El presidente León Febres Cordero combatió sin tregua al movimiento subversivo que, con audacia, se dio modos para
expresar en panfletos y rótulos en los edificios, la lucha contra el gobierno.

Un juicio por crímenes de lesa humanidad se tramita estos días por denuncias de miembros de AVC que hace cuatro décadas habrían sido torturados por elementos militares. Acusadores son Susana Cajas, Francisco Javier Jarrín Sánchez y familiares de Luis Vaca, ya fallecido, contra oficiales de alto cargo: Juan Raúl Viteri, Marcelo Delgado, Bolívar Enriquez Gómez, Ricardo Apolo, Fernando Ron Villamarín y Luis Piñeiros, este último ministro de Defensa de León Febres Cordero. El grupo terrorista depuso armas en 1991, en el gobierno de Rodrigo Borja. Algunos de sus episodios, en Cuenca, se los recuerda en estas páginas.

El 2 de febrero de 1986, por la noche, hombres cubiertos con capuchas llevaron en el balde de una camioneta a tres periodistas a una rueda de prensa clandestina en Cuenca, con el jefe del movimiento subversivo Alfaro Vive Carajo, por quien el gobierno de León Febres Cordero ofrecía cinco millones de sucres por su captura. El rostro de Arturo Jarrín aparecía en la TV entre los avisos publicitarios.

 Arturo Jarrín, comandante de AVC, anunció que en 1986 derrotaría a la oligarquía o moriría. En octubre de ese año cayó abatido a bala.

En 1983 la organización política militar de izquierda inició acciones terroristas audaces, sorpresivas, muy planificadas, para hacer guerra a las oligarquías, según sus declaraciones y documentos. El 8 de julio se alzaron con el busto del general Eloy Alfaro de la sede del partido Liberal en Quito, y el 11 de agosto robaron del museo municipal de Guayaquil las espadas de Eloy Alfaro y de Pedro José Montero, reliquias del liberalismo que fueron a su poder con gran efecto promocional.

Entre el 23 de septiembre de ese año y mayo de 1984, la cúpula de Alfaro Vive Carajo se dio modos para exponer a periodistas de los medios más grandes del Ecuador sus planes de “derrotar a las oligarquías”, consigna que la exhibían con rótulos en la fachada de edificios públicos y privados. La propaganda se acompañaba de acciones concretas, sorprendiendo a la policía y al ejército que tenían instrucciones radicales para frenarlas a sangre y fuego. Decenas de alfaristas cayeron en combate o sufrieron torturas en las prisiones. Una de las primeras víctimas fue Fausto Basantes Borja, segundo al mando de AVC, acribillado cerca al aeropuerto de Quito el 4 de enero de 1986.

AVC hizo grandes “recuperaciones económicas” con asaltos a entidades financieras. En 1983, en julio, 1´400.000 sucres de Multicambio, denunciando el enriquecimiento ilegal de los cambistas; en marzo de 1984 también en Multicambo, agencia norte, 1´050.000 sucres. En junio Banco del Pacífico, Quito, 5´050.000 sucres. En enero de 1985 un blindado del Banco de Descuento con 4´000.000 de sucres. En este acto fue muerto Jorge Lima, alias Fabio, y hubo varios detenidos. En abril de 1985 Banco Holandés Unido, del que toman 1´630.000 sucres. En mayo del mismo año 550 mil del Banco Continental en Guayaquil; en junio 2´310.000 del Banco Consolidado y en julio 1´700.00 de La Previsora.

 Portada de la revista “Qué Púchicas mi País” Nro.1, para conmemorar los tes años del inicio de la insurgencia

Entre los operativos más audaces, el 11 de marzo de 1985 fue la sustracción de armas del rastrillo de la Policía Nacional: 631 revólveres calibre 38, tres cajas de bombas lacrimógenas; dos cajas de cartuchos para carabina M-1; tres cajas de cartuchos calibre 7.92; dos cajas de cartuchos calibre 76.2. A estos hechos acompañan la liberación de miembros presos y la explotación de bombas panfletarias en sitios públicos de Quito y Guayaquil, así como la toma momentánea de medios de comunicación para emitir proclamas anti oligárquicas, o la aparición sorpresiva en eventos universitarios y populares.

Otro hecho de conmoción fue el secuestro al banquero Nahim Isaías Barquet, gerente de Filanbanco y decano del cuerpo consular en Guayaquil, el 7 de agosto de 1985, cuando al llegar a una propiedad campestre fue obligado a pasar a un carro en el que le llevaron con rumbo desconocido. Los captores pidieron un millón de dólares para dejarlo libre, un avión para trasladarse a Quito y asilarse en la embajada de Nicaragua, más la libertad de los militantes detenidos. La fuerza pública ubicó el sitio y el presidente Febres Cordero ordenó un operativo de la Brigada de Fuerzas Antiterroristas del Ejército para rescatarlo el 2 de septiembre, cundo vencía el plazo para que se atienda el pedido de los secuestradores, pues de lo contrario lo ejecutarían. La incursión militar fue violenta, causó varios muertos e Isaías fue rescatado, pero al llegar a la Clínica Guayaquil, ya no tenía vida.

En Cuenca, el secuestro de tres periodistas para llevarlos a la rueda de prensa con el número uno de AVC, Arturo Jarrín, el 2 de febrero de 1986, fue un episodio que causó revuelo. Jorge Piedra Ledesma, de radio Tomebamba; Rolando Tello, director de AVANCE y Alberto Machuca, cronista de El Mercurio, a quienes colocaron gafas oscurecidas con cinta aislante negra, recorrieron en el balde de una camioneta por alrededor de una hora por zonas periféricas, para desubicarlos, hasta una casa a medio construir donde estaba Jarrín, cerca al antiguo Técnico Salesiano, en la avenida Don Bosco, como se comprobó luego. Jarrín los recibió en un cuarto en el que se les pidió deshacerse de las gafas sobrepuestas a los ojos, disculpándose por haberlos conducido así por razones de seguridad.

La rueda de prensa demoró algo más de una hora. A Arturo Jarrín acompañaba Rosa Mireya Cárdenas, joven de algo más de veinte años, militante fundadora del movimiento, que había sido pareja de Basantes, acribillado un mes antes en Quito. Ella había recuperado poco antes la libertad, pues estuvo detenida en Costa Rica, donde representaba a AVC en eventos de formación militar y política, como también en Nicaragua.

En archivos de AVANCE se conserva la grabación magnetofónica del encuentro con Jarrín, más que un diálogo un monólogo en el que el personaje muestra una capacidad expositiva extraordinaria, para referirse a los problemas políticos, la explotación económica, la injusticia social y los abusos de los sectores oligárquicos protegidos por el gobierno de Febres Cordero. “En 1986 derrotaremos a la oligarquía o moriremos”, repitió durante su exposición. Todo el tiempo el máximo líder de AVC tenía a sus costados a encapuchados con metralletas y detrás un telón con las siglas de AVC en gran tamaño.

Al terminar la reunión Jarrín se despidió de los “invitados” agradeciéndoles la concurrencia. Cada uno recibió materiales informativos y propagandísticos del movimiento, así como cartas para los miembros de la agrupación presos en cárceles del país, con el pedido de que procuraran hacérselas llegar, lo que el movimiento no podía hacerlo. El periodista Machuca, de El Mercurio, recibió un rollo de fotos de ese encuentro, para que una vez procesado, diera una copia al director de AVANCE, pero el rollo, según Machuca, se había velado.

También recibieron los periodistas casetes de audio cuyo contenido denunciaba las torturas y abusos que los miembros de AVC Juan Cuvi y Patricio Baquerizo sufrían en la prisión, con sus propias voces, material que también conserva AVANCE. Cuvi es desde hace años gerente de la fundación humanitaria Donum. Mireya Cárdenas ocupó funciones de alto rango en el gobierno de Rafael Correa.

Pasada la medianoche, Jarrín y su compañera abandonaron el local, pidiendo a los periodistas que permanecieran media hora más allí, mientras se ponían a buen recaudo, tiempo durante el cual serían rehenes, si ocurriera un grave imprevisto con los voceros de AVC sobre los que pesaban ofertas de recompensa.

La noche del 28 de junio de ese año elementos policiales allanaron domicilios de supuestos miembros de AVC en Cuenca. Ricardo Merino, al parecer responsable local de la organización, cayó abatido en su casa en las calles Tarqui y Pío Bravo. La policía anunció la detención de Manuel Arcesio Ochoa Aucay, Rosa Rodríguez Jaramillo, Cristóbal Sigcho Montaño, Clemente Rodrigo Aucay Sánchez, Gilberto Ochoa Guerrero y Floresmilo Alvear Espejo. También, que les decomisaron armas, materiales panfletarios de AVC, acusándolos de asociación ilícita.

Arturo Jarrín fue abatido en un enfrentamiento con la policía la noche del 26 de octubre de 1986, en la plaza Carcelén, en Quito, según versión oficial. Pero sus familiares dijeron que fue abatido en Panamá la noche del 24 de octubre, al salir de una oficina telefónica desde la que se comunicó con ellos. El supuesto enfrentamiento sería un montaje, pues el cuerpo de Jarrín habrían traído a Quito para simular el enfrentamiento. Los vecinos del barrio declararon no haber escuchado disparos. Jarrín habría ido a Panamá el 7 de octubre con pasaporte a nombre de Milton Cervantes Suárez, con el que tenía previsto viajar a Amsterdam el 25 de ese mes, por la compañía KLM, cuyo ticket de vuelo hicieron público Miguel, Beatriz, Alexandra, Rodrigo y Edwin, hermanos de Arturo, que presentaron una demanda que por sorteo fue al Juzgado 10 de lo penal en Quito, cuyo titular Luis Mora acabó declarándola sin lugar. ¿Cómo mismo y cómo murió el líder de AVC, Arturo Jarrín? El abogado que patrocinó la denuncia fue Víctor Granda Aguilar, quien posee extensa documentación sobre el caso.

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