Cecilia Méndez Mora, Vice Prefecta del Azuay, para los próximos cuatro años.

Socióloga con una sólida formación académica y ejercicio profesional en grupos marginales, Cecilia Méndez espera trabajar intensamente por los sectores populares, con énfasis en el tema de la Mujer. Confiesa con valentía y honor haber sido integrante de Alfaro Vive Carajo

Cecilia del Carmen Méndez Mora, adolescente, fue a curiosear una protesta de mujeres rurales en los años 70 del siglo pasado, en la Corte de Justicia de Cuenca, contra un inmundo basural en la parroquia El Valle. Allí descubrió su vocación de activista social.

En las recientes elecciones ganó la Vice Prefectura del Azuay, acompañando en la campaña a Yaku Pérez Guartambel, del movimiento Pachakutik, al que ella se afilió el 23 de abril reciente. Sin militancia, se identificó antes con tendencias de izquierda.

Cuencana nacida en 1962, habló de su trayectoria profesional y política, para AVANCE. Con la fluidez y franqueza de quien 30 años dictó Teoría de las Ideologías, Proyectos Políticos de América Latina y Epistemología, en la Universidad de Cuenca, confiesa su inclinación socialista, pero se desengañó porque la tendencia no se reconstituyó luego del correísmo. “Pachakutik sí se ha reconstituido y me afilié para apoyar los proyectos de Yaku Pérez en la Prefectura”, dice.

Fue hasta quinto año al colegio La Asunción, pero se graduó bachiller en el Vicente Solano, de la Universidad estatal. “En La Asunción, dirigida por la madre Margarita Zavala, aplicaban una pedagogía libre, solidaria, con investigación social. Pero la Democracia Popular, predominante en la Universidad Pontificia, compró el colegio y cambió su orientación, por lo que tuve que cambiarme antes de que me expulsaran: siempre inconforme con la injusticia social y la segregación de las mujeres, ya había leído Estado y Revolución, de Lenin, y Ernesto Cardenal en Cuba, que marcaron mis ideales juveniles”.

En la Universidad cursó Sociología, a gusto con maestros exigentes como Leonardo Espinoza, Lucas Achig y Claudio Cordero Espinoza, interesados en una educación para el desarrollo regional orientada a los sectores populares y vulnerables. “Es una lástima que ahora haya cambiado su vocación social la Universidad, convertida en una gestora empresarial, gerencial, de cara al estado, no a los pueblos necesitados”, comenta.

Estudiar la historia y ejercer la política han ocupado espacios importantes en su formación y en su vida. Fue temprana integrante de la UNASAY y la ECUARUNARI, sin contentarse con la mera militancia, sino con acción combativa en defensa de los derechos de los campesinos y los indígenas. Con Piedad Moscoso, Yoconda Vanegas, Cecil Durán y otras amigas, estuvo en la primera organización de mujeres de Cuenca, el movimiento 8 de Marzo.

   En los años ochenta se integró al Frente Revolucionario del Pueblo Eloy Alfaro que, bajo el lema ¡Viva Alfaro Carajo!, fue precursor del movimiento Alfaro Vive Carajo, que hizo lucha frontal a la oligarquía gobernante con León Febres Cordero. “Era un movimiento político con propia identidad, pero con diferencias internas: al norte rigurosamente militar, al centro con tendencia a aliarse con organizaciones progresistas y, al sur, por trabajar sin extremismo con los sectores populares. En una asamblea clandestina en un lugar de la Costa, por plantear una opción moderada de lucha, fui sancionada a hacer guardia armada varias noches”, recuerda.

   Cecilia por primer vez habla públicamente de su militancia en el movimiento subversivo Alfaro Vive Carajo y se honra de haber estado allí, en una de las etapas más radicales de su lucha por los ideales de libertad y de justicia, en defensa de los sectores sociales más deprimidos del Ecuador. Y recuerda a quienes considera héroes populares con los que trató, como Arturo Jarrín, Fausto Bazantez y Ricardo Merino, asesinados por las fuerzas de seguridad del gobierno socialcristiano. “Ricardo fue abaleado en su domicilio en las calles Pío Bravo y Tarqui, en una incursión militar de madrugada, mientras descansaba: tenía 27 años, era sociólogo y un ser humano de gran sensibilidad humana y convicciones revolucionarias”.

   También a ella le tocó el turno de la prisión y las torturas. En noviembre de 1988 la capturaron acusándola de portar armas y planear asaltos a locales comerciales y a empresarios. “Pero el 30 de abril de 1989 me sobreseyeron judicialmente y al otro día estuve en las marchas por las calles por el Primero de Mayo”, recuerda.

   Fue una experiencia personal muy dura la de vivir clandestina, cambiando constantemente la residencia y en peligro. “Pero era consciente de lo que hacía, convencida de que no había entonces otra manera de hacer frente al abuso del poder, la injusticia social y la corrupción, poniendo en juego en verdad la vida”.

   Las injusticias persisten, pero cree que hay cambios en los que se involucran empresarios y gente dispuesta a buscar soluciones en materia de empleo y facilitar el acceso a recursos financieros para proyectos productivos. En Cuenca hay barrios de pobreza habitados por desempleados a los que hay que atenderlos, como en la ciudadela Roldós y urbanizaciones periféricas, donde han permanecido ausentes las instituciones públicas. “Los 15 años de Prefectura de Paúl Carrasco han dejado un déficit de participación de los movimientos sociales e indiferencia ante la pobreza. El índice de desempleo del Azuay es del 67.9% y en Cuenca el 34%”.

   La condición de las mujeres es particularmente injusta, opina, más en el medio rural, por lo que espera a través del Gobierno Provincial cumplir una intensa gestión en este ámbito, tanto más que, precisamente, la función que el Prefecto le ha asignado es el tema de la mujer. La violencia contra la mujer y el feminicidio serán motivo de estudio, de investigación y de medidas apropiadas.

   Cristina Méndez, católica practicante, es grata con el apoyo y el consejo que recibió en momentos difíciles de varios sacerdotes y de los obispos Ernesto Proaño y Alberto Luna, que comprendieron la razón de sus luchas y de sus sacrificios.

   Ella está decidida a trabajar sin descanso por las causas sociales,  en las funciones que le incumben en el gobierno provincial. Piensa que el triunfo de Yaku Pérez y el suyo, es un hito histórico en el destino del Azuay y, sobre todo, el reconocimiento a la trayectoria de ambos en las luchas populares. “Es la primera vez que, a través del voto popular, la izquierda accede a las responsabilidades que se nos ha encomendado”, destaca.

   Cecilia del Carmen Méndez Mora ha tenido el cuidado de pedir que le acompañen a la ceremonia de posesión sus familiares íntimos y las personas que más cerca han estado en los momentos decisivos de su actividad pública y privada, han sido su apoyo, y han valorado los principio éticos de su vida.

Sus propias metas

La nueva Vice Prefecta asegura que tiene el propósito de apoyar con lealtad la gestión del Prefecto y el compromiso de respeto mutuo en sus actividades. Y tiene también sus propias metas, que las enumera:

1.- Plantear reformas al COOTAD, para que se determinen las funciones que le corresponden a la Vice Prefectura y no sea el Prefecto quien las asigne. Los dos son fruto de la voluntad popular y por dignidad política deben tener clara su representación legal. Espera reunir a todas las mujeres electas para dignidades en el Azuay, a fin de promover los espacios que les corresponde en el trabajo por la sociedad.

2.- La descentralización administrativa y económica, pues no debe continuar la política de decidir sobre temas locales en el gobierno central, que inclusive acapara los tributos del Azuay y los administra en función de sus intereses.

3.- Combatir a la corrupción: formar comisiones fiscalizadoras para legitimar la ética en lo comunitario y en lo estatal.

4.-Exigir que la universidad se proyecte al ámbito social, en especial a favor de los sectores vulnerables, recuperando el concepto de Universitas, erróneamente desviado de lo humanístico hacia lo empresarial.

 

La academia y la familia

Cecilia Méndez tiene una sólida formación académica e intensa práctica profesional en los sectores populares. Desde 1989 es docente de la Universidad de Cuenca y tramita la comisión de servicios para dedicarse por completo a ejercer de Vice Prefecta.

   Tiene diplomados en Género y Políticas Públicas por la FLacso; en Historia de América Lina, por las universidades Andina y de Cuenca; en Género y Desarrollo y en Sociología y Desarrollo, por la Universidad de Cuenca. Es candidata al doctorado en Sociología por la Universidad Andina.

   Además, es autora de investigaciones y ensayos publicados en Ecuador, México y Argentina, sobre temas políticos, sociales, del poder, de la familia, etc.

   Desde hace 31 años vive en unión libre con Efrén Cedillo Espinoza y es madre de cuatro hijos, uno de ellos nació muerto. Tiene un nieto de dos años y confiesa ser feliz con su familia. De sus ocho hermanos, uno falleció y los demás han ido a trabajar fuera del país.

   Su padre, Alejandro, fue artesano compositor de sombreros de paja toquilla en la casa Serrano Hat, pero ahora se dedica privadamente al comercio. Florinda Victoria Mora, su madre, murió hace cinco años.