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La desolación de la calle Gran Colombia, con las rieles por las que el tranvía brilla por su ausencia.

Las 14 unidades del Tranvía 4 Ríos están casi medio año con los motores parados: ¿Cuándo operará la inversión de 300 millones de dólares de la obra pública más costosa en la historia de Cuenca?

La iniciativa de campaña electoral que llevó en 2009 a la Alcaldía a Paúl Granda López, entonces afín al Presidente Rafael Correa, ha avanzado a tropiezos en dos períodos de gestión municipal y lo que va de la actual, del Alcalde Pedro Palacios.

Los estudios de un plan integrado de transporte de Cuenca empezaron en 1999 y se los actualizó en 2010 con un millón de dólares donados por el gobierno francés: fue el sustento del proyecto tranviario a partir de estudios que hizo el Instituto Nacional de Pre inversión en 2011.

 
Tramo tranviario de Milchichig, el primero en
donde se destruyó la avenida España
y el último en terminarse.

El 12 de mayo de 2012, el Alcalde Granda asistió a la sabatina 271 del Presidente, cuando el mandatario apoyó públicamente la obra: “Vamos a hacer un tranvía totalmente eléctrico en Cuenca. Hay tecnología francesa, china, y estamos viendo la mejor propuesta técnica, financiera y económica”, dijo, y añadió: “será una contribución al medio ambiente, a la transportación y a la belleza de Cuenca”. El 28 de diciembre de ese año, el Concejo aprobó el proyecto y su estructura financiera, autorizando la contraparte local de 51 millones de dólares al Estado, que aportaría181 millones.

El 7 de febrero de 2013 se colocó la primera piedra del Patio Taller, en la avenida México, en terrenos que la Municipalidad adquirió a Senplades, donde funcionó el Centro de Reconversión Económica (CREA), organismo que lo extinguió el gobierno de la “Revolución Ciudadana”.

El 18 de septiembre de 2013 se dio detalles del proyecto a los periodistas de Cuenca. Se informó que circulaban por Cuenca 475 buses con 410 mil pasajeros diarios, equivalentes a 39 millones de viajes anuales. El 80% de las unidades pasaban por el centro histórico en condiciones contaminantes, con un promedio de siete años de vida útil cada vehículo.
El Tranvía 4 Ríos tendría 14 vagones, movidos por electricidad, en un recorrido de 21 kilómetros de ida y retorno desde la Avenida España, a la altura del Parque Industrial, hasta el cruce a la parroquia Baños, en la avenida de Circunvalación. Cada unidad transportaría hasta 300 pasajeros, a la velocidad de hasta 28 kilómetros por hora, previéndose en 35 minutos el tiempo total de viaje, con 21 paradas en el trayecto. La vida útil de los vagones sería de 35 años y cada uno equivaldría a la circulación de cuatro buses o cien automóviles. A eso se sumarían ventajas ecológicas, la eliminación del ruido y la seguridad. Una segunda etapa se anunció para el año 2030, para 180 mil pasajeros diarios.

 Calle destrozada por el largo “terremoto” tranviario. ¡Cuánto sacrificio para los cuencanos!

La directora Financiera Municipal, Patricia Cordero, dio informes económicos: en 2015, primer año de operación, a 25 centavos el pasaje, los ingresos sumarían 7.1 millones de dólares, frente a 5.6 en costos de operación; en 2020, los ingresos 8.5 millones y la operación 7.93 millones; en 2030, los ingresos 12,34 millones y la operación 11.54 millones. El proyecto era rentable y se añadirían ingresos por venta de publicidad.

Luego vinieron los movimientos de tierra, excavaciones y trabajos en las calles La Mar y Gran Colombia, rutas de ida y retorno. Y vinieron, más que todo, las molestias y reclamos de los frentistas del proyecto, la zona comercial más importante de Cuenca, donde se pararon lo negocios, quebraron y sufrieron pérdidas los propietarios. En 2014 el Alcalde Paúl Granda, aspirante a la reelección, fue derrotado por Marcelo Cabrera, quien anunció la suspensión del proyecto que había avanzado el 2%. Cabrera había perdido la reelección cuatro años antes, frente a Paúl Granda.

El tranvía no dejó de tener una connotación política. Desde octubre de 2013 hasta después de las elecciones de 2014, se expuso una carrocería tranviaria en la plaza del Otorongo, para socializar el servicio en el que puso empeño Granda.

En julio de 2014 vino la primera unidad tranviaria, cuando ya era Alcalde Marcelo Cabrera, que anunció la continuidad de la obra. Allí estaban el Embajador de Francia, Francois Gautier y el representante de los consorcios constructores, Xavier Boisgontier, quien dijo: “Cuenca pasará a formar parte de un grupo, de una familia, integrada por cincuenta ciudades de 18 países en el mundo que escogieron los tranvías Citadis de Alstom como una de las soluciones a sus problemas de movilidad urbana, solución integrada con otros modos de transporte”.

Ya no era posible parar la obra, pues los contratos –de los que Cabrera tuvo sospechas- estaban formalizados. Vinieron réplicas y contrarréplicas y denuncias en Fiscalía, que acabaron olvidadas. Y la destrucción de la ciudad alcanzó niveles de protesta rabiosa de los afectados y de toda la población, por las obstrucciones en el centro histórico, con obras de infraestructura y colocación de rieles.

 Carrocería de un travía expuesto en el parque otorongo en la campaña electoral de 2014

El 18 de julio de 2015 el Vicepresidente Jorge Glas y el Ministro de Transporte Walter Solís –ahora el primero preso y el segundo prófugo por corrupción-, inspeccionaron la obra del tranvía, que tenía el 50% de avance, ratificando el apoyo para que terminara hasta julio de 2016.

El proyecto previsto ejecutarse en 26 meses, prolongó las demoras y en los primeros meses de 2018 empezaron a recorrer las unidades en tramos que se iban terminando. Los habitantes de Cuenca sufrieron impacientes las molestias sólo comparables a las de un terremoto, con calles destruidas y trabas de circulación. El Alcalde Cabrera anunció la inauguración para el 3 de noviembre de 2018, pero tampoco pudo cumplirse, por problemas en el último tramo, en la zona de Milchichig, que impidieron concluir la obra.

El 27 de julio de 2018 se hizo por primera vez el recorrido tranviario de principio a fin, aunque con protestas del vecindario, pues de alguna manera la celebración, con el Alcalde en un tranvía presidido por carteles y bandas musicales, se asociaba al inicio de la campaña de reelección para marzo de 2019, cuando le tocó perder frente a Pedro Palacios, hoy en funciones.

La obra tranviaria encareció los precios porque cambiaron los diseños según el ex Alcalde Granda y porque los contratos no preveían obras ineludibles, según el ex Alcalde Cabrera. Este último, pidió en septiembre de 2016 al Presidente Correa la donación de los predios de la III Zona Militar y del Cuartel Cayambe, para venderlos y con el dinero terminar el tranvía. El requerimiento de 35 millones de dólares, aprobado por Correa, hasta ahora no ha logrado vender los predios.

 El 27 de julio de 2018 recorrió por primera vez el tranvía la ruta de comienzo a fin: bullicioso anuncio de la campaña electoral prevista para marzo de 2019.

En los primeros meses de 2019 las unidades hicieron la marcha en blanco, para socializar el servicio con viajes gratuitos que los suspendió el nuevo Alcalde, hasta terminar los trámites de recepción y procesos legales por un litigio de mediación que se tramita en Chile. Tampoco está fijado el valor del pasaje, ni la integración entre el sistema tranviario y los buses.

Desde diciembre de 2012, cuando se aprobó el proyecto, serán siete años el próximo mes. Y es incierto cuándo al tranvía concebido por el Alcalde Paúl Granda, ejecutado en su mayor parte por el Alcalde Marcelo Cabrera, lo hará funcionar el Alcalde Pedro Palacios. Es difícil que sea en este año, mientras se paga más de 200 mil dólares mensuales por personal, mantenimiento y otros rubros, sin obtener ingresos.