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Casa municipal, en las calles Benigno Malo y Sucre de hoy, como se encontraba en la celebración de hace un siglo.

 

La ocasión para dejar de ser indolentes frente al centralismo que hace de la gesta independentista una irónica ficción impropia del siglo XXI. ¿Se deberá esperar un tercer centenario para que los gobiernos resuelvan las necesidades de Cuenca como lo hacen –con justicia- en otras ciudades y provincias con obra pública?

El 11 de julio de 1917 el Presidente del Concejo Municipal de Cuenca, Octavio Díaz, creó la Junta del centenario de la independencia de Cuenca y el 15 de julio de 2019, el Alcalde Pedro Palacios, creó la Junta de Notables del Bicentenario.

Un siglo marca la diferencia entre las dos celebraciones. La Cuenca de 30 mil habitantes de entonces sobrepasa hoy el medio millón. El pequeño pueblecito de cien años atrás se ha extendido por todas las direcciones y varias parroquias vecinas ya son parte de la urbe.

Los primeros vehículos motorizados no habían cumplido diez años de rodar por las calles recién alumbradas con luz eléctrica. El parque Calderón se había construido en torno a la pileta central y los pinos sembrados por Luis Cordero en 1875. El agua potable y la pavimentación eran sueños más que proyectos.

En 1918 la Municipalidad aprobó la instalación de un servicio de tranvías y discutía si se los movilizaría con fuerza animal, eléctrica o de vapor. Cuando ha pasado un siglo, un moderno sistema tranviario ha sido construido, pero no opera por demoras jurídicas, trabas técnicas y procesos burocráticos y administrativos…

Dos meses antes de crear la Junta del Centenario, la autoridad municipal planteó al Ministro del Interior apoyo para “la instalación del agua potable y canalización de la ciudad; la completa instalación de la planta hidroeléctrica; y, finalmente el pago de una deuda de gratitud, no solo provincial sino nacional, levantando al héroe de la Batalla del Pichincha el monumento que se le acordó por Decreto Legislativo de 19 de octubre de 1899. Ojalá, señor Ministro, este homenaje a una de las glorias más legítimas de la Patria ecuatoriana, se pudiera realizar el 3 de noviembre de 1920, fecha clásica para los pueblos azuayos, en que éstos nacieron a la vida de la libertad y proclamaron la República”.

El monumento al Héroe Niño Abdón Calderón se previó como acontecimiento central del festejo, pero solo se cumplió 30 años después. No obstante, un espectáculo irrepetible lo remplazaría: la hazaña del italiano Elia Liut que aterrizó con un pequeño avión en una pista improvisada, luego de volar desde Guayaquil sobre los Andes. Las rutas del aire se abrieron, más que de la tierra, aún deficitarias hoy.

La religión católica dominaba igual que en los tiempos coloniales en forma absoluta y en lo cultural, a pesar del aislamiento y distancia de la capital de la República, personajes cuencanos descollaban a nivel nacional. La Universidad de Cuenca ya era cincuentenaria. En 1917 los poetas Luis Cordero y Remigio Crespo Toral fueron coronados con laureles de oro. Varios periódicos hacían opinión y controversia pública y desde 1915 el diario El Progreso era una aventura periodística que en 1924 se convirtió en el periódico El Mercurio.

La Junta del primer centenario quedó constituida dos años y ocho meses antes del 3 de noviembre de 1920, presidida por el Gobernador Federico Malo e integrada por los elementos más representativos de la administración pública y la cultura local. La del bicentenario, un año y ocho meses antes del 3 de noviembre de 2020.

La resolución del Alcalde Pedro Palacios integra la Junta de Notables del Bicentenario con las siguientes personas, luego de él: Jorge Dávila Vázquez, Juan Cordero Iñiguez, los rectores de las universidades Católica, estatal y Politécnica Salesiana, Tomás Ochoa Riquetti, Flor María Salazar González, Ana Luz Borrero y Tania Hermida Palacios.

El Considerando 2 de la Ordenanza de 1917, apunta: “Que este acontecimiento de trascendentales consecuencias en orden al progreso y cultura de estas comarcas, debe ser rememorado de manera que corresponda a los beneficios de la libertad e independencia conquistadas y a la gratitud a que se han hecho acreedores nuestros padres, por sus sacrificios”.

La resolución del actual Alcalde, en el cuarto considerando, apunta: “Que Cuenca debe celebrar el 3 de noviembre de 2020 en el pleno goce y ejercicio de su libertad y profunda vocación democrática, preservada con el trabajo, creatividad, sensibilidad, tesón y alegría de su gente; y, que esa conmemoración debe darse en medio de una serie de eventos que posibiliten la íntima conexión con los preclaros valores que caracterizan a la cuencanidad”.

Casi en vísperas del bicentenario el tiempo apremia para que los Notables anuncien los principales eventos con los que la celebración implique soluciones urgentes del Gobierno en diversos ámbitos, y una planificada gestión municipal proyectada a las próximas décadas y el siglo venidero. Que a las fiestas acompañen proyectos y obras llamadas a ser real homenaje histórico a la cosmopolita ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Junta del Centenario en 1920: Sentados: Adolfo Torres, Alfonso M. Borrero, Comandante Ballesteros, Octavio Díaz, Rafael M. Arízaga, Obispo Daniel Hermida, Gobernador Alfonso Ordóñez Mata, Remigio Crespo Toral, Octavio Cordero Palacios, Alfonso Cordero Palacios y Roberto Crespo Toral.De pie: Manuel A. Corral Jáuregui(persona no identificada), Andres F. Córdova, Isaac A. Ulloa, Agustin Cuesta B., Remigio Romero León, José María Astudillo y Agustín Carrión.