Como siempre, el pronunciamiento del pueblo, a través de las urnas electorales ha sido irrefutable este 16 de noviembre. El referéndum y la consulta tuvieron respuestas contundentes para expresar, más que inconformidad en las preguntas planteadas, con el predominio de la inseguridad, la controversia política, la inseguridad pública, la corrupción y la impunidad.

El gobierno de Noboa ha sufrido una derrota. Todas sus preguntas han recibido respuestas negativas. Es un llamado de atención contundente para revisar con urgencia su gestión y la de sus colaboradores. El tiempo apremia. De inmediato deben producirse las respuestas apropiadas, para evitar que las lesiones se profundicen. La buena asesoría al gobernante es necesaria e indispensable, como la selección apropiada de quienes deberán hacer equipo triunfador del gobierno.

Aún está a tiempo de salvarse, asumiendo el revés como oportunidad para introducir cambios básicos en su gestión. El centralismo impide generalmente al gobernante mirar el panorama nacional. Provincias como Azuay sufren situaciones de aislamiento por la falta de vías apropiadas de conexión con el país; la inseguridad, generalmente ajena a esta provincia, ha empezado a mostrar sus fauces criminales; los privilegios de la naturaleza con su ecología y sus ríos no pueden seguir bajo amenazas de afectación.

El mejor resultado de las urnas será la lección para buscar mejores días, la unidad de los ecuatorianos, la prosperidad colectiva en convivencia de armonía, justicia y seguridad. Está en manos del gobierno reconocer, valorar y aprovechar esta lección. Y en manos de sus adversarios, no caer en la ocasión de vengar sus caprichos o deseos de fracaso, ajenos al bienestar nacional.

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