Una familia cuencana apasionada por la pintura impregna de colores la vida y la naturaleza
Los Montesinos dejan circular por su sangre la herencia genética del arte que inyectó Julio, el padre (1917-2006, cuya vena pictórica renuevan los hijos, con sus propias percepciones del mundo y de la vida, desde la sabia nutriente de sus raíces. Los hermanos Julio (1947) y Juan Montesinos Burbano (1954) y Andrés (1981) y Ximena Montesinos Carrasco,(1972), hijos de Julio Jr., presentaron una muestra familiar de nombre sugestivo y significativo: Intuiciones.
“Ninguno de nosotros ha tenido instrucción formal en el arte, pero nos hemos dedicado a él toda la vida. Esta obra reúne cuatro miembros de una familia de pintores, cada uno con su lenguaje distinto, unidos por un herencia invisible: la intuición, el carácter autodidacta y la conexión genética con el Arte”, dijo Andrés en nota previa a la exposición. Y Juan Martínez Borrero, al presentarla, añadió: “Unidos por una raíz invisible que no se enseña, sino que se encarna. La intuición como legado común, arte en estado germinal: confianza absoluta en el gesto espontáneo, entrega al mundo sensorial, certeza visceral que brota antes de la razón”.
Ellos, al influjo del padre y abuelo, Julio Montesinos Malo, desde la infancia y la adolescencia usaron lápices, espátulas y pinceles, para colorear los paisajes, los retratos y los objetos sobre la cartulina y el lienzo, con sus propias intuiciones y libertades para crear aquello que brota al unirse los matices y los sentidos con la inteligencia. Hoy, expertos en el oficio, cada uno aplica sus iniciativas y sus técnicas para expresar pasión por la vida, por la naturaleza, por sus fantasías y realidades humanas y del mundo que les ha tocado sentir, poetizar y vivir. Las técnicas tradicionales y enfoques contemporáneos desarrollan una trayectoria que llega hasta la experimentación digital.
La muestra familiar estuvo en la Galería Tres Esquinas, en espacios de refinada y acogedora belleza, y queda en estas páginas apenas una señal ligera, con respeto a una familia entregada a crear obras bellas, coloridas, insinuantes, fascinantes, para gozar del arte como recurso que incita reflexiones que trascienden la banalidad de la rutina a veces atosigante del ajetreo cotidiano.




