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La historia debe servir para aprender de los errores, no recaer en populismos nefastos, ni en las ofertas del repertorio neoliberal: menos inversión social, privatizaciones, que en Brasil y Argentina han conducido a gigantescos fracasos sociales, económicos y políticos

El Cono Sur del continente sufre las consecuencias de dos gobiernos de signo derechista, que ante los fracasos reales o supuestos de sus respectivos antecesores, y utilizando el arma de las denuncias sobre corrupción, que las hubo en los dos casos, triunfaron en elecciones, abriendo un rumbo de esperanzas para sus pueblos. Bolsonaro en Brasil, de las filas de la dictadura militar del siglo pasado en el gigante suramericano, se demostró desde muy pronto como enemigo de la educación humanística, a la que acusó de falaz y demagógica antes de cerrar las compuertas del financiamiento a estas carreras. A más de ello, su agenda ha sido sumisa a los intereses de los grandes industriales de la madera, la soya y la ganadería intensiva, por lo cual menospreció los esfuerzos ambientalistas por defender el bosque amazónico, con la fatal consecuencia de los incendios desatados en el denominado “Pulmón Verde del Planeta”, con su devastación que preocupa al mundo entero.

La respuesta de Bolsonaro a esta catástrofe, que además afecta a países vecinos como Bolivia y Paraguay, ha sido anunciar que enviará al Ejército a la Amazonía, no se sabe si para combatir el mega flagelo, o para reprimir y vigilar a los pueblos nativos amenazados por esta anunciada tragedia.

Más al sur, Argentina, Macri, otro insigne neoliberal, triunfó a base del descrédito que cayó sobre Cristina Fernández a causa de las graves denuncias de corrupción en su administración y la de su fallecido esposo, Néstor Kitchner, y además por la oferta típica de este tipo de regímenes, de “atraer la inversión extranjera” para estabilizar la economía y despegar hacia un Primer Mundo que para el país del Plata se ha mostrado siempre esquivo. Pasaron los meses, los años, y en lugar de la inversión extranjera productiva, volvieron los “capitales golondrinas” a esquilmar al país, se incrementaron el desempleo, la pobreza, la inflación subió a límites intolerables, y en las elecciones primarias triunfó su adversario peronista, con tal amplitud que estremeció a los mercados de valores y además impactó en un repunte en la cotización del dólar, que ha sumido en la incertidumbre a la sociedad argentina.

Es decir, dos regímenes de la derecha neoliberal que, en los dos países más grandes de Suramérica, han fracasado estrepitosamente a cambio de empobrecer a sus respectivos pueblos, y en el caso de Brasil, generar con sus políticas antiambientalistas y pro explotación salvaje de la amazonía brasileña, la más grande catástrofe ecológica mundial. Los “cantos de sirena” del Neoliberalismo latinoamericano han demostrado sus riesgos, por lo menos en lo que respecta a los dos estados más grandes de la región.

Ahora el péndulo político apunta hacia la izquierda, sin embargo la solución para Brasil y Argentina no será el populismo izquierdista, sino unos gobiernos de ese signo que se aparten del señuelo populista, el facilismo y la demagogia, y por supuesto que repriman la corrupción y la castiguen, para que esta no siga sirviendo de pretexto a la derecha continental para ganar elecciones que, a la postre, acaban en crisis, desempleo, agudizamiento de la pobreza.

La historia debe servir para aprender de los errores, evitar recaer en populismos nefastos, pero también para no caer en las ofertas del repertorio neoliberal: menos inversión social, privatizaciones, que en los casos de Brasil y Argentina han conducido a gigantescos fracasos sociales, económicos y políticos.