El entorno paisajístico, la original arquitectura, la importancia cultural y la comunión armoniosa de los habitantes con su geografía llevaron a que la UNESCO asignara a la ciudad el título universal que le compromete a defenderlo hoy y en el futuro

Cuenca conmemora veinte años reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. El 1 de diciembre de 1999, en Marrakech, Marruecos, se oficializó la declaratoria, recibida con el alborozo de un premio a la ciudad que armoniza el paisaje, la arquitectura y las expresiones culturales.

Fue la culminación de un proceso en el que puso empeño el Alcalde de entonces, Fernando Cordero Cueva, sobre un tema que inquietaba ya casi tres décadas, pues a inicios de los 70 del siglo XX se tomó conciencia de la depredación de bienes patrimoniales que debieron preservarse como testimonios de identidad e historia.

 

A raíz de la demolición del viejo edificio de la Gobernación del Azuay -1970- un debate logró que la nueva edificación respetara las características arquitectónicas del entorno. “Desde entonces se tuvo el cuidado en autorizar estas acciones y se organizó un equipo técnico presidido por el arquitecto Patricio Muñoz Vega, cuya misión consistió en hacer estudios de la arquitectura tradicional y se realizó el primer inventario de inmuebles de valor arquitectónico cuya preservación quedó establecida con disposiciones expresas”, diría años después el Alcalde de entonces, Alejandro Serrano Aguilar.

Es acaso la primera referencia al tema, con un giro frente a la tendencia a menospreciar lo antiguo, que había llevado a remplazar viejos inmuebles con edificios de características extrañas al medio, considerados el último grito de la “modernidad”.

En 1981 se creó el Instituto de Patrimonio Cultural de Cuenca y empezó por contratar técnicos que estudiaran la preservación del barranco a orillas del Tomebamba. “Entonces nos atrevimos a sugerir que este sector característico debería ser declarado patrimonio cultural de la humanidad y la mitad de los presentes se rio y la otra mitad pasó por alto la idea”, diría Fernando Cordero en 1999, al darse la declaratoria de la UNESCO.

Antes de la declaratoria, en los años 80 del siglo pasado, con apoyo del Fondo de Salvamento, se intervino en el hospital San Vicente de Paúl, el Museo Remigio Crespo Toral, la Catedral Vieja y la Casa de Chaguarchimbana, locales patrimoniales en riesgo de hacerse ruinas. El Banco Central asumió la reconstrucción de la Casa de Temperancia, para Museo de Arte Moderno.

 El Alcalde Fernando Cordero a su retorno de Marrakech, con el título patrimonial

En julio de 1998 el concejal José Medina entregó en la sede de la UNESCO, en París, el expediente con el que la Municipalidad proponía que Cuenca – cuyo centro histórico fue declarado en 1983 Patrimonio Cultural del Ecuador- se inscribiese en la lista de ciudades patrimoniales del mundo. En enero siguiente estuvo en la ciudad Francisco López Morales, del Instituto de Conservación de Monumentos y Sitios (ICOMOS), para estudiar la propuesta y constatar la información que le llevó a apoyar la iniciativa ante el Comité de Mesa formado por delegados de Japón, Marruecos, Benín, Cuba e Italia. El expediente consideraba 178.23 hectáreas del centro histórico, 30.12 hectáreas de áreas especiales y 15.79 hectáreas de superficie con méritos arqueológicos.

El técnico planteó dos recomendaciones que estuvieron a punto de postergar un año la decisión de la UNESCO: que se determinara el área de protección del centro histórico y se estableciera la altura de las edificaciones para proteger la visión del paisaje. Estos temas habían sido resueltos un año antes, con la Ordenanza del Plan de Ordenamiento Territorial, uso y ocupación del suelo, lo que se aclaró ante el Director del Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO, Mounir Bonchenaki.

Todo estaba en orden y la intervención de Mauricio Montalvo, Delegado adjunto del Ecuador ante la UNESCO y de Juan Cueva Jaramillo, Embajador del Ecuador en Francia, facilitó los trámites para que el 1 de diciembre de 1999 el Comité de Patrimonio Mundial, integrado por 21 representantes, aprobara por unanimidad inscribir a Cuenca en la lista de ciudades calificadas Patrimonio Cultural de la Humanidad.

El reconocimiento de la UNESCO ha permitido consolidar la preservación de bienes patrimoniales de Cuenca, aunque no ha logrado evitar casos puntuales de desacato –a veces impune- de las normas que impiden destruir reliquias arquitectónicas o naturales que debieron conservarse a toda costa.

 

Secuencia de la impune destrucción, más que una denuncia, que quizá llame la atención del actual Alcalde.

 

 

OPINA EL ALCALDE DE ENTONCES

Fernando Cordero Cueva

Cuenca fue incluida, por la UNESCO, el 1 de diciembre de 1999 en la lista del patrimonio mundial. Para mí, la historia comenzó al menos 15 años antes. En 1984, un equipo de técnicos realizamos la planificación urbanística de “El Barranco”, por encargo de la Subdirección de Patrimonio Cultural del Austro. Lo presentamos en el Salón de la Ciudad con un memorable audiovisual -en esa época con “slides” y casetes de audio- y una hermosa exposición de dibujos sobre El Barranco. El Alcalde de la Ciudad, doctor Pedro Córdova, refiriéndose a los dibujos de las fachadas de “El Barranco”, afirmó que “…desde ya, estos dibujos, son Patrimonio Cultural de la Ciudad”.

Emocionado, con el salón repleto, me tocó intervenir. Sugerí que “El Barranco” al combinar en forma singular arquitectura, topografía y vegetación, con el emblemático “Julián Matadero” -nombre coloquial de nuestro hermoso río Tomebamba- era tan importante para Cuenca que podría ser considerado patrimonio cultural del Ecuador y me atreví a ir mas allá ¿y porqué no?... ¡Patrimonio cultural de la humanidad! La mitad de la gente se rio… la otra mitad se quedó callada.

La inclusión de Cuenca en el Patrimonio Mundial nunca fue un fin sino tan solo un medio. En mayo de 1996, Cuenca me eligió su Alcalde. Con mucha convicción y compromiso propusimos al Concejo iniciar una “minga” para conseguir que la UNESCO inscriba nuestra ciudad y particularmente su Centro Histórico en la lista del patrimonio universal. La convocatoria rebasó nuestro optimismo. El entusiasmo e incansable trabajo de mucha gente dentro y fuera de Cuenca y el país, fue enorme. Cada acto realizado y cada decisión tomada nos subía la autoestima colectiva.

Fueron tantos los mingueros que cometería muchos errores al intentar nombrar a concejales, directores y funcionarios municipales, profesores universitarios, artistas, artesanos, dirigentes barriales, emprendedores y dirigentes empresariales, comunicadores y miles de cuencanas y cuencanos que el 1 de diciembre de 1999, con la autoestima en el cielo, celebraron su triunfo cuando la UNESCO en Marraquech incluyó nuestro Centro Histórico en la lista del Patrimonio Mundial.

 

20 años después…

Estimo que se ha abandonado el concepto inicial de mantener la vivienda en el centro de la ciudad e incluso incrementar su población. Se ha mercantilizado de tal manera los bienes patrimoniales y generado complejos procesos que han “expulsado” a las pocas familias que aún vivían en el centro histórico. Hemos dejado que la especulación y la codicia modifiquen las características sociales y ambientales de la ciudad patrimonial.

Es urgente formular un Plan Especial del Centro Histórico en el contexto del nuevo Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial de Cuenca.

Es hora también de que Cuenca, con Quito, Galápagos y Morona, exijan al Gobierno y a la Asamblea una legislación que asigne un porcentaje del impuesto a la renta, para financiar los gastos de conservación y mantenimiento de los patrimonios culturales y naturales de carácter mundial, ubicados en nuestros cantones.