A la izquierda vista de una parte central de Cuenca hacia mediados del siglo XX y en esta página una toma similar, en tiempos actuales. Son evidentes los cambios producidos por la expansión urbana.

El próximo 1 de diciembre trae evocaciones históricas a Cuenca. En 1945 asumió funciones el primer alcalde de elección popular, Luis Moreno Mora, y en 1999 la UNESCO la declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad. Estas fechas propician registrar hechos significativos en el desarrollo de la vida de la ciudad y de sus habitantes

Al fundarse la ciudad en 1557 el cabildo español designó primer alcalde a su compatriota Gonzalo de las Peñas. Esta dignidad rigió hasta 1824, cuando se la sustituyó por la de los corregidores, hasta fundarse la República del Ecuador en 1830 y los nomina presidentes de concejo, hasta el 1 de diciembre de 1945, fecha en que asume Moreno Mora, quien ganó las elecciones el primer domingo de noviembre de ese año.

La asamblea constituyente, el 30 de junio de 1945, aprueba la Ley de Elecciones. El artículo 43 dispone que las ciudades con presupuesto mayor a tres millones de sucres –Quito, Guayaquil y Cuenca- elegirán alcaldes, mientras las demás seguirán con presidentes de concejo. El último presidente municipal de Cuenca fue Joaquín Moscoso Dávila, escogido por los concejales, según la legislación entonces vigente.

 
 Luis Moreno Mora, primer alcalde de Cuenca, marcó el inicio de una etapa de transformación administrativa y de desarrollo. 

La ciudad de 40 mil habitantes no desbordaba el centro histórico. Las acequias que al borde de las calles empezaban a ser tapadas y la pavimentación, eran obras iniciales de progreso, mientras desde dos décadas atrás los primeros carros circulaban con frecuencia creciente. Operaba un servicio particular de telefonía y la administración de Joaquín Moscoso contrató un sistema moderno, con la firma sueca Ericsson, para 600 teléfonos automáticos en vez de los precarios aparatos accionados con una manivela.

La planta de agua de El Cebollar, en Cullca, no cubría la demanda y distaba de ser potable. La energía eléctrica, instalada en 1914, se expandía anunciando procesos de desarrollo industrial y mejores condiciones de vida. Cuenca empezaba a ser la ciudad del siglo XX, conservando tradiciones culturales, la religiosidad y el dominio político del partido conservador hasta fines del siglo XX, a excepción de un alcalde izquierdista de 1953 a 1955.

En ocho décadas diez y siete ciudadanos ejercieron la alcaldía, convirtiendo progresivamente a la pequeña ciudad en la metrópoli de hoy. El primer alcalde contrata un plan regulador, con el técnico uruguayo Gilberto Gatto Sobral, quien además planifica el edificio municipal frente al parque central, estrenado por los 400 años de fundación de Cuenca en 1957. Empieza la construcción de la “cárcel modelo”, al norte de la ciudad, hace poco remplazada con el Centro de Rehabilitación de Turi.

Enrique Arízaga Toral (1949-1951) crea en 1948 la Empresa de Luz, Agua y Teléfonos (EMLAT), para especializar los servicios públicos. El 15 de julio de 1949 inaugura la planta de teléfonos automáticos, iniciativa del último presidente del concejo, Joaquín Moscoso. Hoy, la telefonía celular amenaza extinguir la telefonía tradicional, que empezó como osado emprendimiento. En abril de 1951 una gran creciente del río Tomebamba destruyó los puentes de conexión con el centro de la ciudad, además de otras pérdidas. Arízaga Toral asumió acciones emergentes ante la desgracia, una de tantas causadas en la historia de Cuenca, frecuente víctima de crudos inviernos o largas sequías.

 
 Gerardo Martínez Espinoza, primer secretario de la alcaldía. Treinta años después sería prefecto del Azuay, luego fundó el CIDAP. 

Entre 1953 y 1966 ejercen la alcaldía de Cuenca Miguel Ángel Estrella Arévalo (1953-1955), Luis Cordero Crespo (1956-1959) y Severo Espinosa Valdivieso (1959-1966), quienes actuarían en una etapa de transición en el desarrollo de la ciudad que empieza a acelerar la expansión urbana desde los límites del centro histórico hacia nuevas zonas, así como el aumento demográfico con sus necesidades y exigencias nuevas.

Ricardo Muñoz Chávez (1966-1970), remplaza a la empresa EMLAT, creada veinte años atrás, con la de Teléfonos, Agua Potable y Alcantarillado (ETAPA), para ampliar y modernizar los servicios públicos. El 27 de octubre de 1966 firma un compromiso con el presidente interino Clemente Yerovi Indaburo, para construir la Avenida de Circunvalación, referente de crecimiento urbano hasta el año 2000, que quedó corto, pues la expansión pasó ese límite urbano en una década.

El alcalde Alejandro Serrano Aguilar (1970-1977) se empeñó en instalar equipamientos básicos, como el terminal terrestre, criticado por ubicarlo lejos de la ciudad y hoy obsoleto, en una de las zonas de más movimiento de entrada y salida de la ciudad, demasiado cerca del centro de la urbe. El Coliseo Mayor de Deportes fue de su iniciativa y desde 1996 lleva el nombre de Jefferson Pérez, primer medallista olímpico ecuatoriano. También fue obra suya el equipo profesional de fútbol Deportivo Cuenca, símbolo emblemático de la ciudad. Además, el estadio municipal, luego nominado Alejandro Serrano Aguilar, lo remodeló para sede de torneos nacionales e internacionales y más pronto que tarde irá a una zona apartada del intenso ajetreo urbano que ocupa hoy. Otra obra suya es el Mercado Mayor de El Arenal, el más grande de la ciudad, hacia el occidente, que ya clama por ser trasladado a una zona periférica apropiada.

Pedro Córdova Álvarez fue elegido en 1978, postrimerías de la última dictadura militar, y en su administración hasta 1984, primer período de la recuperada democracia, destaca la contratación de los planes maestros de agua y alcantarillado y la declaratoria de Cuenca como Patrimonio Nacional del Ecuador, antecedente de reconocimientos internacionales posteriores.

Xavier Muñoz Chávez, en su primera administración (1984-1988) avanza con los planes maestros y en su segunda administración (1992-1996) en la construcción de la planta de tratamiento de aguas residuales en Ucubamba, inaugurada en 1999, hoy saturada, en proceso de ampliación en una zona próxima. La planta de agua potable de Tixán es obra suya y abastece a una creciente población cuencana. La Bienal de Pintura de Cuenca nació en su alcaldía y es una de las expresiones culturales y de arte que perdura ampliada a nivel mundial, cuando en este mes realiza la XVII edición. En 1993 ocurrió la tragedia hidrogeológica de La Josefina, en la que su administración cumplió un intenso trabajo emergente.

El periodista Jorge Piedra Ledesma, alcalde de 1988 a 1992, consolida proyectos de expansión urbana, la ampliación de servicios básicos y la modernización de la telefonía nacional e internacional que sufría graves deficiencias en la época.

Fernando Cordero Cueva (1996-2005) introduce cambios en el desarrollo de la ciudad, como los primeros pasos deprimidos para aliviar el tráfico, la implantación del parqueo tarifado en las calles, la regeneración del parque Calderón y del centro histórico. En 1999 logró que la UNESCO reconociera a Cuenca como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Marcelo Cabrera Palacios, alcalde en los períodos 2005-2009 y 2014-2019, construye la planta de agua potable de Sústag, con previsiones de abastecimiento hasta mitad del siglo XXI, así como el Parque de la Libertad, en el espacio que
desde 1947 ocupaba la “cárcel modelo”, y varios mega parques en barrios apartados del núcleo urbano principal, como el De la Luz al norte y otros a orillas de los ríos que atraviesan la ciudad.

Paúl Granda (2014-2019), dejó como obra significativa (también polémica), el tranvía Cuatro Ríos, cuya construcción requirió cerrar el tránsito varios años en el recorrido de la ruta, incluido el centro histórico, con molestias graves en la vida de la ciudad, con demoras en el avance de la obra por problemas técnicos y legales. Le sucedió Pedro Palacios (2019-2023), a quien correspondió una difícil etapa por la pandemia del COVID 19, el encierro sanitario y graves problemas humanos, hospitalarios y funerarios. El paso a desnivel en la avenida de Las Américas, a la altura del ingreso al Parque Industrial, es obra importante de su mandato.

Al cumplirse 80 años de la instauración de la Alcaldía de Cuenca, está frente a la institución Cristian Zamora Matute (2023-2027) y aún no tiene obra significativa de su gestión, excepto la construcción de hospitales en marcha en parroquias rurales del cantón. El Parque Ferroviario de Gapal fue inaugurado en septiembre pasado, obra que quedó pendiente de la gestión municipal anterior.

Arriba, el Tranvía Cuatro Ríos, en operación cuatro años, muestra la modernización del transporte urbano y, la construcción de un gran distribuidor del tráfico al sur de la ciudad, una de las soluciones viales urgentes para resolver grandes problemas de movilidad.

Necesidades urgentes de preocupación y con proyección a futuro inmediato, son la solución del tráfico por el centro histórico y la periferia, que se desenvuelve en forma caótica, con deficiente gestión del área de movilidad municipal. También, la reubicación del aeropuerto Mariscal La Mar, inaugurado en 1941, entonces lejos del centro urbano, hoy en mitad de la ciudad de medio millón de habitantes y con parroquias décadas atrás rurales –Ricaurte, El Valle, Baños, San Joaquín, Sayausí-, ahora prolongaciones urbanas de Cuenca.

La ciudad, embellecida por sus ríos y orillas con parques y jardines admirados por propios y extraños, la magnificencia de sus templos y edificios de belleza arquitectónica antigua y moderna, necesita revisar la preservación de bienes patrimoniales que, en no pocos casos, han sufrido alteraciones por tentaciones comerciales, o han sido arbitraria e impunemente demolidos.

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