Una cédula real de junio de 1779 creó la Diócesis de Cuenca y seis años después el papa Pío VI nombró al español José Carrión y Marfil su primer obispo. Desde entonces trece obispos y seis arzobispos han regentado la Iglesia de Cuenca. Monseńor Marcos Pérez Caicedo, actual arzobispo, se posesionó el 6 de agosto de 2016 y cumplió diez años en funciones. Con este motivo AVANCE lo entrevistó y sus respuestas llevan a conocer su trabajo y las proyecciones futuras, en el campo comunitario y religioso. Nacido en Daule, se ordenó sacerdote en 1992 y por cuatro años, hasta ser asignado arzobispo de Cuenca, fue obispo de Babahoyo. Su formación religiosa fue en Guayaquil y Roma. A continuación el diálogo con el prelado.
¿Qué conoce de Cuenca y su gente en el lapso de su administración?
Hace diez años fui designado VI Arzobispo de Cuenca por Su Santidad el Papa Francisco. Desde mi llegada a la segunda sede episcopal erigida en nuestro país,acogí con enorme entusiasmo las hermosas tradiciones de piedad popular que existen en Cuenca, sobre todo la profunda devoción al Santísimo Sacramento, al Niño Jesús y a la Virgen María. La sincera fe católica anima a nuestro pueblo y lo impulsa a comprometerse en diversas tareas de evangelización, como la catequesis, la pastoral familiar, las obras de pastoral social y el cuidado del medio ambiente. Debo reconocer también la generosidad de nuestra gente, su identificación con las actividades de la pastoral parroquial y el ferviente empeño que todos tienen por conservar hermosa, segura y limpia nuestra ciudad.
¿Cuántos religiosos y religiosas al inicio de su gestión y cuántos en la actualidad?
Al inicio de mi gestión contábamos aproximadamente con 200 religiosos, entre varones y mujeres. Actualmente, entre religiosos pertenecientes a comunidades religiosas y sacerdotes diocesaños, contamos aproximadamente 292 consagrados.
En nuestro Seminario Mayor “San León Magno” tenemos 21 jóvenes que se están formando para la vida sacerdotal. A raíz de la pandemia experimentamos una disminución en el número de vocaciones, pero estamos recuperándonos poco a poco. Este año culminaron el proceso formativo siete jóvenes, que hoy realizan el llamado «año pastoral» en las zonas misioneras de nuestra provincia.
¿Cuántos claustros religiosos tiene su jurisdicción y cuál su pertinencia en la actualidad y el futuro?
En la Arquidiócesis de Cuenca tenemos cuatro monasterios femeninos: Conceptas, Carmelitas de la Asunción, Carmelitas de San José y Clarisas. Vemos con mucha satisfacción que los conventos de vida contemplativa se mantienen estables y con un número considerable de miembros. No sucede lo mismo con algunas comunidadereligiosas de vida activa, que experimentan cierta crisis vocacional. Nuestro empeño no es solamente crecer en número, sino, sobre todo, en fidelidad y amor a Dios y al prójimo. Por eso, debo agradecer el trabajo evangelizador que realizan las religiosas en instituciones educativas, hogares de ancianos, parroquias y lugares de misión. Con su inserción en ambientes periféricos nos dan el mejor testimonio de entrega a los más necesitados. El Seminario San Luis, de Monay, se construyó en tiempos florecientes de vocaciones sacerdotales.
¿Cuál es su ocupación hoy y existe algún proyecto de uso futuro?
En los años sesenta se construyó e inauguró el Seminario Mayor San León Magno, para acoger a jóvenes de Cuenca, Guayaquil, Babahoyo, Azogues, Machala y otras jurisdicciones eclesiásticas del país, sobre todo del sur. Fue el segundo centro de formación sacerdotal, después del Seminario Mayor San José de Quito. En nuestro seminario se formaron algunos sacerdotes que hoy son obispos, como Bolívar Piedra, Gustavo Rosales, Oswaldo Vintimilla, Gerardo Nieves y Adalberto Jiménez. Son frutos del trabajo realizado por formadores, profesores y buenos pastores que colaboraron en el seminario. En la actualidad, una parte del edificio está ocupada por el seminario y otra ha sido habilitada como centro de convivencias, denominado «Casa Hermano Miguel». En ella se realizan encuentros, convivencias, reuniones de clero, retiros de grupos laicales, entre otras actividades formativas. En el futuro pensamos restaurar la casa de convivencias y modernizar sus espacios, para dar un mejor servicio a la comunidad. Para hacer realidad este propósito contamos con la ayuda de todos: sacerdotes, religiosos y laicos.

El prelado departe con niños escolares, en una sesión de catequesis.
¿Cuál es el legado de los arzobispos que le antecedieron, que sea una guía para su gestión?
Monseñor Manuel Serraño Abad dejó inaugurada una hermosa catedral, en la que puso su corazón y sus recursos. También es el fundador del Seminario Mayor y de su singular capilla, conocida como iglesia de Santa Teresa de Monay. Monseñor Ernesto Álvarez, como buen salesiano, se preocupó de la formación de los jóvenes; por eso, fue gestor de la institución educativa que hoy conocemos como Universidad del Azuay.
Monseñor Luis Alberto Luna Tobar se empeñó en fortalecer la Pastoral Social y la atención a los pobres y necesitados. Guiados por el Magisterio de la Iglesia y animados por el testimonio de este gran arzobispo, reconocemos que, para realizar hoy nuestra misión pastoral, se requiere una adecuada comprensión de diferentes factores sociales y culturales que condicionan las disposiciones religiosa de los hombres, de tal manera que el apostolado responda siempre a sus necesidades y a su tenor de vida. Es necesario conocer también las diferentes tendencias y corrientes de pensamiento que se refieren a la religión en general y al rol de la Iglesia en la sociedad.
Durante sus años de episcopado, Monseñor Vicente Cisneros puso al servicio del pueblo los dones recibidos de Dios, especialmente la sabiduría y la prudencia en el ejercicio del ministerio pastoral. Quienes le conocieron, y más aún quienes trabajaron junto a él, descubrieron en Monseñor Cisneros a un obispo erudito, políglota y prudente; siempre respetuoso y delicado con el pueblo, cercano y preocupado por el bienestar de los sacerdotes. Fundó nuevas parroquias y vicarías episcopales; se preocupó por la evangelización de los indígenas y por la formación de los seminaristas. Dio importancia capital a la formación permanente del clero.
Monseñor Luis Cabrera, hoy Cardenal Arzobispo de Guayaquil, continuó con la obra de sus antecesores y consolidó la organización pastoral y administrativa de la Arquidiócesis. Se lo recuerda como un pastor humilde y cercano al pueblo de Dios. Fundó la Casa de Convivencias Hermano Miguel y emprendió la restauración del antiguo Seminario San Luis. Todos mis predecesores fueron pastores de profunda fe y espíritu de servicio. Abrieron caminos para la nueva evangelización impulsada por el Concilio Vaticano II. Gracias a su obra, Cuenca conserva sus tradiciones religiosas y todos caminamos juntos como Iglesia de discípulos misioneros. El trabajo no ha concluido: somos una Iglesia en construcción y nuestra misión es anunciar la Buena Nueva hasta que Él vuelva.
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| Con la vestimenta de su jerarquía eclesiástica, saluda a los asistentes a una ceremonia de evangelización. |
¿Qué ha resuelto la Iglesia sobre las apariciones, milagros y mensajes de la Virgen en El Cajas?
Sobre este tema, la Iglesia no ha dado un veredicto final. Lo que realizó, en su momento, Monseñor Vicente Cisneros, fue autorizar la construcción de una capilla que después fue erigida en santuario, como tantos otros espacios de oración y peregrinaciones existentes en nuestro país. Esto no significa necesariamente aprobar una aparición, sino reconocer la piedad mariana de los devotos. La mayor parte de los santuarios, que hoy son lugares privilegiados de la piedad popular del Pueblo de Dios, no han tenido jamás, en el curso de la devoción que allí se expresa, una declaración de sobrenaturalidad de los hechos que dieron origen a aquella devoción. Los pastores debemos estar junto al Pueblo de Dios para evitar confusiones de todo tipo y ofrecer las respectivas orientaciones. Lo más importante no son las revelaciones privadas, sino el encuentro con Cristo vivo, que nos llama a la conversión, viviendo el mandamiento del amor a Dios y al prójimo.
Al conocer la realidad de su jurisdicción en diez años de servicio, ¿qué proyectos considera apropiados para el futuro?
Como dije antes, la Iglesia de Cuenca siempre está en construcción; es decir, siempre estamos en misión. El Señor nos envió a anunciar el Evangelio hasta su venida gloriosa. Por eso, los proyectos no se acaban. Uno de nuestros grandes desafíos, ante el crecimiento demográfico de Cuenca, es la fundación de nuevas parroquias eclesiásticas. Hay nuevos barrios y urbanizaciones; algunas parroquias rurales están unidas a Cuenca y conforman con la capital provincial una gran ciudad. El área urbana de Cuenca se expande debido a la dinámica industrial, artesanal y migratoria de la zona austral, uniendo a poblaciones que antes se encontraban distantes. Para una mejor atención pastoral necesitamos también más sacerdotes, con capacidad de insertarse en medio de un pueblo diverso y multicultural. Para el trabajo de una pastoral de conjunto, la Arquidiócesis cuenta con nueve Vicarías Episcopales: Inmaculada Concepción, Santo Hermano Miguel, Espíritu Santo, Cristo Salvador, San José, Santiago Apóstol, San Juan Bautista, La Merced y Natividad de María. Las nuevas vicarías, sobre todo las urbanas, responden también a las necesidades pastorales de la ciudad, facilitando la atención pastoral según las necesidades de los fieles. Entre los proyectos que están en marcha podemos mencionar el Banco de Alimentos, los comedores populares abiertos en algunas parroquias, la restauración integral de la Catedral de la Inmaculada y la preparación del nuevo plan pastoral.
¿Su relación con autoridades civiles de su jurisdicción y del país?
Hemos tenido una cordial relación con las autoridades. Las competencias civiles son distintas de las eclesiásticas, pero todos coincidimos en reconocer que trabajamos por un mismo pueblo, que debe ser escuchado en sus necesidades materiales y espirituales. Nuestro acompañamiento como pastores, no como actores políticos, refleja la esperanza de un pueblo unido y el compromiso de los católicos de trabajar por la justicia y la paz, especialmente en este tiempo, caracterizado por la violencia y la inseguridad.
¿Algo quisiera añadir?
Durante estos diez años he experimentado la cercanía del pueblo azuayo y he conocido de cerca el trabajo que realizan muchos sacerdotes, caracterizados por su abnegación y entrega. Ellos, junto con religiosos y laicos, llevan adelante un excelente trabajo, organizado en todas las comisiones pastorales.
Debo agradecer a todos porque ponen al servicio de la Iglesia los dones recibidos. Una experiencia que quisiera destacar especialmente durante estos últimos dos años son las visitas pastorales a las parroquias de la Arquidiócesis, junto con el Obispo Auxiliar, Monseñor Fernando Ortega, y tienen como propósito acercarnos a las comunidades, conversar con los fieles, conocer de cerca el desarrollo de sus procesos pastorales y de evangelización, así como acompañar y fortalecer los caminos de crecimiento en la fe. Las visitas nos permiten escuchar directamete las realidades, inquietudes y necesidades de cada comunidad, conocer sus alegrías y desafíos, y discernir juntos los caminos que debemos seguir. Es una experiencia muy enriquecedora, porque nos ayuda a tener una mirada más cercana de nuestra Iglesia y a renovar el compromiso de caminar unidos. Todo esto lo hacemos con la esperanza de seguir creciendo como Iglesia, fieles a Cristo y a su proyecto de construir una auténtica civilización del amor. Queremos ser una Iglesia cercana, misionera y comprometida, que escucha, acompaña y anuncia el Evangelio en medio de las realidades concretas de nuestro pueblo.
Mi reconocimiento y gratitud a todos por caminar unidos. En este caminar juntos, con fe, esperanza y compromiso, fortalecemos la Iglesia que peregrina en el Azuay y hacemos presente el Evangelio en nuestra sociedad.

En el primer patio de la sede arzobispal, conjunto escultórico de la Virgen María en una aparición al niño Francisco Febres Cordero, el santo Hermano Miguel de hoy, que nació en esta casa.
