Arturo Cuesta Heredia (1922 - 2006)

La metáfora del poeta Arturo Cuesta, que alguien la adaptó a la manifestación en defensa del agua de Cuenca, recibió un premio municipal sin advertir el origen literario de inspiración de uno de los mejores autores cuencanos de poesía en el siglo XX

uando en diciembre de 2000 el Colegio de Abogados del Azuay rendía homenaje a su socio Arturo Cuesta Heredia, los villancicos navideños entraron al auditorio de la Corte de Justicia: el Pase del Niño bajaba por el parque Calderón y calle Sucre, al pie del edificio, en multitud alegre y colorida.

Al público pareció perturbar la bulla en el acto solemne, pero el homenajeado se entusiasmó por la coincidencia y al agradecer el reconocimiento a su trayectoria judicial, dijo palabras sabrosas como los dulces de la temporada: “A la ciudad de los cuatro ríos le ha nacido un quinto río, de colores”, gritó, girando las manos hacia la procesión. Todos se pusieron de pie y le aplaudieron largamente, y él los miró sonriente y agradecido.

Cuesta (1922-2006), magistrado judicial, fue poeta notable del Ecuador en el siglo XX. Humano de sencillez mística, percibía en las cosas simples la inspiración que se desbordaba en metáforas ante la belleza de los paisajes, la bondad de los seres humanos o la cristiana resignación ante su destino sin ambiciones materiales. Los encantos de Cuenca, ciudad de los cuatro ríos, fueron tema reiterado de su creación literaria.

El 16 de septiembre de 2025 marcharon por el centro histórico de la urbe decenas de miles de personas para defender las fuentes de agua del cerro Quimsacocha, que alimentan quebradas y ríos en riesgo de contaminarse con la minería. Los asistentes proclamaban como quinto río a esa multitud, con rótulos como olas de un cauce desbordado por las calles.

Autoridades, políticos y participantes ignoraban que el poeta Cuesta, experto en improvisar metáforas expresivas, fue quien comparó un gentío navideño con el caudal crecido de los ríos cuencanos: “Me encanta jugar con la palabra y creo que soy magistral en el arte de las metáforas, lo que muchos me han reconocido”, consta en una entrevista publicada en AVANCE de octubre de 2003.

Cuesta Heredia perteneció al grupo ELAN, con los poetas cuencanos Eugenio Moreno, Jacinto Cordero, Efraín Jara y otros que vinieron después. Manuel María Muñoz Cueva, otro ilustre hombre de letras, fue un gran amigo al que fue a visitarlo cuando en 1977 estaba al borde de morir en el hospital del Seguro Social y al despedirse, seguro de que no usaría más el bastón que le ayudó a caminar en los últimos años, le regaló gustoso: “Yo le agradecí –contó sonriente- haciéndole una broma: es la tercera pata de la tercera edad”.


En 2003 recibió del Congreso la presea Vicente Rocafuerte, gestionada por la diputada Guadalupe Larriva, así como la resolución de una pensión vitalicia, que nunca llegó, por trámites que no podía realizarlos, hasta morir el 12 de noviembre de 2006, de 84 años. Fue una metáfora cruel al fin de su vida, o el último desengaño del poeta inventor de la frase del quinto río para graficar el Pase del Niño y que se reinventaría para defender los caudales que vienen de Quimsacocha, como un sexto río de Cuenca.

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