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Criticado por sectores de derecha y oposición al progresismo por la fórmula con la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, Fernández afronta el reto de sostener el discurso de la izquierda y ser amalgama que mantenga unido al progresismo que parece renovarse en America Latina.

Argentina hoy se encuentra en una disyuntiva electoral y política de notable importancia, pues tendrá que elegir entre dos modelos, la derecha pragmática de Macri o la izquierda progresista y de tinte social de Fernández. Hace tres años y medio, luego de varios años de un gobierno de izquierda, este país dió un giro drástico a la derecha, y entregó el manejo de sus destinos a un empresario y dirigente deportivo que buscaba “cambiar” ese país. Efectivamente lo hizo, aquí unas cifras: según datos de estudios académicos de 2015 a abril de este año, el desempleo pasó del 5,7% al 12%; el salario mínimo, de 589 a 277 dólares; el PBI per cápita cayó siete puntos porcentuales; la inflación se duplicó y los niveles de endeudamiento externo se dispararon.

Luego de este tiempo y con los resultados del “cambio”, el pueblo argentino busca una nueva o no tan nueva alternativa, representada por un académico, profesor universitario y abogado como Alberto Fernández, quien con un discurso sólido y sin el fantasma de la división profunda de los sectores progresistas, encara la posibilidad de convertirse en Presidente de Argentina. Fuertemente criticado por sectores de derecha y oposición al progresismo, por la fórmula con la ex Presidenta Cristina Fernandez de Kirchner, afronta el reto más grande de un candidato con posibilidades de ser Presidente de la Nación: Sostener el discurso de la izquierda y ser la amalgama que mantenga unido a ese progresismo que al parecer se renueva y renace en America Latina.

La derecha buscará por todos los medios reelegir a Macri, quien busca darle un giro a su discurso y campaña, mostrándose más sensible y repitiendo que ha entendido el “mensaje” que le dieron los argentinos en las primarias del 11 de agosto, denominadas PASO (primarias abiertas simultáneas y obligatorias) que definen qué partidos pasan a las elecciones nacionales con al menos el 1,5% de los votos de su jurisdicción. Haber sido derrotado en las primarias con quince puntos de diferencia (47% a 32%), le da un gran mensaje al Presidente Macri, de no privilegiar acuerdos con organismos multilaterales de crédito, cuya receta es cortar la cuerda por el lado más flaco: salarios, subsidios, jubilaciones, despidos masivos en sector público, etc. No debió privilegiar al capital sobre el ser humano, haciendo que en la práctica los productos de primera necesidad encarezcan. Al parecer el mensaje no lo escuchó enseguida de las primarias, pues sus desatinadas declaraciones echando la culpa a los argentinos que votaron por Fernández en la subida del dólar y el nerviosismo en mercados internacionales, enardeció más el sentimiento anti Macri en Argentina.

Los estrategas políticos del gobierno en funciones han apelado a recuperar la república y evitar regresar al país, a decir de ellos, de corrupción y abusos del Kirchnerismo. Parte de la estrategia será judicializar la política o magnificar los casos de corrupción, para hacer de esta premisa regla general en la actuación de los gobiernos progresistas. Dicha estrategia, la estarían remplazado con la del miedo, sobre todo a la inestabilidad económica, alza del dólar y caída de la imagen argentina en los mercados internacionales, para endilgar la culpa de esta caída financiera, al candidato Fernández. Tamaño error, Fernández es candidato y no presidente en funciones, quien sí debe asumir su responsabilidad del manejo económico equivocado de los últimos años.

Alberto Fernández busca atacar los errores del oficialismo manejando con habilidad la presión social sobre el tema económico y sus consecuentes afectaciones a la gente. Y la situación se hace tan profunda en Argentina, que los organismos financieros internacionales han pedido reuniones oficiales con él, pues dan casi por sentado su triunfo en octubre.