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Medicinas y alimentos de ayuda humanitaria ardiendo en llamas durante la represión brutal del 23 de febrero en un puente fronterizo entre Colombia y Venezuela

Un espectáculo televisivo sin final feliz: eso fue el intento de introducir en Venezuela, desde Colombia, medicinas y alimentos de ayuda humanitaria para la población de ese país que se debate entre la vida y la muerte con la “revolución bolivariana” iniciada por Chávez y seguida por Nicolás Maduro

El gran mérito del gobernante que se hizo elegir en un proceso tramposo para un nuevo período presidencial, es haber dividido a los venezolanos en dos bandos radicalmente adversarios, como se vio por las transmisiones de la jornada el 23 de febrero.

Juan Guaidó, Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, anunció que el 23 de febrero llevaría de ayuda humanitaria. Contraviniendo la orden de salir del país, estuvo en Cúcuta, Colombia, con los presidentes de Chile, Colombia y Paraguay, para el intento que fracasó por la represión brutal de la Policía y los militares venezolanos que cundieron de gases lacrimógenos los sitios de las marchas populares y de la caravana de transportes con las vituallas.

Nicolás Maduro y las marchas que le apoyan durante la jornada de protestas de la oposición que pretendió llegar con la ayuda humanitaria

Hasta se llegó a prender fuego a dos camiones llenos de medicinas y alimentos, en una demostración de fuerza brutal para evitar, por todos los medios, el ingreso que Maduro denunció como el inicio de la invasión a su país, por un complot entre los países involucrados bajo el liderazgo de los Estados Unidos.

El éxito –si así puede llamarse la descomunal agresión a los propios venezolanos- estuvo de lardo de Nicolás Maduro, a quien más de medio centenar de países desconocen como Presidente de Venezuela.

 
Miles de venezolanos salieron a las calles para exigir la renuncia de Maduro y elecciones libres  

Mientras grandes masas humanas pugnaban por acompañar a la caravana de ayuda para una población que se abate entre la emigración, el hambre y la falta de libertades, Nicolás Maduro arengaba a sus partidarios en una concentración que la inició bailando en una tarima, mientras simultáneamente se asfixiaba con gases lacrimógenos y hería con perdigones a los compatriotas de la oposición.

Maduro mantiene el apoyo de las Fuerzas Armadas, que le son leales a grandes costos, presentándose hasta el momento como fuerte e invencible. Pero hay indicios de que más pronto que tarde claudicará de su posición, acosado por la situación económica interna y el aislamiento internacional. Más de 300 militares desertaron y reconocen a Guaidó como Presidente interino y no se descarta una próxima sublevación a gran escala, pues aunque el gobernante logró escamotear la ayuda humanitaria, quedó herido de muerte, pues se ha tornado más sólida la posición de reclamar su renuncia para que se convoque a elecciones libres para que democráticamente el pueblo escoja su Presidente.

   La Organización de las Naciones Unidas, que se reunió el 27de febrero, descartó la intervención militar para derrocar a Maduro, pero reforzó la decisión de trabajar para que termine lo antes posible el gobierno de Nicolás Maduro.

Juan Guaidó y una manifestación de sus simpatizantes apoyándole como Presidente interino de Venezuela