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  El jesuita cuencano Salvador Víctor Emilio Moscoso Cárdenas, asesinado en Riobamba a manos de la revolución alfarista a fines del siglo XIX, va camino a ser beato de la iglesia católica. El Papa Francisco le reconoció, el 13 de febrero reciente, como mártir in odium fidei (en odio de la fe)

Del sacerdote Moscoso Cárdenas apenas se sabe en su tierra natal, inclusive entre los religiosos y, las noticias recientes, procedentes de Roma, han despertado algún interés por “descubrirlo”. Nativo de Cuenca, estaría vinculado a una distante parentela en ésta como en otras ciudades del país, presumiéndose que su madre María Antonia Cárdenas (1818-1887), sería prima de Ana Muñoz Cárdenas, la madre del Hermano Miguel, desde hace tres décadas reconocido como santo por el Vaticano.

   Francisco Febres Cordero Muñoz, el santo Hermano Miguel, nació en Cuenca en 1854 y murió en Premiá del Mar, España, en 1910. Emilio Moscoso Cárdenas, nació también en la misma ciudad el 21 de abril 1846 y murió en Riobamba en 1897, de 51 años. Había iniciado la carrera de Leyes en Cuenca, para ingresar a la edad de 18 años al noviciado de los jesuitas, con vocación sacerdotal, para continuar estudios dos años después en el seminario San Luis, de Quito, donde obtuvo su ordenación.

   Durante la Revolución Liberal y el gobierno de Eloy Alfaro, la iglesia católica sufrió persecuciones y se la despojó de parte de sus cuantiosos bienes distribuidos por todo el país. Los jesuitas sentaron su resistencia en la ciudad de Riobamba, lejos de Quito.

   El 2 de mayo de 1897 el obispo de Riobamba, Arsenio Andrade, fue detenido por orden del gobierno, acusado de incentivar la oposición; varios sacerdotes jesuitas fueron también llevados presos a un cuartel, pero se los liberó de inmediato, al igual que al prelado. Dos días después, militares irrumpieron en el colegio San Felipe de Neri, donde ejercía como Rector el jesuita Moscoso Cárdenas, a quien encontraron orando en su habitación y le dispararon dos tiros de fusil, causándole la muerte al instante. Personas cercanas al hecho atestiguaron que los intrusos pusieron un arma de fuego en manos del sacerdote, para aducir que hubo un enfrentamiento. Por cuatro horas permanecieron los militares en el colegio y en el templo, donde habrían cometido desafueros y sacrilegios, como romper el tabernáculo y desparramar por el suelo las hostias consagradas.

   El 4 de mayo de 1997, al cumplirse cien años del asesinato del religioso, la Academia Nacional de Historia Eclesiástica del Ecuador, propuso a Roma la beatificación del sacerdote acribillado en Riobamba, acompañando testimonios para probar que es un mártir por la defensa de la fe cristiana. La causa de la beatificación comenzó en mayo de 2000.

    En 2005, el 14 de octubre, se declaró terminado el proceso diocesano por la beatificación, para que continuase el trámite canónico en el Vaticano, donde el Papa Francisco acaba de reconocerle como mártir de la Iglesia, etapa importante dentro de la causa que persigue su beatificación y santificación.

Salvador Víctor Emilio Moscoso Cárdenas

    Quien tendría amplio conocimiento sobre el sacerdote Moscoso Cárdenas, sería César Cordero Moscoso, sobrino bisnieto del personaje, sacerdote a quien el Papa Francisco le retiró las funciones eclesiásticas el año pasado, por acusaciones de delitos sexuales que son de dominio público.

   En las memorias que publicó en 2017 César Cordero, por sus 90 años, dice que él recibió un milagro de sanación, luego de invocar al padre Emilio, su tío bisabuelo, por lo que mandó una declaración juramentada a Roma apoyando su beatificación. “Mis familiares me recordaban que el Siervo de Dios Emilio Moscoso era tío bisabuelo mío. Por todo ello, le profesé especial devoción. Ya Sacerdote, le nombraba en el Canon de mis Misas, y aún lo hago, no como acto de culto sino por implorar su exaltación según el juicio de la Santa Iglesia”, dice en los antecedentes de aquel documento.

   En la declaración juramentada, el séptimo y último de los puntos de César Cordero para el Vaticano, expresa: “…Declaro con juramento ante Dios y ante las autoridades de la Iglesia, que, estando al borde de la muerte, recobré la salud y lo atribuyo a mis reiteradas súplicas a Dios nuestro Padre Misericordioso por mediación de su Siervo Mártir Padre Emilio Moscoso Cárdenas, quien testimonió con su sangre la Fe Católica y el culto a la Santísima Eucaristía, frente a los enemigos encarnizados de la Iglesia Católica, que la revolución liberal masónica de la época persiguió sañudamente, con prisiones, destierros, despojo de bienes e implantación del laicismo antirreligioso en Ecuador”.

“En el Oratorio familiar existía una pintura en que se ve muerto al Padre Emilio Moscoso con el Rosario en la mano, teniendo en frente, en actitud agresiva, los rifles de los criminales asesinos”, apunta César Cordero Moscoso en su declaración para Roma. ¿Es ésta la pintura, que está sin detalles en la internet y destacan en la página anterior?.