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El Papa Francisco preside una reunion mundial de cardenales y obispos que trató del 21 al 24 de febrero la crisis que la pederastia ha provocado en la iglesia

La cumbre mundial de la Iglesia Católica entre el 21 y 24 de febrero de 2019 sobre la pederastia clerical, fue la reacción frente a una profunda crisis moral que amenaza la credibilidad de una de las mayores comunidades religiosas extendidas por el Planeta

El Papa Francisco tuvo la entereza de convocar la cita para la protección de los menores, a la que asistieron 190 delegados de todos los continentes, incluidos 140 cardenales. Mientras gran parte de la humanidad sufre por la injusticia social, la corrupción, el hambre, el terrorismo, la destrucción ambiental o la desigualdad entre países ricos y pobres, la institución protectora de la espiritualidad debate sobre escándalos sexuales de muchos de sus sacerdotes y jerarcas.

El Cardenal australiano George Pell fue detenido por la justicia ordinaria el 27 de febrero, acusado de abusos sexuales.  Podría ir a prisión hasta por 50 años

La cita universal tuvo dos referentes que marcaron su inicio y su clausura. El primero, la expulsión de las filas de la Iglesia del ex arzobispo de Washington y Cardenal de Estados Unidos, Theodore McCarrik, luego de confirmarse que abusó sexualmente de niños durante su trayectoria. Era el religioso de mayor jerarquía sancionado en la historia de la Iglesia Católica, por esta causa.

El otro referente: la sentencia impuesta por un tribunal de Justicia de su país el 24 de febrero al Cardenal australiano George Pell, arzobispo de Melbourne, responsable de las finanzas del Vaticano, la tercera autoridad vaticana de más alta jerarquía después del Papa Francisco. Sobre este caso no hay una decisión papal.

Pell, nombrado arzobispo de Melbourne en 1996, fue acusado de pederastia a poco de asumir el cargo. Un día, después de oficiar misa, sorprendió en la sacristía a dos monaguillos que se habían bebido el vino de las ceremonias. “Luego abusó de uno oralmente y tocó los genitales al otro mientras se masturbaba”, según el tribunal que le acaba de declarar culpable de abuso a menores, lo que le llevaría a la cárcel de confirmarse la resolución, sometida a recurso.

Francisco ha decidido abordar el problema global de pederastia clerical, lo que constituye la mayor oportunidad para combatir el flagelo de dominio público desde los años 60 del siglo pasado, que fue encubierto o ignorado deliberadamente para salvar el prestigio de la Iglesia. No obstante, los resultados de la cita son discutibles y han generado también críticas porque no se han emitido documentos capaces de ponerse en manos de la justicia terrenal para que se sancione a los culpables.

La segunda jornada de trabajo de la cumbre se inició con la lectura de un testimonio de una mujer víctima de abuso sacerdotal: “Cuando fui abusada por un sacerdote, mi madre Iglesia me dejó sola. Cuando necesitaba a alguien en la Iglesia para hablar de mi abuso y soledad, todos se escondieron. Me siento aún más sola porque no sé a quien acudir”, dijo, provocando estupor en el cónclave religioso.

También se dio una cumbre paralela en Roma, con personas abusadas por religiosos que marcharon en torno al Vaticano exigiendo justicia. Las víctimas, reunidas en Endin Clergy Abuse (ECA), traducido por Fin al Abuso de los Clérigos, expresaron su decepción luego de escuchar un discurso del Papa.

La asociación española Infancia Robada, estuvo presente en las protestas. Su portavoz, Miguel Hurtado, refiriéndose al discurso del pontífice, dijo que era “una bofetada a las víctimas… Un discurso que se pasa la mitad del tiempo hablando de lo que sucede fuera de la Iglesia. Evade la responsabilidad. Cuando habla de la Iglesia, habla del Diablo, como si la víctima fuera la Iglesia. El Diablo son los obispos que han encubierto los abusos. Ha externalizado el problema, como si no fuera por culpa de la estructura de poder vaticana, que ha preferido defenderse a sí misma que proteger a los menores. Ni siquiera habla de rendición de cuentas, de cómo castigar a los obispos que no cumplen con su deber”.

Al interior del cónclave hubo también voces recriminatorias. El cardenal de Alemania Reinhard Marx, Presidente de la Conferencia Episcopal de su país, denunció que la Iglesia Católica destruyó archivos sobre abusos sexuales. “Los archivos que hubieran podido documentar estos actos terribles e indicar el nombre de los responsables fueron destruidos o no se llegaron a crear”, dijo el jerarca. Alessandro Gisotti,  vocero del Vaticano, confirmó las aseveraciones del religioso alemán, pero aclaró que eran documentos “internos”.

La organización Endin Clergy Abuse (ECA), traducido por Fin al Abuso de los Clérigos, se manifestó cerca al Vaticano, mientras se realizaba la cita universal convocada por el Papa

De las aberraciones sexuales dentro de las jerarquías de la Iglesia, tampoco se libran las mujeres. En la cita se conoció casos de monjas de África y la India abusadas y violadas, siendo vulnerables las que dependen económicamente de sacerdotes y obispos con poder sobre ellas. Franco Mulakkal, obispo de Kerala, al sur de India, enfrenta acusaciones por abusar de una religiosa. Él lo niega, pero una carta de decenas de monjas denunciándolo está en manos del Vaticano.

El tiempo lo dirá, sobre los efectos de la cita mundial de jerarcas católicos que abordó el escabros tema de la corrupción sexual de sacerdotes, obispos y cardenales. El tema prácticamente empieza a desbordar las esferas del secretismo conventual y anuncia nuevos capítulos: el surgimiento de movimientos de los hijos de religiosos que tienen sus reclamos. Una red denominada Coping International convoca a los hijos de religiosos católicos, que ya contaría con 50 mil contactos de 175 países. También se agrupan sacerdotes homosexuales que protestan porque se asocie la homosexualidad con la pederastia.

Algo omitido de la cumbre mundial fue el tema del celibato sacerdotal, contrario a lo más original de la condición humana, que impone una represión que desborda en los escándalos que parecerían una plaga que corroe a la propia Iglesia.