Los resultados de la jornada electoral del 16 de noviembre son un llamado de atención al gobierno del presidente Noboa: el pueblo necesita obras, seguridad, resultados en la lucha contra la delincuencia y la corrupción y no contiendas políticas, centralismo e indiferencia ante los mayores problemas nacionales

El revés del gobierno del presidente Noboa en las urnas el 16 de noviembre marca un antes y después muy claro en su gestión nacional: los resultados numéricos irrefutables evidencian un desgaste político y un reclamo para que, por sobre los debates y controversias, primen de inmediato ejecutorias reales y concretas: el pueblo reclama obras, paz, buen vivir, seguridad y honradez pública.

En las tres preguntas del referéndum y en una de la consulta la respuesta contundente del pueblo fue negativa, más que por el contenido de las mismas, como la única forma de expresar inconformidad de manera irrefutable: el voto secreto y libre.

 El presidente Daniel Noboa, en el recinto electoral, acompañado de su esposa, exhibe la papeleta electoral con su voto.

La propuesta de eliminar el fondo de financiamiento de los partidos políticos, aparentemente iba a tener una respuesta afirmativa mayoritaria, pero ocurrió lo contrario: la ciudadanía permanentemente impugna la proliferación de partidos y movimientos financiados con dinero público, pero se expresó en forma opuesta en la votación: el rechazo fue al gobernante, no al concepto de la pregunta.

Similar apreciación es válida en las demás interrogantes. Hay conciencia colectiva de que el apoyo internacional es necesario para combatir el narcotráfico, mediante bases extranjeras, pero el pronunciamiento tampoco favoreció a la propuesta. Inclusive el presidente Noboa estaba tan seguro de que se aprobaría este sistema de seguridad con bases extranjeras, que por dos veces tuvo la visita de la Secretaria de Seguridad de los Estados Unidos, Kristi Noam, para tratar sobre la ubicación de los sistemas. Y todo quedó en nada el 16 de noviembre.

La reducción del número de asambleístas era otra propuesta al electorado, pero resultó adversa la respuesta mayoritaria. Es de común asentimiento que demasiados legisladores llenan los recintos de la Asamblea Nacional, pero en las urnas no se aceptó reducirlos a la mitad, como planteó el gobierno. Hay asambleístas que poco o nada aportan y peor aún, que no siquiera intervienen en los debates, pero suman sus votos para aprobar temas de interés de interés del gobierno o en su contra.

Las reformas a la Constitución, mediante una asamblea constituyente, también fueron negadas en las urnas. Un gran perdedor resultó el gobierno de Acción Democrática Nacional (ADN) frente a todas las preguntas planteadas al pueblo ecuatoriano el 16 de noviembre.

La respuesta irrefutable de las urnas compromete al gobierno a realizar la apropiada lectura de esta prueba que, en vez de darle refuerzo, acabó debilitándolo. De la reacción que adopte el gobierno frente al llamado de atención, dependerá el camino inmediato y a futuro, en los tres años y algo más que aún le quedan para completar el período. La indiferencia ante los resultados profundizaría aún más la separación entre el poder público y la población.

La respuesta del electorado fue, en definitiva, una respuesta política. El presidente que ganó en las urnas con más de un millón de votos frente a su rival, obtuvo más o menos la misma diferencia el 16 de noviembre, pero al revés, en su contra. Pocas veces se ha dado en la historia nacional un degaste de estas proporciones en tan poco tiempo de gestión gubernamental: la reflexión, el análisis, con los pies sobre el territorio, son elementos indispensables y urgentes para recuperar la confianza colectiva en un gobierno que asumió como la esperanza definitiva para superar etapas negativas del país de años precedentes.

Pero tampoco los resultados deben asumir los sectores políticos adversos al gobierno como su triunfo: fue la voluntad ciudadana, de los más variados orígenes y tendencias ideológicas, los que sumaron su voz y su voto para que se dieran esos resultados. Ningún partido o movimiento debería asumir como obra suya el resultados de las urnas, como parecen haberse pronunciado algunos voceros contra los que, de alguna manera, fue también la respuesta colectiva y que ya por varias veces han sido perdedores en las contiendas.

Al gobierno del presidente Noboa, tras el examen responsable de la jornada de noviembre de 2025, quedan aún caminos posibles para introducir los cambios que juzgue necesarios en la Constitución de la República, para llevar adelante sus planes relacionados con el desarrollo del país, la implantación de la justicia, el freno a la corrupción y la violencia, a través de las oportunidades que pueden aprovecharse a través de la Asamblea Nacional.

La provincia del Azuay fue una de las que más sumó su aporte electoral a favor del presidente Noboa en las elecciones presidenciales, pero ahora el revés del mandatario es contundente: ninguna de sus cuatro preguntas alcanzó una respuesta positiva. El electorado es consciente de ciertos errores inocultables, como en el tema de la minería y el riesgo de afectar las cuencas hidrográficas contaminando las aguas de consumo humano. Este tema, más bien, dio oportunidad para que sectores políticos adversos al régimen impulsaran campañas que, de algún modo, se reflejan en el conteo adverso de los votos que acaba de sufrir el presidente Noboa, precisamente en esta provincia. Y ya se ha advertido el interés con el que han reaccionado aquellos políticos adversos al gobierno, para proclamarse triunfadores en la jornada electoral que acaba de producirse. La defensa del agua une a cuencanos y azuayos, al margen de su identificación política: nadie debe, por ello, apropiarse del resultado electoral como fruto de sus cosechas personales o políticas.

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