Años antes del derrumbe, eran constantes los desprendimientos de rocas sobre la calzada, en el sector de El Tahual, anunciadores de la tragedia.

Quienes eran niños en 1993 apenas recordarán el fenómeno hidrogeológico de La Josefina, en el trayecto de la vía de El Descanso a Paute, Gualaceo y otras poblaciones orientales del Azuay. Este 29 de marzo son 25 años del suceso.

También muchos adultos lo han olvidado: del cerro Tamuga fueron abajo alrededor de 50 millones de metros cúbicos de tierra que formaron un dique de 800 metros de largo, 400 de ancho y 120 de altura, en la unión de los ríos Cuenca y Jadán, aproximadamente a 18 kilómetros de Cuenca.

Más de 30 personas –nunca se tuvo una cifra precisa- habrían muerto sepultadas bajo el derrumbe o ahogadas en el cauce que se taponó de inmediato, hasta llenarse en 33 días de invierno, formando un lago de 200 millones de metros cúbicos de agua en más de mil hectáreas en las provincias de Azuay y Cañar, sobre viviendas, carreteras, cultivos, obras públicas y privadas.

Equipos mecanizados del Ministerio de Obras Públicas, del Ejército, de constructoras particulares, de instituciones públicas del país, se concentraron para abrir un canal de desfogue en la cresta de la presa. Nunca en el país se había producido un fenómeno milenario de esta naturaleza ni se habían juntado tantas instituciones con sus tractores y equipos para encarar un hecho de semejantes características. Los militares desempeñaron un trabajo extraordinario, pues ante la emergencia estaban bajo su responsabilidad los operativos en el terreno y para proteger a la población.

Secuencia de las condiciones del cerro Tamuga desde los años 1935 y 1975 hasta el desastre de La Josefina. La explotación de materiales provocó el gran deslizamiento.

El lago residual, después del desfogue violento de aguas.

El embalse demoró hasta el 1 de mayo para rebosar, primero con moderación, y al pasar de las

La casa flotante, que se hizo famosa en medio del desastre.

horas con violencia que causó destrucción aguas abajo del trayecto. El lago formado en más de un mes se vació en gran parte en pocas horas, pues quedó un remanente hasta rellenarse con sedimentación en años posteriores.

El Presidente Sixto Durán Ballén personalmente recorrió los frentes de trabajo y luego del desfogue constituyó el Consejo de Programación de Obras Emergentes (COPOE), encargado de la reconstrucción integral, bajo la dirección del ex Alcalde Alejandro Serrano Aguilar.

Para refrescar la memoria colectiva, y para hacer conocer a la población joven de hoy sobre aquel fenómeno, nada mejor que las fotografías que dicen de la magnitud del suceso y las repercusiones en la vida de los azuayos, particularmente de los avecindados en las poblaciones orientales de la provincia. El gigante lago, cuyo espejo estaba a más de 40 metros sobre el puente de El Descanso, no se borrará de la retina de quienes presenciaron la dimensión diluvial del fenómeno de La Josefina.

Una casa flotante, de madera, que se movilizaba a merced de la dirección del viento, se convirtió en un símbolo de la tragedia. Al desaparecer el lago, se asentó en sitio distinto del original, y es visible aún, como un símbolo de la reconstrucción, que en alguna manera mejoró la realidad de la vialidad y las atenciones gubernamentales a favor de la zona del desastre.

Arriba, la vía reconstruida luego del desastre en la Josefina. Abajo, uno de los campamentos donde se ubicó a los habitantes de la zona hace 25 años.