Sólo la educación, la inculcación de valores morales desde el hogar y el colegio, formarán personas positivas, que sepan del respeto del fuero y la tranquilidad social, como únicos pilares sobre los que debe sostenerse una sociedad equilibrada 

Llevamos casi un mes desde que pusimos una nota a la Fiscalía de Pichincha sobre un robo cuantioso en nuestra vivienda, un día sábado por la tarde. El habernos ausentado, máximo una media hora en volver al domicilio, fue tiempo suficiente para que los antisociales unidos al portero del edificio se lleven no solamente lo común y corriente: dinero, joyas, sino muebles de comedor y de sala, elegidos para lucir en el hogar, objetos decorativos, fotos.etc. Nos dejaron sorprendidos que tres sillones antiguos, de comedor y de sala, de fina talla del arte quiteño, y tres sillas de esterilla, “volaran” de las habitaciones, bajaran tres pisos de la grada y salieran por la puerta principal directamente hacia algún transporte que estaba esperando la culminación de la hazaña.

Es decir, fueron trasladados por las gradas del edificio, en altas horas de la noche, ante el estupor de quienes hemos sido perjudicados. Y a este atraco se agregaron objetos diversos, personales, decorativos, de calidad excepcional, traídos desde la China Continental, Japón, Hawai, Estados Unidos de Norteamérica, Canadá, México, Hawai, Republica Dominicana. Todo, junto con vestidos y objetos que solíamos lucir en las reuniones sociales. Es decir, en muy pocos minutos perdimos las cosas que toda persona ha adquirido para presentarse bien ante los demás, inclusive por respeto social. Sin embargo, y pese a nuestras informaciones y a los nombres de personas que mencionamos por hallarse directamente involucrados en el lamentable suceso, no conocemos resultado alguno. “Están investigando” es la explicación de los expertos en este tipo de casos, pese a que nosotros, que vivimos el atraco, hemos dado referencias demasiado obvias para un caso como el presente.

Todos sabemos que en el Ecuador la pobreza sacude casi a media población, que la migración del campo a la ciudad es un fenómeno cotidiano protagonizado por gente joven que anhela otro porvenir. Pero también consideramos que no siempre estos grupos se orientan acertadamente ni se acercan a personas o entidades serias que puedan garantizarles estabilidad y bienestar. Y de ese equívoco deriva la conducta negativa y arbitraria: los atracos, los asaltos, los engaños y falsedades, que protagonizan los preteridos de la sociedad. Al no obtener una posición segura hallan en el robo sorpresivo, en el asalto y en la amenaza, las únicas formas de sustraerse dinero y objetos de valor para venderlos, muchas veces, en precios risibles fruto del desconocimiento de las cosas y de su cuantía.

Por ello creemos que sólo la educación, la impostergable inculcación de valores morales desde el hogar y el colegio, conseguirán formar personas positivas, que sepan del respeto del fuero y la tranquilidad social, como los únicos pilares sobre los que debe sostenerse una sociedad equilibrada y bien formada. Lo demás, es decir, lo arbitrario, lo grosero, lo inesperado y que emerge del odio social y el cansancio humano, ante lo inabordable y la marginación que experimenta son verdades que nos duelen y que sorpresivamente nos afectan en el fuero interno, realidad que no concuerda con el anhelo de bienestar y respeto bases seguras de una sociedad que avanza.