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Es una especie de brazo doblado, que se extiende, en ángulo recto, desde el norte del Perú hasta Costa Rica. Cerramos todo el golfo de Panamá y los norteamericanos, durante la Segunda Guerra Mundial, instalaron una base naval en Baltra, para proteger el Canal de Panamá de un posible ataque japonés

Una vieja e indiscutida afirmación sostenía que el Ecuador era un país pequeño. (Después del Tratado de Río de Janeiro; porque, antes de éste, unas imprecisas ilusiones territoriales dibujaban un anchuroso mapa, superpuesto a zonas que realmente pertenecían a Brasil, Colombia y Perú.) Y la mayoría de nuestra gente se adhería pasivamente a tal versión.

Pero también, por otra parte, se apuntaba -- algunos inconformes y otros conocedores lo hacían – que los hechos mostraban otra cosa. Es decir, que el Ecuador era un país mediano, dentro de su región. (Brasil, por supuesto, es grandísimo; Argentina es muy grande; Perú y Colombia son grandes; y Uruguay y las Guayanas son pequeños.) En consecuencia, los medianos serían Chile, Paraguay y Ecuador.)

Examinemos la cuestión. Y, al mismo inicio, señalemos que el Ecuador es un país marítimo. El adjetivo andino – tan socorrido para nombrarnos – resulta, pues, aquí, al menos ambiguo. Y, ahora, miremos el mapa. El Ecuador es una especie de brazo doblado, que se extiende, en ángulo recto, desde el norte del Perú hasta Costa Rica. Cerramos, de esta manera, todo el golfo de Panamá. (Fue la razón por la que los norteamericanos, durante la Segunda Guerra Mundial, instalaran una base naval en la isla Baltra, para proteger el Canal de Panamá de un posible ataque japonés.)

Y, en otra dirección principal. Con una pequeña cola, nos apoyamos en el Amazonas. Entonces, lo que ocurre es que, de hecho, ocupamos unas pocas montañas y mucha, mucha, agua. Ya está. No somos, en definitiva, tan marítimos, oceánicos, como Chile; pero, ciertamente, nuestra mar nos identifica y caracteriza.

Y la historia acompaña aquí a la geografía. Los navegantes manteños ya llegaban a Centroamérica y a México. Francisco de Orellana partió de Quito, para realizar su aventura amazónica y atlántica. Y el sueco Thor Heyerdahl sostuvo – y trató de demostrar – que los peruanos (ecuatorianos también, desde luego) llegaron a la Polinesia. (Recordemos la proeza de la famosa balsa Kon-Tiki.)