
Marcelo Barros Núñez, cuando desempeñaba la gerencia general del Banco de Desarrollo del Ecuador.
Ingeniero cuencano con experiencia en organismos nacionales e internacionales opina sobre la realidad económica y comercial del Ecuador actual y del futuro, y la necesidad de vincular a Cuenca con el mundo, en asocio con los principales polos de desarrollo del país, Quito y Guayaquil, con estrategias para transportar la producción local a los mercados del mundo
Las fronteras serán cada vez menos rígidas en el futuro próximo y la competencia en las relaciones comerciales será entre ciudades, afirma Marcelo Barros Núñez, cuencano que ejerció responsabilidades técnicas en organismos internacionales por muchos años: eso demanda que ciudades como Cuenca se preparen para incorporarse a las nuevas rutas del desarrollo.
En el caso ecuatoriano Quito necesitará estrechar vínculos con Bogotá y Guayaquil con Lima, afirma. Perú, en asocio con el gobierno chino, construyó el puerto de Chancay, cerca de Lima, de proyecciones gigantes, capaz de competir con Panamá en importaciones y exportaciones intercontinentales. Lo conveniente, para Cuenca, es estrechar el contacto con Guayaquil, cuyos puertos se aliarán a destinos prósperos para el comercio de productos –como las flores-, que tienen mercados seguros en países del mundo. Ello implicará la urgencia de contar con carreteras apropiadas para reducir el tiempo de transporte de carga.
Perú es el país latinoamericano con mayores perspectivas de crecimiento, con la meta de expandirse comercialmente facilitando el acceso de las ciudades del interior a los puertos cercanos a Lima, mediante supercarreteras internacionales como la autopista que le conectará con Paraguay y Brasil. El futuro peruano de la relación comercial –y de todas las demás actividades- está prolijamente programado, sostiene Barros Núñez.
En el sur ecuatoriano, Cuenca es la ciudad con mayores proyecciones de desarrollo, pero necesita atender prioridades con criterios de sostenibilidad, inclusive de sus servicios básicos. Barros comenta que la empresa municipal ETAPA, a la que estuvo vinculado apenas graduado de ingeniero en la Universidad de Cuenca, tenía entonces diez técnicos para la producción y mantenimiento del agua potable, pero ahora pasan de cien. Además ha crecido la burocracia, cuyo mantenimiento implicará elevar el costo de la tarifas.
A propósito, recuerda que un técnico brasileño sostenía que la construcción de las plantas de agua da de comer a mucha gente, pero entrega poco de beber a los usuarios. Súmese a eso –dice- que las llamadas Juntas de Agua funcionan sin dios ni ley y para la ejecución de obras se contrata directores, diseñadores, rediseñadores, asesores, fiscalizadores y más empleados burocráticos, resignados a no hacer nada, pero con puntual sueldo.
Lo que hace falta en Cuenca es planificar los servicios y su desarrollo en forma técnica. Es discutible que se ejecuten obras costosas para veinte y cinco o más años, pero en cinco años ya son deficitarias. Así ocurrió con la planta de tratamiento de aguas residuales de Ucubamba, en la que ya se hizo grandes inversiones para dragar los sólidos que llenaron las lagunas de oxigenación; además, se anuncia otra planta de tratamiento en Guangarcucho, a corta distancia de la actual, cuyos estudios iniciales de hace años ya serían obsoletos. Por añadidura, una planta residual fue construida al otro lado del límite de Cuenca con Azogues, y no entra en operación. Habría sido lógico unificar todo en un gran proyecto, para evitar la dispersión de recursos. Por encarecimiento de costos, ya se estaría previendo incluir en las planillas de los usuarios un valor correspondiente al tratamiento de aguas residuales.
Debido a la falta de planificación la expansión de la ciudad se produce de modo caótico y con calles de tres metros de ancho, como ocurre en Challuabamba y otras zonas nuevas de urbanismo, con vías angostas pavimentadas, pero con deficientes instalaciones sanitarias subterráneas.
Para el desarrollo de la ciudad se requiere el apoyo del sector privado, a fin de evitar el monopolio municipal. No deberían ser los concejales los administradores de los servicios públicos, en vez de los técnicos, pues en la práctica los tramitadores sustituyen a los profesionales, a los que debería especializarse para que sus servicios sean eficientes. “La autoridad máxima de la ciudad no debe dedicar su tiempo y sus esfuerzos para mostrarse como el alcalde más querido, a través de obras baladíes y el prurito de pelear con la gente que le hace reparos”, comenta.
Adicionalmente se refiere a obras públicas de dudosa contratación con constructores que siempre ganan los concursos, despertando sospechas de procesos amañados o la formación de mafias de contratistas que sólo podrían darse en complicidad de operadores en la gestión municipal.
El técnico se refiere a “obras bobas”, como el servicio del tranvía, que nada ha mejorado la movilidad, porque no cumple el objetivo previsto, mediante coordinación con el sistema de buses. Muchos pasos elevados o deprimidos pudieron construirse para resolver el congestionamiento de automóviles en las calles, con una inversión menor a la del tranvía, juguete atractivo pero de escasa solución del caótico tráfico. El proyecto tranviario se lo promocionó anunciando que sería utilizado por 120 mil pasajeros diarios, pero en cuatro años de funcionamiento apenas cubre la tercera parte de ese número de ocupantes.
¿Cuál es el futuro del desarrollo de Cuenca? El ingeniero Barros Núñez opina que mantener la seguridad será importante para que el turismo siga siendo una fuente sustentadora de ingresos multiplicadores, en beneficio de los empresarios del ramo y de los sectores productivos en sus diversas posibilidades, como la artesanía, el arte o la cultura, que ocupan espacios destacados en la actividad local. También sería importante que, manteniendo la honestidad que caracterizó siempre a las autoridades responsables de planificar y ejecutar obras públicas, se ponga empeño para que la pulcritud se mantenga y se trabaje por el progreso y bienestar colectivos con patriotismo y verdadero amor por la ciudad y sus habitantes.
La migración a Europa o a los Estados Unidos revierte en regalías que mejoran las condiciones económicas de sectores marginales de la población cuencana, pero el técnico advierte que el fenómeno ha modificado su comportamiento, pues ahora familias enteras salen del país y las remesas llegan cada vez en menor volumen.
Estos “pequeños detalles” deben considerarse si se piensa en el futuro de Cuenca, ciudad que, a su criterio, debería esforzarse para, mediante la producción y el comercio, incrementar su relación de negocios con Guayaquil y Quito, que servirán de enlace para la conexión con ciudades cercanas del exterior, como Lima y Bogotá, centros de operación con el mundo, lo que traerá beneficios mediante la eliminación de fronteras, tendencia que pronto marcará el comportamiento de las ciudades y países de la América Latina.
El técnico entrevistado
Marcelo Barros Núñez, de 67 años, es ingeniero civil graduado hace 44 años en la Universidad de Cuenca. Tiene un doctorado en Gerencia de Proyectos por la Universidad Iberoamericana de México; maestrías en Economía por la Universidad de las Américas (UDLA) y en Salud Pública por la de Sao Paulo, Brasil; diplomados en Gerencia de Proyectos por el Instituto Tecnológico Monterrey, en Gerencia Pública por la Universidad Católica de Quito; ingeniero sanitarista por la Universidad de Sao Paulo. Trabajó 25 años en el Banco Interamericano de Desarrollo, en proyectos sanitarios, de vialidad y otros; en Bolivia y Bogotá laboró para la Comunidad Andina de Naciones, en obras en países de la organización. En los 80 del siglo pasado fue director técnico de los Planes Maestros de Agua y Alcantarillado de Cuenca. Ejerció la docencia en la Universidad de Cuenca y es autor de textos, manuales y artículos de su especialidad, publicados en Ecuador y otros países. En el gobierno de Guillermo Lasso fue gerente general del Banco de Desarrollo del Ecuador y de 2023 a 2024 fue vice prefecto del Azuay.