por: Carlos Jaramillo Medina*

“Montañas. Compacta sortija de montañas. Donde quiera que se dirija la mirada, las montañas salen al encuentro, nítidas a pesar de la lejanía, solemnes en su grandiosa austeridad. El cielo se adhiere a sus cimas como una inmensa telaraña azul… Este cinturón de collados apacigua la violencia telúrica de los Andes, dulcifica la orografía y da al valle aspecto de huerto, apariencia apacible de vergel” (Efraín Jara Idrovo).

De esta manera Efraín Jara Idrovo, en un motivo de celebración poética, describe las cualidades tectónicas de la “Geografía Sagrada” de las culturas Cañari Inca que enmarca el valle de Cuenca: el Guagualzhumi, Curitaqui, Pacchamama, Turi, Icto Cruz, Monjas, Minas, Barabón, Boca de Pescado, El Boquerón, El Calvario, Cabogana, Caushin, entre otros.

Cuenca ha sido bendecida con el regalo natural de las montañas donde llegan los ríos abriéndose paso por las rocas occidentales, hasta llegar a la vaguada, en cuyo centro se asienta la ciudad. Desde cualquier punto de la urbe la perspectiva se dirige hacia las variadas moles de la cordillera que se funden en los confines del horizonte comarcano. Predominan los colores azul ferruginoso, verde azulado y en algunos flancos colinas ocres desolladas por las garras de la erosión y la fiebre urbanizadora.

Cuidemos el futuro preservando la belleza telúrica de nuestras montañas, su frágil ecosistema, su diversidad ecológica, los valores y los modos de vida de las culturas locales. Las Naciones Unidas y la FAO, con motivo del “Día Internacional de las Montañas 2017” (11 de diciembre), reivindican la necesidad de que su estrategia de desarrollo sostenible se integre en la Agenda 2030, frente al lema “Montañas bajo presión: clima, hambre, migración”.

Inspirador lema que motiva pensar sobre el cuidado y manejo sustentable del paisaje de montaña que enmarca el valle de Cuenca.

Cuatro ríos fluyen por la ciudad que han impregnado el carácter de singularidad del ser y del quehacer del cuencano. El ciudadano y el entorno natural, de igual manera que las líneas de la mano, han marcado la unidad ontológica entre hombre y paisaje. Porque el cuencano no vive en el paisaje, sino que lo vive, como lo hace el gusano en el caracol.

Se completa el escenario natural de la ciudad heredada con los distintos paisajes culturales que rodean la urbe. La mayoría erosionados y yermos, debido a la persistencia necia del huracán histórico de la emigración.
La ciudad ha sido el lugar del mestizaje todavía inacabado de varias culturas urbano arquitectónicas: la aborigen cañari e inca, la colonial renacentista que trazó la ciudad reticular, la republicana, la cosmopolita premoderna de influencia francesa, la moderna con la introducción del estilo internacional y la contemporánea.

Las cinco culturas han tejido tres ciudades con sus características propias, pero guardando un mismo sentido de unidad: la ciudad primigenia correspondiente al Centro Histórico, la “ciudad jardín” moderna que ahora mismo está siendo transformada con la presencia de la ciudad vertical, la ciudad periférica de expansión y las cabeceras urbano parroquiales.

Este es el ámbito natural, histórico y cultural sobre el cual debemos imaginarnos la ciudad del futuro.

LA PLANIFICACIÓN INSTITUCIONAL SOSTENIDA

La cartografía urbana tiene la misión de representar una ciudad. Es un modelo que puede ser prefigurado mediante un plano como sistema iconográfico. La conquista española en América trazó planos reticulares de damero y el Centro Histórico de Cuenca responde a este tipo de ciudad fundacional con manzanas de 150 varas castellanas.

Traza original de la Cuenca de 1557, elaborada en 1920 por Octavio Cordero Palacios.

No se conocen planos de Cuenca de la época colonial, esos dibujos que muestran las ciudades en perspectiva al estilo de las pinturas de Giotto, descriptivos, taxonómicos y composicionales. Solo conocemos planos que reconstruyen la traza colonial dibujados en base a las actas de fundación, como el de Octavio Cordero Palacios de comienzos del siglo 20.

La notación de los planos se multiplicó en el siglo 19. Modelos iconográficos que representan a la ciudad existente precisa y abstraída.

Existen planos de la primera mitad del siglo 20 que son una fuente gráfica para el estudio histórico.

El año de 1942 es un hito urbanístico porque se da el salto de la elaboración de planos de la ciudad representada, tal como es, a la propuesta iconográfica de la ciudad imaginada. El segundo plano imaginado corresponde al proyecto “Cuenca en un futuro de 50 años” del año 1947, realizado por el arquitecto uruguayo Gilberto Gatto Sobral. Mientras que el tercer plan imaginado se elaboró en 1971.

El Plan del Área Metropolitana de Cuenca de 1982 es el cuarto esfuerzo institucional sostenido y el primero de carácter multidisciplinario. En los siguientes lustros se publican varias ordenanzas para el uso y ocupación del área periurbana y el suelo rural. Y en este año se elabora el plano actualizado de la ciudad que contiene las cabeceras urbano parroquiales, la zonificación, los equipamientos públicos y sitios de interés arqueológico y paisajístico.

 

* Parte de la ponencia presentada por el autor en La Cumbre de Arquitectura, Patrimonio y Desarrollo
Urbano e Inmobiliario: Cuenca 2025.

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