En 1769 se expidió el decreto papal de creación y en 1779 el Rey de España mandó a ejecutarla. ¿Cuál es la fecha conmemorativa? ¿O es cuando en 1787 asumió las funciones el primer obispo? La erección diocesana fue bajo el patrocinio de la Inmaculada Concepción, pero en la conmemoración se homenajeará a la Virgen del Cisne

Catedral de La Inmaculada, monumento de la fe del pueblo cuencano, luce esplendorosamente iluminada con sus cúpulas sobre el paisaje urbano.

El 16 de enero fueron 250 años del decreto papal que en 1769 erigió la Diócesis de Cuenca. El Rey de España, Carlos III, el 13 de junio de 1779, confirmó la creación diocesana. ¿Cuál de la dos fechas es realmente válida?

Entre 1769 y 1779 se cumplieron largos procesos hasta que el Rey firmó la erección diocesana. Antes, en 1752, el obispo de Quito, Juan Nieto Polo del Águila, pidió al Rey separar de su diócesis a las provincias de Loja, Guayaquil y Cuenca, con sede del obispado en Cuenca. La extensión territorial dificultaba atender a los “pueblos de infieles” y, además, era propicio “el considerable aumento que iban teniendo los diezmos de la provincia de Guayaquil, una de las tres de que se ha de componer el nuevo Obispado”, según el peticionario.

Al obispo de Popayán, Jerónimo Antonio de Obregón, le encargó el Rey fijar la demarcación del obispado de Cuenca, labor que demoró dos años y medio y la ejecutaron los sacerdotes Manuel Unda y Luna (quien había sido Deán en Cuenca), y Mariano de Grijalva, bajo la comisión regia de Serafín Veyán.

Original de la Cédula Real que decreta en 1779 la creación de la Diócesis de Cuenca

 

El obispo de Popayán redactó el documento acogido por el rey Carlos III, donde consta que la Diócesis queda a protección de la Inmaculada Concepción

La redacción de la cédula la hizo el obispo Obregón y comienza así: “Con autoridad Apostólica y encargo de S. M., instituimos y erigimos la Iglesia Parroquial de la dicha ciudad de Cuenca, o la que para este destino se asignare o fabricare, en Iglesia Catedral, bajo el patrocinio de la Inmaculada Concepción de la Virgen María Madre de Dios, para un Obispo, que ha de estar sujeto, como a Metropolitano, al Arzobispo que fuere de la Ciudad de los Reyes de Lima, en calidad de sufragáneo, como lo ha estado el de Quito; el cual presida en la citada Iglesia Catedral, Ciudad y Diócesis, predique, instruya y confirme en la Fe a los Vecinos y Moradores de dicha Ciudad, y Diócesis, administre y haga administrar los Sagrados Sacramentos de la Iglesia, y demás pasto espiritual; pueda asimismo ejercer libremente en la Iglesia, la Ciudad, y Diócesis, la jurisdicción, autoridad y potestad Episcopal; proveer los Beneficios, y Oficios Eclesiásticos en la forma que por Derecho y leyes del Real Patronato; goce igualmente los demás fueros, y Jurisdicciones Episcopales, privilegios, inmunidades, y gracias, de que por Derecho, o costumbre, gozan los demás Obispos de las Indias y han gozado los de Quito: Asignamos por Ciudad Capital la mencionada de Cuenca, por diócesis las referidas tres Provincias, de ella, Loja y Guayaquil en la forma arriba expresada, y por Clero, y Pueblo, los Vecinos y Moradores de la referida Ciudad, y Diócesis”.

   La cédula real, firmada en Aranjuez, fue recibida en Cuenca el 25 de enero de 1780 y es otro documento que da vida real al obispado, con jurisdicción en Cuenca, Guayaquil y Loja. El documento de la erección diocesana, elaborado por el obispo Obregón, de Popayán, consta de 37 capítulos que fijan al detalle todos los mandatos y obligaciones que deben cumplir los jerarcas, sacerdotes y fieles de la jurisdicción religiosa.

   En el último capítulo, expresa: “Y en esta conformidad, con la Autoridad Apostólica, de la cual en esta parte gozamos, y por el mejor modo, vía, y forma, que podemos, y debemos por Derecho, y por orden, y encargo de la misma Majestad Católica, erigimos y fundamos, creamos, y hacemos, disponemos, y ordenamos todo lo dicho, con todas, y cada una de las cosas necesarias, y congruentes, para el mejor establecimiento, y forma de la referida Iglesia Catedral de la Ciudad de Cuenca, y su Obispo, sin que obsten cualesquiera cosas en contrario; pero suspendemos, y reservamos su ejecución, y cumplimiento, hasta que todo tenga la aprobación, y confirmación correspondiente; en cuyo testimonio mandamos dar, y damos las presentes, firmadas de nuestra mano, selladas con el Sello de nuestras Armas, y refrendadas por nuestro Secretario, y Notario, en la ciudad de Popayán en primero de Julio de mil setecientos setenta y seis. Gerónimo Antonio Obispo de Popayán”.

   El documento fue confirmado por el Rey el 13 de junio de 1779, monarca en el que al final, termina con la frase “YO EL REY”, de puño y letra del mismo.

   El obispado de Cuenca empezó su vigencia definitiva con el primer titular, José Carrión y Marfil, que ejerció de 1787 a 1797 y al que siguieron los siguientes obispos: José Cuero y Caicedo (1797-1801), Francisco Xavier de la Fita y Carrión (1891-1804), Andrés Quintián Ponte y Andrade (1804-1813), José Ignacio Cortázar y Lavayen (1814-1818), Calixto Miranda Suárez y Figueroa (1827-1829), Pedro Antonio Torres (1843-1844), José Manuel Plaza (1846-1853), José Remigio Estévez de Toral (1861-1883), Miguel León Garrido (1885-1890), Manuel María Pólit (1907-1919) y Daniel Hermida Ortega (1919-1956).

   En 1957 la diócesis de Cuenca se convirtió en arquidiócesis y desde entonces las autoridades eclesiásticas elevaron su jerarquía a arzobispos, a partir de Manuel de Jesús Serrano Abad (1957-1971), al que sucedieron Ernesto Álvarez Álvarez (1971-1980), Alberto Luna Tobar (1981-2000), Vicente Cisneros Durán (2000-2009), Luis Cabrera (2009-2015) y, Carlos Pérez Caicedo (del 6 de agosto de 2016 a la fecha).

   Casos novedosos ocurrieron con los prelados José Ignacio Cortázar y Lavayen, propulsor de la vía Cuenca-Naranjal-Guayaquil, que murió en 1818 en Girón, mientras cumplía una visita pastoral; fue tío del mariscal José Domingo La Mar y Cortázar, cuencano, primer presidente del Perú; Miguel León Garrido, empeñado en construir la Catedral de La Inmaculada, tuvo descuerdo con los canónigos por reducir sus canongías para financiar la obra, siendo retirado del obispado por las autoridades superiores en 1890, desde cuando Cuenca quedó sin obispo hasta 1907, que asumió el obispo Pólit. El arzobispo Ernesto Álvarez es el único que renunció al cargo, en julio de 1979.

   Un caso singular fue el arzobispo Alberto Luna Tobar, crítico de tradiciones paganas de la iglesia, de las grutas para recibir limosnas en los caminos, de las romerías y supuestos milagros y apariciones, pases del Niño, etc., con una mentalidad social renovadora, considerándose que en el Azuay la Iglesia habría sufrido retrocesos después de él. ¿Qué diría el padre Luna, de estar vivo, de la cita multitudinaria en el estadio, con la imagen de la Virgen del Cisne, sustituyendo a la Inmaculada Concepción, patrona de la diócesis?

La Catedral Vieja, en una toma de los años 40 del siglo pasado. Ha sido escenario y testigo de acontecimientos religiosos e históricos del obispado de Cuenca en varios siglos.