarias para dar nombramientos municipales por presiones. Castillo se ha jactado de exhibir el documento de la expulsión en la biblioteca particular de su residencia en el barrio Zumbahuaico, de Loja.

En 1992 volvió a militar en Democracia Popular, invitado por Osvaldo Hurtado Larrea. Aquí permaneció hasta el año 2000, cuando se desafilió en desacuerdo con el Presidente Jamil Mahuad, que pronto sería derrocado.  En 2004 fundó su partido Acción Regional por la Equidad, por el que resultó electo Alcalde por cuarta vez en 2014.

 Emblemática arquitectura de la puerta de entrada a la ciudad de Loja.

Pero la salida de Castillo de la Alcaldía aún tiene cabos pendientes. La Vicealcalde, Piedad Pineda, es motivo de impugnaciones. Ella pertenece a la misma tienda política de Castillo y además su presencia en la Vice alcaldía está en entredicho, desde que en mayo de 2017 fuera separado de la función el edil Franco Quezada, en una sesión municipal que no habría tenido quórum. El caso está en trámite en el tribunal de lo Contencioso Electoral, que deberá emitir una resolución el 9 de julio.

El programa de regeneración urbana de la ciudad de Loja es una obra en la que Castillo puso empeño y ha avanzado significativamente, mejorando la imagen de la ciudad. Pero el desgaste político llegó a extremos críticos, cuyo reflejo se transparentó en las urnas revocatorias.