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La Casa de la Cultura Ecuatoriana reeditó la novela Polvo y Ceniza, premiada en 1978 en un concurso entre jóvenes escritores ecuatorianos. Es la obra más representativa del autor, considerada entre las producciones destacadas de la literatura nacional en el siglo XX

Eliécer Cárdenas y la portada de la obra editada por la matriz de la Casa de la Cultura

Polvo y Ceniza, la novela con la que Eliécer Cárdenas Espinoza se consagró entre los más representativos literatos ecuatorianos del siglo XX, cumple este 2019 los 40 años de su primera publicación. Centrada en la historia y la leyenda del bandolero lojano Naún Briones, fue premiada por la Casa de la Cultura, en concurso promovido a nivel nacional entre autores jóvenes. Entonces Eliécer tenía 28 años.

   Por las cuatro décadas de su primera aparición, la Casa sacó una edición especial, más otras dos con las que se completa la Trilogía Bandolera con El árbol de los quemados y El héroe del brazo inerte, cuyos protagonistas mantienen el mito del primer personaje, aunque no su dimensión épica, pese a la narración más depurada y madura: “Otras dos obras mías no menos importantes dentro del conjunto de mis novelas, y que tienen como temática el bandolerismo del sur ecuatoriano de las primeras décadas del Siglo Veinte”, dijo el autor al presentar la Trilogía en el Salón del Pueblo de la Casa de la Cultura de Cuenca, donde fue presentada la primera edición en 1979.

Naún Briones en su adolescencia, el protagonista de la obra literaria 

   “Polvo y Ceniza ha tenido hasta ahora más de 17 ediciones y varias reimpresiones, tres de ellas en México, Cuba y España respectivamente, y ha sido traducida total o parcialmente a varios idiomas, entre ellos el inglés, francés, alemán, portugués e italiano. Polvo y Ceniza figura además en los pénsumes de estudio de la literatura ecuatoriana en el nivel medio, y la obra ha sido objeto de diversos estudios académicos, artículos y obras críticas”, dijo el autor ante el público asistente a la programación.

   “A cuarenta años de la publicación de Polvo y Ceniza, me queda la gratitud –expresó- por aquellos lectores que hicieron de esta obra uno de sus libros preferidos, y que pertenecen a varias generaciones y las más diversas condiciones sociales. Polvo y Ceniza fue fundamental en mi carrera de narrador, y a esta obra le debo muchas satisfacciones, así como también algunos disgustos y frustraciones, como cuando piratearon en algunas ocasiones la obra. En este mismo espacio hace cuarenta años presenté la primera edición de Polvo y Ceniza. Quiero rendir un homenaje a los ausentes, que ya no están pero que estuvieron presentes en el acto, mi padre Arturo Cárdenas Espinoza, mi madre Soledad Espinoza Cordero, mis hermanas Marisol y Gema, mi suegro Ernesto Patiño Ochoa, mi primer editor y gran amigo de juventud Alberto Crespo Encalada, mi amigo Iván Encalada Zamora, y espero que desde el Hades estén participando de este acto, porque como dice el gran escritor japonés Huraki Murakami, Los muertos nunca mueren en realidad mientras sean recordados. La verdadera muerte es el olvido.”

   En espacio aparte, Eliécer departió para AVANCE algunas curiosidades sobre Polvo y Ceniza, obra que siendo la primera con la que descolló tempranamente en el ámbito nacional, constituye la producción más relevante de su trayectoria literaria.

   El Jurado que le adjudicó el premio en 1978 lo integraron Pedro Jorge Vera, Alicia Yánez Cossío y Paúl Engel, escritor de origen austríaco más conocido por el seudónimo Diego Viga. Diez mil sucres fue el premio, suma que a la época tenía un importante valor económico.

   No falta lo anecdótico en el diálogo: Oscar Ayerve, joven quiteño que había tenido acceso a los originales de la obra premiada, se apresuró a realizar una edición pirata de Polvo y Ceniza, lo que motivó un proceso judicial que le entabló Alberto Crespo Encalada, amigo de Eliécer, propietario de una pequeña imprenta donde se imprimía la novela.

   “La obra pirata no salió a la venta, pues el editor cuencano ganó el juicio con patrocinio del abogado Armando Pareja Andrade, mi profesor en la Universidad Central, donde yo estudiaba Derecho”, recuerda Eliécer. La primera edición, de cinco mil ejemplares, tuvo gran acogida y circuló rápidamente en el Ecuador. La edición pirata iba a circular con el nombre de autor Juan Martín, el seudónimo con el que Eliécer envió su obra al concurso.

   ¿Y los orígenes de Polvo y Ceniza? En conversaciones familiares, Eliécer conoció de las peripecias del bandido Naún Briones, nacido en Cangonamá en 1907, y se interesó por seguir los pasos que él recorrió por Gonzanamá, Sozoranga, Alamor, Catacocha, San Pedro de la Vendita, Cariamanga, Macará y otros pueblos de la provincia de Loja donde cometió fechorías, crímenes, asaltos y robos a los ricos, para regalar a los pobres. También husmeó en los archivos judiciales de la Corte de Justicia de Loja y los periódicos del tiempo en que vivió Briones. Hasta dio con Dolores Jaramillo Mora, la mujer con la que Naún tuvo un fugaz matrimonio eclesiástico antes de continuar sus andanzas bandoleras y caer asesinado en una emboscada militar de la que no pudo escapar en enero de 1935. Dolores habría sido mayor con 12 años a Naún.

   A cuatro décadas de su aparición, Polvo y Ceniza se mantiene entre las novelas de mayor permanencia en la historia de la literatura ecuatoriana, refrescada ahora con la edición excelente en su presentación, de la Casa de la Cultura. La realidad histórica, enriquecida con la ficción, hacen de la obra una versión literaria interesante en toda su extensión. En septiembre próximo será presentada en la Feria del Libro, en Guayaquil.

Eliécer Cárdenas, al centro, el día de la presentación de la obra premiada. A su izquierda Martha Cardoso y Edgar Carrasco. Detrás, sus padres Arturo Cárdenas y Soledad Espinoza Cordero. A la derecha de Eliécer su hermana Gema, ya fallecida, y detrás su tío Cesár