¿Tiene la Vicepresidencia una especie de “jettatura”, de mala suerte? Depende, porque en unos casos, los vicepresidentes ecuatorianos salieron de la penumbra al solio presidencial, en tanto otros no resultaron inquilinos de Carondelet aunque lo tuvieran constitucionalmente el derecho a ello

La Vicepresidencia de la República ha sufrido recientemente los avatares de, en menos de catorce meses, contar con tres titulares de la función, el primero, Jorge Glas, electo con la papeleta del binomio de PAIS, en unas cuestionadas elecciones; María Alejandra Vicuña, la segunda, elegida por la Asamblea Nacional de una terna enviada por el Ejecutivo y defenestrada a causa de la denuncia sobre supuestos cobros a funcionarios dentro de la modalidad de los “Diezmos”, y el tercero, Otto, de un apellido alemán difícil de pronunciar, supuestamente apolítico y surgido de la radiodifusión, de la cual era empresario.

La Vicepresidencia siempre fue en el Ecuador ese “objeto de deseo” de políticos y agrupaciones aliadas a la fórmula de candidatos que llegaban al poder del Estado. Recordemos que Carlos Julio Arosemena, Vicepresidente en el Cuarto Velasquismo, fue llamado por el Mandatario “conspirador a sueldo”, y sustituyó al “Gran Ausente” tras su estrepitosa caída, para ser derrocado a su vez por una junta militar.

Blasco Peñaherrera, que en el ejercicio de Vicepresidente de Febres Cordero se ganó el decidor apodo de “Serrucho”, sufrió un virtual secuestro en el Palacio de Gobierno, mientras los militares sublevados de 11:00aura actuaban de perdonavidas ante un intimidado jefe de estado que confesó una vez que “no se ahuevaba”. Rosalía Arteaga, Vicepresidenta de Abdalá Bucaram, tuvo la poca fortuna de que le birlaran la Presidencia de la República cuando “el loco que ama” fugó llevando en su equipaje unos sospechosos sacos, que sus enemigos políticos dijeron estaban repletos de billetes extraídos de las bóvedas del Banco Central.

Durante el Correato, que tuvo dos Vicepresidentes en la década, el primero justamente Lenín Moreno, y el segundo Jorge Glas. Moreno fue celosamente controlado por Correa, que temió siempre la competencia en carisma y bonhomía de Moreno, mientras Glas, en apariencia un gris segundo Mandatario de rostro talmente olvidable, ejerció gran poder en el manejo de las áreas estratégicas que dio como corolario el escándalo de Odebrecht y su enjuiciamiento y prisión cuando fue, malhadado heredero de la segunda corona”, enjuiciado y apresado a causa del tristemente célebre caso.

 ¿Tiene la Vicepresidencia una especie de “jettatura”, de mala suerte? Depende, porque en unos casos, los vicepresidentes ecuatorianos salieron de la penumbra al solio presidencial, Arosemena Monroy, Noboa Bejarano, Palacio, en tanto otros no resultaron inquilinos de Carondelet aunque lo tuvieran constitucionalmente el derecho a ello. En cualquier caso, ser Vicepresidente de la República parece ser una de las actividades más riesgosas en el Ecuador, junto con el periodismo de investigación y el motociclismo en carreteras, o ser simplemente pasajero de transportes interprovinciales, situaciones de sumo riesgo como es sabido al tenor de las estadísticas.

El actual Vicepresidente, hombre joven con un currículo nada político, aún por estrenar en el mando secundario de ser reemplazo del Mandatario, tampoco se halla de antemano excluido de seguir la mala suerte de sus inmediatos antecesores, porque la honradez suele ser mérito humano que, como la virginidad femenina, se pierde al menor desliz.