Cristóbal Colón y las tres embarcaciones de la aventura que empezó en España y llegó a lo que posteriormente se llamaría América.

Un libro de historia de Pablo Estrella Vintimilla, escrito hace medio siglo, en segunda edición, revisada. No es el texto tradicional, cronológico, de nombres protagónicos y de hechos consumados, sino de análisis y comprensión de más de cinco siglos de trayectoria humana, social, política y económica de América Latina y del Ecuador.

General Guillermo Durán Arcentáles (ejército), contralmirante Alfredo Poveda Burbano (marina) y general Luis Leoro Franco (aviación), miembros del último Consejo Supremo de Gobierno que gobernó al Ecuador hasta 1979.

La aventura empezó el 3 de agosto de 1492 en Puerto de Palos, en la costa española. Tras setenta días de azarosa navegación, el 12 de octubre, los viajeros de las carabelas La Pinta, La Niña y La Santa María, asombrados ante un paisaje con vegetación, escucharon a Rodrigo de Triana gritar emocionado “Tierra, Tierra”, creyendo llegar a la India.

Cristóbal Colón, auspiciado por los reyes de España, dirigió la proeza en busca de oro y especias que retribuyeran el desafío, y saciar la sed de riqueza por la que le apoyaron los monarcas. Colón, que emprendió cuatro viajes por la ruta, moriría sin saber que pisó un continente nuevo, al que años después se puso por nombre América, en discutido homenaje al marinero Américo Vespucio.

Este relato inicia el recorrido histórico que emprende Pablo Estrella Vintimilla por los períodos de conquista, colonización, explotación e independencia de los países formados en América del Sur. Los primeros hasta los últimos españoles que invadieron el Nuevo Mundo, e inclusive los primeros libertadores del “yugo español”, victimizaron a la población originaria, imponiéndole leyes, religión, explotación laboral y económica y hasta desconocidas enfermedades.

Pablo Estrella Vintimilla y su libro de historia, a la derecha.

ECUADOR 500 AÑOS Entre el saqueo del oro y del petróleo, (editorial El Conejo) es una exhaustiva investigación de los dramas humanos, sociales, políticos y económicos vividos y sufridos por los pueblos suramericanos desde la conquista y dominación imperial, en los que Ecuador es “un eslabón de la cadena de oro”, hasta el año 1976, que limita temporalmente la tesis con la que el autor obtuvo su licenciatura en la facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca.
El mérito de Estrella es la ruptura del tradicional tratamiento de los textos de historia, reducido a citas cronológicas, nombres de personajes y recuento de episodios resaltados como “hazañas”. Interpreta, analiza y reflexiona con bases sociológicas y científicas las conexiones entre la producción y la propiedad privada como elementos determinantes de los planes políticos y sus efectos, respuestas y consecuencias en la vida y el comportamiento de la sociedad.

La obra, de estilo ameno, literario, se respalda en la prolija investigación de fuentes históricas, intensas lecturas de autores expertos y confiables, en un texto de quince capítulos y más de trecientas páginas, con el trasfondo que identifica al autor con tendencias críticas fundamentadas en principios de justicia social y derechos humanos. Estrella, por añadidura, tiene el respaldo de una sólida formación académica y el ejercicio profesional en la docencia y el Derecho, con solidaridad y respeto a la dignidad humana. En su obra, escrita con el fervor de la juventud y revisada para esta segunda edición, las ironías de la historia adquieren acertada expresión en los títulos y subtítulos que, de por sí, invitan al lector a recorrer sin pérdida de tiempo por sus páginas.


LA HORA CERO DEL ECUADOR…

Desde la aventura de las tres carabelas, hasta el último triunvirato militar que gobernó el Ecuador hace casi medio siglo, cuando fue escrito, incluye el autor al final una post data intitulada La hora cero del Ecuador, sobre la dolorosa y desconcertante realidad actual, con reflexiones indispensables para buscar caminos nuevos y necesarios. Bien vale destacar unos oportunos y sobrecogedores párrafos:

»Vivimos días difíciles, imposibles. No es una figura retórica: el piso que debe sustentar nuestra condición de seres humanos se resquebraja cada día, sin que nadie atine –pues parece que a nadie le importa- encontrar una opción para detener la vorágine.

Hemos sobrepasado los límites de los riesgos tolerables, todas las crónica de los naufragios anunciados. Hemos tocado fondo, pero el fondo se ha vuelto ilimitado. Estamos en un territorio de arenas movedizas, minado por el pánico y por el desconcierto. El tejido social está destruido y deja ver las costura y las hilachas de la miseria material y moral. Sólo existe una paleontología de la democracia, que se sostiene penosamente en los vestigios de una institucionalidad fallida. Pisamos la aridez de territorios baldíos en los que no aparece alguien o algo que nos diga, que nos haga sentir que formamos parte de un conglomerado social.

Los ciudadanos comunes, por desgracia, nos hemos quedado maniatados en medio de la tormenta, sin la posibilidad de diseñar, de desplegar un horizonte de esperanza que genere la ilusión de que aún podemos acampar en un territorio en el que germinen unas pocas certezas. La inminencia del desastre se ha convertido en un riesgo evidente, que nos lleva a chapotear en los mares del pánico y de la inseguridad…

¿Puede llamarse democrático un sistema en el que se han creado hostilidades mutuas, recelos indeseables, polarizaciones, brechas que han convertido al ser humano en un instrumento de uso y abuso de otros, privándoles de sentimientos de identidad y dignidad, que son los únicos que pueden evitar que sucumbamos ante la voluntad de lo poderosos?

¿A quienes les ha interesado, y les interesa, convertir a este país en un verdadero desbarajuste, en un campo minado por la violencia en sus manifestaciones más brutales, en un territorio en el que la violencia y la muerte asaltan en cualquier esquina, a cualquier hora?

Mientras hoy ya no podemos respirar en los espacios en los que florece la vida, los mensajeros de la muerte arman sus rompecabezas macabros y sus crucigramas fatales, en grandes mansiones, en edificios deslumbrantes, en las geografías inimaginables comprada con narco dólares, bajo la complicidad y el cinismo de quienes deberían estar empeñados en gobernar la cosa pública con responsabilidad, administrar la justicia en el marco de la ley y de la deontología, expedir las leyes en beneficio del bienestar social, atender con responsabilidad las demandas de la educación y de la salud, y no convertirla en macabros negocios de la ignorancia y de la muerte.

En medio de este desgarramiento, debemos plantearnos como un verdadero desafío, la alternativa de transformar esta realidad que vivimos –y que no nos gusta- , en otra realidad posible. Debemos soñar juntos en un futuro, en uno futuro que debe ser concebido como un proyecto histórico abierto y plural. Un proyecto en el que nunca más quedará excluido el término esencial de la historia; el ser humano, hombres y mujeres con creatividad a flor de piel y un corazón como fuente inagotable de voluntad individual y colectiva, que nos permitamos, nos demos permiso para diseñar y construir nuestro auténtico destino.«

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