Por: Rolando Tello Espinoza

Marcha de niños y jóvenes en Cuenca, para protestar por los abusos sexuales a menores de edad.

Postrado desde 2013 por problemas de salud, César Cordero, sacerdote ordenado en 1953, tuvo tiempo para preparar un libro  de más de quinientas páginas sobre su familia desde el siglo XVII y su trayectoria personal, dedicada a la docencia y a crear centros educativos de todos los niveles. Hombre con una extraordinaria capacidad de gestión y una voluntad emprendedora singular, consiguió sus metas vocacionales y profesionales y obtuvo muchos reconocimientos nacionales y extranjeros. Pero en la ancianidad se le ha puesto al revés el mundo, acusado de abusos de carácter sexual que supuestamente habría cometido hace más de medio siglo. La Iglesia y la justicia ordinaria realizan procesos investigativos al término de los cuales se confirmará su culpabilidad o su inocencia, inocencia que él la defiende ante los tribunales eclesiásticos y civiles. El presente trabajo aborda el tema en las dos vertientes alusivas al personaje, cuya fuente en la parte referente a su obra religiosa y académica, es el libro de memorias que salió a luz en 2017, en el nonagésimo aniversario de su nacimiento.

César Augusto Nicolás Gerardo Cordero Moscoso nació en Cuenca el 7 de junio de 1927, destinado a entregar su vida a la religión católica y a la educación. Su madre, Elena Moscoso Tamariz, murió cuando él tenía ocho años y pasó a protección del sacerdote Miguel Cordero Crespo, tío y padre adoptivo, quien también había quedado huérfano de madre, al nacer.

La infancia y la adolescencia de Cesitar tenían como marco las novenas a la Dolorosa, los Pases del Niño familiar, las fiestas de Corpus, las procesiones de la Pasión de Cristo, las misas y los cánticos místicos al inicio y al final del día. En 1935 hizo la primera comunión y un año después fue consagrado al Corazón de Jesús.

En la infancia se le inculcó el orgullo por su progenie, de remotos troncos españoles con escudos nobiliarios y el trasfondo de las devociones católicas y numerosos sacerdotes, monjas, obispos y hasta santos y beatos en la historia familiar, a más de gente de cultura, políticos de renombre en funciones públicas, en la legislatura, y no pocos destacados cultores de la poesía.

Ricardo, su padre, fue el último de los 13 hijos de Luis Cordero Crespo, el poeta coronado con laureles de oro en homenaje póstumo de 1924, quien llegó a Presidente de la República y fue personaje de admiración idílica de César, nieto que añadía al nombre del poeta el calificativo de El Grande, para diferenciarlo de Luis Cordero Crespo hijo, otro hombre público y de letras.

Ricardo se aventuró con poco éxito en busca de oro en zonas mineras del Azuay y Morona Santiago. Fue precisamente, en Sígsig, donde conoció a Elena Moscoso, la joven con quien se casó en 1920 y muriera en 1935 dejándolo viudo con siete hijos, el cuarto de ellos César. También ofició Ricardo de Notario, Anotador de Hipotecas, Comisario y Fiscal en Azogues, antes de enrolarse al personal que construía el ramal ferroviario Sibambe-Cuenca.

César, después de estudiar la primaria en la escuela San José de La Salle y la secundaria en el colegio Borja, de los jesuitas, en 1947 vistió sotana y fue al Seminario, en Quito, a estudiar para sacerdote, ordenándose en noviembre de 1953, en medio del júbilo de la familia Cordero, especialmente Miguel, el padre adoptivo, que “daba gracias a Dios por haberme concedido prohijar y educar a César Cordero y cuando lo veía crecer en su niñez y juventud no me daba aún cuenta que estaba orbitando un sol en el ámbito de la Familia Cordero y de la historia de Cuenca”.

En 1955 César estudia Filosofía y Letras en la Universidad de Cuenca, donde obtiene una licenciatura. Luego, cursa Psicología en Lima y París, graduándose de doctor. Entonces funda una escuela para pobres, que más tarde la llama Arzobispo Serrano, en homenaje al prelado que le ordenó sacerdote, plantel que “sería la semilla primigenia del quehacer educativo al que me dedicaron mis superiores jerárquicos en ejercicio del ministerio sacerdotal”, apuntaría en sus memorias.

Al concluir la formación académica, César está claro de lo que haría de su vida: dedicarse a la docencia y a crear planteles educativos desde los primeros hasta los más altos niveles, sin descuidar, naturalmente, las obligaciones religiosas ni la promoción de la secular herencia “corderiana” presente en la historia, la cultura y el progreso de Cuenca y del país.

Cuando el 1 de enero de 1956 el Vaticano creó el Arzobispado de Guayaquil, decide gestionar una jerarquía similar para Cuenca, a la que no podía relegarse el honor, pues por 70 años la ciudad porteña había sido vicaría de la diócesis de Cuenca, hasta 1838, cuando el Papa Gregorio  XVI creó el obispado guayaquileño.

En los años 50 del siglo pasado se construyó el edificio del Seminario de Monay, obra en la que puso interés el padre Cordero, quien aparece (tercero desde la izquierda, primera fila) con un grupo de sacerdotes presididos por el arzobispo Manuel Serrano, en una visita al sitio previsto para la obra.

La coyuntura del año 1957, cuarto centenario de la fundación de Cuenca, propiciaba el éxito de la gestión, que tuvo apoyo del Presidente Camilo Ponce, de la nunciatura y de cuencanos en altas funciones públicas, como Alfonso María Mora, Presidente de la Corte Suprema de Justicia; Gonzalo Cordero, Ministro de Previsión Social; Luis Cordero, su tío, Alcalde de Cuenca. “Apliqué a la gestión la constancia, acuciosidad y discreción que son mi norma de actuar y decidir”, apuntaría.

El 12 de abril de 1957, durante la solemne misa por el cuarto centenario, el Presidente de la República, presente en el acto, recibe un cable de Roma anunciando la creación del arzobispado. En su intervención, el mandatario dijo: “Benévolo y paternal, el Papa Pío XII ha accedido a la petición y, hoy 12 de abril, fecha del IV Centenario, me lo dice este cable, acaba de firmar la Bula correspondiente. Saludo a la Arquidiócesis de Cuenca y a su primer Arzobispo, el ilustrísimo señor Manuel Serrano Abad, para cuya designación el Gobierno de la República ha prestado inmediata y entusiasta venia”. El flamante prelado, emocionado, premió el trabajo de César obsequiándole su reloj y leontina de oro.

En los años sesenta el entusiasta religioso ya tiene en servicio jardines de infantes, escuelas y colegios católicos. En 1967 es elegido Presidente de la Federación de Establecimientos de Educación Católica y se empeña en crear un plantel de educación superior. El primer logro fue una extensión de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, de la que “se apropiaron los sacerdotes murcianos encargados por esa época del Seminario Mayor de Cuenca”, se lamentaría, sintiéndose víctima de latrocinio y despojo. Sin amilanarse, se impuso el reto de crear una nueva Universidad Católica, para lo cual afinó documentos, redactó solicitudes, el estatuto y reglamentos, con los que acudió ante el Presidente Velasco Ibarra que conmemoraba el segundo año de gobierno el 31 de agosto de 1970 y él logró estar en el banquete.

La situación política era propicia, pues Velasco, proclamado dictador el 22 de junio de 1970, clausuró, entre otras, la Universidad estatal de Cuenca. El 7 de septiembre firmó el decreto redactado  por César Cordero de creación de la Universidad Católica,. “Los recalcitrantes sectarismos y los monopolios, con la nueva Universidad, recibieron golpe de gracia”, apuntaría en las memorias, añadiendo: “Al redactar dicho decreto, cuidé de no poner nada referente a la FEDEC (Federación de Educadores Católicos),que después hubiera podido reclamar derechos. Por tal motivo, previamente a la entrega de documentos, el 12 de agosto de 1970, reuní un núcleo de caballeros católicos y algunos religiosos y con ellos constituimos jurídicamente el Patronato Educadores Católicos del Azuay “.

El Directorio quedó con Carlos Arízaga Vega, Presidente; Luis Moscoso Vega, Vicepresidente; director y secretario César Cordero Moscoso; tesorero, Arturo Camacho y vocales Luis Páez Fuentes, Pedro Córdova Álvarez y Hugo Darquea López.  En 2001, la entidad, con cuarenta miembros, se convirtió en la Fundación Educativa para el Desarrollo César Cordero Moscoso. En el acta los miembros prometen “Ayudarla a servir la promoción social y a cumplir los deberes primordiales respecto del destino presente y futuro de los bienes e igualmente los de impulsar y mantener siempre la memoria, los ideales y las obras de servicio de su esclarecido Patrono”. Cinco de los suscriptores han fallecido, pero se han sumado veinte socios nuevos.

La Universidad funcionó primero en el local del antiguo Seminario, frente al parque central de Cuenca, pero mediante gestiones de financiamiento, su fundador construyó locales propios al norte de la ciudad, con una basílica cuyas torres sobresalen en la colina de Cullca. Los sucesivos arzobispos apoyaron la obra educativa del padre Cordero, excepto monseñor Alberto Luna, con quien mantenía relaciones tensas. En el frontis de la basílica fueron colocadas estatuas en bronce del sacerdote Miguel Cordero Crespo, tío y padre adoptivo del fundador; del obispo Daniel Hermida, que le ordenó sacerdote; del arzobispo Manuel Serrano Abad, que apoyó su obra y, junto a esas esculturas, la suya, como  fundador de la comunidad educativa católica. Cuando devolvió el edificio del Seminario a la Curia, monseñor Vicente Cisneros le obsequió cincuenta mil dólares, en compensación.

En la inauguración de la basílica, con gran solemnidad, el 28 de mayo de 2010, estuvieron el Nuncio Giácomo Guido Ottonello y varios miembros de la Conferencia Episcopal. En la liturgia los rectores asociados Carlos Darquea y Marco Vicuña pronunciaron las lecturas de la misa, luego de la cual  se repartieron banderines, medallas conmemorativas de plata y bronce con las efigies del Papa, del Nuncio y de la Santísima Trinidad, en cuyo honor se erigió el templo, reconocido por el Vaticano como Basílica Menor.

En agradecimiento al Papa, una delegación del Consejo Universitario con los sacerdotes ex alumnos Oswaldo Vintimilla –hoy obispo de Azogues-, Luis Ochoa, Rodrigo Flores y Juan Morocho, fue a Roma para entregarle al Pontífice una cruz pectoral y su cadena, en oro de 24 quilates, el 26 de enero de 2011.

El religioso deja testimonio de que en su vida sacerdotal ayudó a los pobres. Pero también se preocupó por sus parientes y colaboradores, que “recibieron mis aportes de una u otra manera y festejé sus aniversarios. A mis hermanos mayores agasajé especialmente al cumplir sus noventa años”.

La restauración de la Casa Cordero –del abuelo Presidente de la República- convertida en museo y sitio de atracción cultural y turística, así como viejas edificaciones en Machángara, Surampalty (donde nació el abuelo) y otras, han requerido grandes inversiones que él las ha asumido y son testimonios del abolengo del que se sintió honrado de ser parte. En la Casa Cordero está la “Presencia perdurable de la estirpe de Luis Codero”: en un corredor con deslumbrantes decorados, la Galería de la Fama, con las efigies en bronce del poeta coronado, de las damas que fueron su primera y segunda esposa, así como de los hijos que procreó. También hizo esmerada restauración del Mausoleo de la familia Cordero, en el cementerio patrimonial de Cuenca.

La Casa Cordero donó el sacerdote a la Universidad Católica de Cuenca, mediante escritura firmada el 7 de agosto de 1996, con todos sus bienes, a condición de que mantenga las tradiciones religiosas como el pase del Niño Viajero, el priostazgo del sábado siguiente al Corpus y el torneo anual de La Morlaquita.

El 18 de agosto de 2013, -día onomástico de su madre-, se retiró de la dirección de sus centros educativos, ya con deterioro en la salud. Entonces propuso para el Rectorado de la Universidad al doctor Enrique Pozo Cabrera, vinculado al plantel desde los años de estudiante, quien inicialmente se negó a aceptarlo. “Hube de rogarle –dice el sacerdote- en nombre de Dios y en atención a la vigencia de tan compleja obra, se dignó ofrecerme su asentimiento”. Entonces fue convocado el Consejo Universitario que confirmó con aplausos a la nueva autoridad, hoy en funciones.

César Cordero Moscoso recibió en su larga trayectoria sacerdotal y pedagógica altas condecoraciones religiosas, del gobierno, del congreso, de entidades públicas, académicas y culturales del Ecuador y del extranjero, pero una sola, que le fue adjudicada y no se la entregó, opacó a todas.

Desde julio de 2013 vive postrado con las extremidades inferiores inmovilizadas por problemas circulatorios que  casi le llevaron a  amputarle. El 6 de abril –hace tres meses- recibió con júbilo la noticia de que en el cabildo del día 12, por los 461 años de fundación de Cuenca, el alcalde Marcelo Cabrera le entregaría la presea Santa Ana de los Cuatro Ríos, con la que premia la Municipalidad cada año “a la persona que ha prestado trascendentales servicios a la ciudad…”.

Días antes, autoridades de la Universidad Católica usaron la silla vacía del Concejo para gestionar la presea con una documentación probatoria de los méritos del religioso, maestro y fundador de planteles de todos los niveles educativos. La solicitud se la aprobó, pese a que el beneficiario no estaba entre los escogidos por la comisión de discernimiento. Su edad y precaria salud acaso influyeron para el homenaje que se le debía tributar en vida.

Su alegría fue corta, pues familiares de Jorge Palacios, antiguo discípulo, reclamaron por la distinción, acompañando una denuncia contundente: el entonces niño –ahora hombre de 63 años- habría sufrido abusos sexuales del religioso y un proceso investigativo del año 2010 había quedado trunco en la Municipalidad y en Fiscalía.

El 11 de abril, en vísperas del día festivo de Cuenca, la denuncia difundida públicamente provocó que el homenajeado se excusara de la condecoración. Pasada la celebración cívica el caso se convirtió en escándalo, tanto más que aparecieron más acusaciones  similares, acogidas por la Curia Arquidiocesana para las investigaciones.

Entre el 21 y el 22 de mayo Palacios y dos personas más rindieron testimonio detallado de los abusos, ante sacerdotes extranjeros asignados por la Iglesia de conformidad con el Código de Derecho Canónico: Jaime Ortiz De Lazcano Piquer como Investigador y Luis Aldaz Salazar, como Notario. También recibieron la confesión del acusado.

AVANCE intentó entrevistar al padre Cordero, quien al excusarse por su salud, le hizo llegar la copia de su declaración ante los investigadores eclesiásticos, que se publicó en la edición de junio y fue una revelación de grandes repercusiones en Cuenca, en el país y aun fuera. Allí se declaró inocente, dijo que quienes acusan buscan dinero, que los supuestos abusados son cómplices de los delitos, y refutó al Papa Francisco por pedir perdón a las víctimas de abusos sexuales bajándose al nivel de los malhechores, para “congraciarse con los enemigos de la Iglesia”.

Un comunicado de la Arquidiócesis, de 2 de junio, sobre la publicación de AVANCE, acusó al sacerdote Cordero de haber “violado la confidencialidad de este proceso”, lo que “agrava la situación personal del imputado”. El 30 de mayo, un boletín de la Arquidiócesis decía que “Luego del detallado estudio de todas las pruebas emergentes en los autos de la Investigación Previa, habiendo escuchado a los denunciantes y al imputado, el perito CONSIDERA VEROSÍMILES LAS ACUSACIONES EN CONTRA DEL PBRO. CÉSAR C.M.” (SIC) y dispuso como medidas cautelaras suspenderle el ejercicio del ministerio público y que se abstuviera de hacer declaraciones.

La Universidad Católica de Cuenca, fundada por el padre Cordero Moscoso, retiró el monumento levantado al personaje en el frontis de la Basílica de la Santísima Trinidad, así como las esculturas, imágenes y frases con pensamientos del religioso en locales de las facultades y oficinas en las sedes de Cuenca y de las ciudades donde tiene extensiones.

El Gobierno Provincial del Azuay dejó sin efecto la presea Huayna Cápac conferida en la administración del Prefecto Marcelo Cabrera en 2004 y, la Municipalidad de Cuenca, el 11 de junio, acordó “Revocar y dejar sin efecto los premios, preseas, acuerdos, condecoraciones y en general todo reconocimiento entregado a favor del Dr. César Cordero Moscoso, por parte del I. Concejo Cantonal, el GAD Municipal del Cantón Cuenca, las Empresas Públicas Municipales y todos sus entes adscritos”. La resolución firman el Alcalde Marcelo Cabrera, la Vicealcaldesa Ruth Caldas y todos los ediles.  

La situación religiosa  y legal del padre Cordero es complicada. Tres acusaciones son investigadas dentro de la legislación canónica y cinco por la Fiscalía.

En la copia de la declaración publicada en junio, no están las firmas de los investigadores ni del investigado, quizá en rechazo a las expresiones contra el Papa Francisco. Se podría presumir el marco de tensión en el que se desarrolló la diligencia en la que, prácticamente, el padre Cordero asume una posición rebelde contra el Pontífice. ¿Acaso el testimonio de cada víctima era suficiente y resultara innecesaria la versión del acusado?

Jorge Palacios guardó en íntimo secreto el conflicto psicológico y humano que le acompañó de por vida, por los traumas de la violación sexual en la infancia que se atrevió a denunciarla luego saber de la condecoración con la que la Municipalidad iba a rendirle homenaje a quien él creyó que no merecía premio, sino castigo.

El 21 y 22 de junio la Fiscalía tomó la versión del sacerdote en el hospital donde reside: insistió en su inocencia y su abogado aludió a posibles acciones judiciales contra quienes supuestamente han calumniado, afectándole gravemente el honor, a su defgendido.

 

EL MILAGRO DEL TÍO BISABUELO

El 25 de julio de 2013 el padre Cordero fue internado en el Hospital Universitario Católico, fundado por él, por serios problemas circulatorios en las piernas, con riesgo de amputación. Diez días después, se complicó más, por una tromboembolia pulmonar.

   El 20 de agosto los médicos le desahuciaron y antes de entrar en inconciencia, invocó al padre Emilio Moscoso, su tío bisabuelo, inmolado el 20 de mayo de 1887 en el colegio San Felipe de Riobamba, durante una sacrílega invasión soldadesca al templo.

   En la madrugada del otro día habían desaparecido las dolencias. Los médicos se sorprendieron de la mejoría sin explicación científica, y consideraron que sería un milagro. Horas antes, su ex alumno sacerdote Oswaldo Vintimilla ya le había dado la extremaunción.  

   El 15 de mayo de 2016, postrado por los problemas circulatorios en las piernas, envió una declaración al Vaticano, a favor de la beatificación del tío bisabuelo. “Declaro con juramento ante Dios y ante las Autoridades de la Iglesia –dice el documento-, que estando al borde de la muerte, recobré la salud y lo atribuyo a mis reiteradas súplicas a Dios Padre Misericordioso por mediación de su Siervo Mártir Padre Emilio Moscoso Cárdenas, quien testimonió con su sangre la Fe Católica y el culto a la Santísima Eucaristía, frente a los enemigos encarnizados de la Iglesia Católica, que la revolución liberal masónica de la época persiguió sañudamente, con prisiones, destierros, despojo de bienes e implantación del laicismo antirreligioso en Ecuador”.

   Posiblemente, ante las acusaciones de abuso sexual, por las que le investigan la Iglesia y la Justicia civil, el nonagenario sacerdote espera un milagro más prodigioso aún del tío bisabuelo, para ser reconocido inocente, como él asegura serlo, ante los tribunales eclesiásticos y profanos.