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El agua desbordándose en cascada espumeante por el desagüe superior, es un espectáculo para los turistas.

Cuarenta kilómetros al noreste de Cuenca, se inauguró el 13 de abril de 1972 con la asistencia del general Guillermo Rodríguez Lara, quien dos meses antes derrocó de su último mandato al Presidente Velasco Ibarra, proclamándose Jefe Supremo

La inauguración fue un gran acontecimiento, pues un lago artificial de seis millones de metros cúbicos de agua permitiría regular caudales y girar las turbinas de la central hidroeléctrica de Saymirín, cuya operación desde 1957 dependía de las lluvias en la cuenca del río Machángara, amenazada de los veranos, la suspensión eléctrica y las pérdidas para las industrias.

La noche anterior, por los 415 años de fundación de Cuenca, se estrenó el alumbrado público en 32 kilómetros de calles y sitios de la ciudad, con 585 luminarias, pregón anunciador de la energía que desde El Labrado impulsaría una etapa de desarrollo regional. Entonces ya era automático el prendido de las lámparas.

Ernesto Carvallo, Alejandro Serrano Aguilar, Rafael Vélez, Carlos Heredia, Medardo Torres, Jorge Vélez, Eduardo Serrano Ledesma y Luis Loaiza, docentes universitarios y profesionales de ingeniería, visitando la obra al inicio de la construcción.

Nunca una cúpula de gobierno ni una comitiva de autoridades civiles, eclesiásticas y militares había llegado a ese paraje a 3.300 metros sobre el nivel del mar. Un entusiasmo histórico abrigó el frío paisaje de montañas en torno al espejo de más de dos kilómetros de largo y 450 de ancho promedio, preso en un dique de 24 metros de alto y más de 300 de coronación, obra de técnicos y obreros que dominando a la naturaleza, pusieron su energía a servicio público.

Medardo Torres Ochoa, presidente de la firma Técnica Cía. Ltda., que la construyó, guió a los asistentes por las instalaciones, dando detalles de la obra, sus características, proyecciones y beneficios. El arzobispo Ernesto Álvarez impartió bendiciones y vino luego la ceremonia oficial con discursos y aplausos inaugurales.
Daniel Toral Vélez, Gerente de la Eléctrica Cuenca, reseñó el proyecto que culminó tras larga espera para su contratación y ejecución a cargo de una empresa que pese a muchas dificultades cumplió su responsabilidad. El Alcalde Alejandro Serrano Aguilar, refiriéndose al Presidente de la constructora, Medardo Torres, profesor de la Facultad de Ingeniería, su profesor, apuntó: “Ha rubricado en esta obra las enseñanzas que impartía a sus alumnos. Sus conocimientos y su técnica han quedado impregnados en estos muros, para que los universitarios de la rama puedan verificar la aplicación práctica de sus vastos y bien concebidos conceptos”.

Firma del contrato para la construcción de la presa: Hugo Ordóñez (secretario de la Empresa Eléctrica Cuenca), Eugenio Castro (Gerente de Técnica Cía. Ltda.), Alfonso Peña Andrade (representante de la ciudadanía ante la E. Eléctrica), José Otatti, Emanuel Peña Ugalde (Gobernador del Azuay). A la cabeza el Alcalde Ricardo Muñoz Chávez, Presidente de la E. Eléctrica. Sentado, de espaldas, tercero desde la izquierda, Raúl Carrasco, Director Técnico de la constructora.

La presa, levantada pese a inestabilidades políticas y económicas, le llevó al Alcalde a destacar la honestidad de la empresa para honrar sus obligaciones: “Estos técnicos nacionales han levantado esta presa y la han puesto en funcionamiento y a servicio de la ciudad. No les queda beneficio económico luego de su trabajo por muchas circunstancias desfavorables, pero les sobra la satisfacción de haber cumplido a cabalidad un contrato de tanta responsabilidad y en la que han puesto sus conocimientos y su entusiasmo”.

 La cuenca del Machángara tiene 325 kilómetros cuadrados de superficie . El 40% de la población de Cuenca se abastece con agua potable de fuentes provenientes de esta zona hídrica.

Elogió luego a Enrique Arízaga Toral, entregándole una tarjeta de reconocimiento. “Él organizó y puso en marcha lo que hoy se llama Empresa Eléctrica Cuenca. Con gran visión, se preocupó del futuro de nuestra ciudad, comenzó la obra, dando vida, en primer término, a la Junta que debía proveer de energía eléctrica a la ciudad”, dijo. Arízaga respondió que el mérito pertenecía al propio alcalde, al gerente de la Empresa Eléctrica o a la constructora, pues él no había hecho sino gestiones sin esperar reconocimientos: “como funcionario, como ciudadano y como hijo de Cuenca, al hacerme cargo de esta Tarjeta agradezco este gesto de nobleza, de generosidad, de hidalguía. Esta resolución y este acto me embargan de gratitud”.

Culminó el acto con la apertura de las compuertas, para que el agua desbordara por una cascada de blancura espumeante a cuyas sonoridades se sumaron estruendosos aplausos. El Jefe Supremo de la República y el Alcalde de Cuenca accionaron las válvulas para regular, a voluntad, el caudal que iba a la planta hidroeléctrica de Saymirín y a las conexiones de regadío de dos mil hectáreas de tierras agrícolas.

La presa en la última etapa de construción, en febrero de 1972, dos meses antes de la inauguración. El embalse se encuentra en proceso de llenado.

Antes de dejar el sitio para ir a solemnizar las fiestas cívicas de Azogues, las autoridades recorrieron el lago en la lancha Urcu Ñusta –Princesa del Cerro-, destinada a monitorear el embalse. Entre los navegantes estaban el Comandante General de la Marina y el antiguo aspirante a marinero, Raúl Carrasco, protagonista de esta historia. El 5 de febrero anterior, en un recorrido con periodistas, Hugo Ordóñez Espinosa, secretario de la Empresa Eléctrica y periodista notable, en un arrebato de humor, le bautizó a la lancha como Trucha Madre.

De todo esto ya son cincuenta años y El Labrado aún es fuente de energía, modelo para regular caudales, de protección de crecidas, control ambiental y regadío, a la vez que abastece a la planta de Tixán que entrega agua potable a gran parte de la población de Cuenca.