La cabina de una locomotora de inicios del siglo XX llegó al parque ferroviario de Gapal el 5 de agosto de 2026 sobre un camión, para convertirse en monumento al transporte en rieles extinguido en Cuenca en 1993. El ministro de Infraestructura, Roberto Luque, anunció que estudiará la rehabilitación del servicio ferroviario iniciado el 6 de enero de 1965 – un día de Inocentes-, y desaparecido hace más de tres décadas.
Las dos caras de la locomotora: a la izquierda la máquina flamante, con la campana dorada en lo alto y la placa con el número 14 muy visible, y a la derecha con las huellas del óxido y la corrosión. ¿Por qué no se pasó siquiera una manito de limpieza para estrenar el chatarroso monumento?
La historia del ferrocarril ecuatoriano tiene episodios fantásticos, políticos, fantasmales, románticos o trágicos. García Moreno, en 1861, empezó la ruta Guayaquil-Quito y la terminó Alfaro en 1908. Ambos acabaron asesinados. Alfaro, llevado de Guayaquil a Quito preso en su tren, fue al penal que se nominaría García Moreno, donde una multitud furiosa le golpeó, lo extrajo y arrastró por las calles aún ya muerto, el 28 de enero de 1912.
En Cuenca, antes de que rodara el primer automóvil en 1912 y un primer avión aterrizara en 1920 ante una multitud delirante en un terreno suburbano, el entusiasmo por el tren atizaba promesas políticas o reclamos. En 1919 el Presidente Baquerizo Moreno anunció un préstamo de 500 mil sucres para la obra y el Concejo acordó darle un voto de aplauso. El mandatario agradeció con un telegrama: “Quedo vivamente reconocido, tanto más, cuanto que tal acuerdo será una de las páginas más honrosas de mi vida como Presidente o ciudadano, desde que en ella no pongo otro empeño que el de servir a mi patria, en la ciudad gloriosa, en sus varias y ricas secciones…”
El 3 de noviembre siguiente el presidente municipal Octavio Díaz, en el cabildo por los 99 años de independencia de Cuenca, apuntó: “La cooperación eficaz prestada a la obra del ferrocarril Sibambe-Cuenca, por el señor Baquerizo Moreno, le ha hecho acreedor a la gratitud de los azuayos y esta Municipalidad, interpretando fielmente los sentimientos del pueblo que representa, ha querido solemnizar esta fiesta íntima del hogar cuencano, colocando en este salón el retrato del mandatario que ha llevado el bienestar a todas las secciones de la República y ha cooperado a la más grande y legítima aspiración de los cuencanos...”
Pero luego la obra avanzaba con retrasos y abandonos. En la revista Tres de Noviembre de 15 de junio de 1926, un comunicado del Concejo decía: “El único recuerdo de todo Gobierno en el afán de buscar aceptación en el pueblo, ha sido este del ferrocarril a Cuenca, con que, desde hace muchos años, se viene engañando a las comarcas azuayas, poniéndoles mansedumbres de bestia para que permanezcan dóciles en el fango del quietismo…”
Y añadía: “No es explicable el proceder que han tenido algunos gobiernos pasados para con estas comarcas azuayas; cuál la razón verdaderamente justa que les asistía para negarnos el ferrocarril, el filtro de vida, acaso nuestras rentas son por demás exiguas que incapacitan el cumplimiento de nuestro más legítimo anhelo, que, al proceder con amplio e ilustrado criterio, debe ser de todos? No, no hay razón alguna que pueda justificarlos. Nuestras rentas, que han servido más bien para atender ferrocarriles de otras provincias, son más que suficientes para tender las paralelas en nuestros caminos y darnos el bienestar económico, base de toda civilización integral…”
El ramal Sibambe-Cuenca, de 145 kilómetros, llegó a El Tambo en 1930, a Biblián en 1945, a Azogues en 1948 y a Cuenca en Día de Inocentes de 1965, el 6 de enero. Al inaugurarlo el 6 de marzo de ese año la Junta Militar impuso al terminal el nombre de Miguel Ángel Estrella Arévalo, coronel que fuera alcalde de Cuenca (1953-1955) y luego director de la Empresa Nacional de Ferrocarriles. Una placa entonces montada al frontis del terminal decía: “Este ferrocarril se terminó de construir el 6 de enero de 1965 en la administración de la H. Junta Militar de Gobierno: Contralmirante Ramón Castro Jijón Presidente. General de Div. Luis Cabrera Sevilla, Miembro. General de Div. Marcos Gándara Enríquez, Miembro. Coronel de E.M. AVC.Guillermo Freire Posso, Miembro. Ministro de OO.PP. coronel Segundo D. Morochz J.- Presidente de la Empresa de Ferrocarriles del Estado coronel de E.M. Ing. Carlos Castro Cornejo. Los trabajadores del ramal austral dejan constancia de su reconocimiento en el día de su inauguración para quienes hicieron realidad esta obra positiva a los sesenta años de haberse iniciado su construcción. Cuenca Marzo 6 de 1965”.
La novedad del tren reunió en lo que ahora es el Parque del Ferrocarril a una multitud comparable a la que el 4 de noviembre de 1920 miró asombrada aterrizar el primer avión en Cuenca, desafiando a los nevados y volcanes andinos. Los gritos y aplausos se sumaban al estruendo de la locomotora triunfal de humeantes chimeneas, arrastrando vagones cargados con maderas para los durmientes de reserva, en un acto espectacular inolvidable e irrepetible.
El servicio fue inconstante y deficitario, con protesta de los choferes por la competencia desleal en el transporte de carga. No obstante, las llegadas y salidas de autoferros y locomotoras de silbidos rugientes, llegaron a ser parte de una rutina con la que se encariñaron los vecinos de las rutas serranas y de la costa. Pero la falta de mantenimiento de las rieles, por la Empresa Nacional de Ferrocarriles, así como de las máquinas para pasajeros y carga, fue deteriorando el servicio, los horarios y la puntualidad de los viajes. Aparte, los rigores invernales, los derrumbes y la interrupción frecuente debilitaron la confiabilidad de los usuarios, por lo que los presupuestos de la empresa eran deficitarios.
El gobierno del presidente Rodrigo Borja -1988 a 1992- emprende la rehabilitación con interés turístico, incorpora unidades nuevas, una de las cuales llega a Cuenca conducida por él mismo desde Azogues, travieso como era el mandatario. El presidente Sixto Durán -1992 a 1996-, intentando modernizar los ferrocarriles, compra la renuncia a miles de trabajadores del riel, estocada final contra el agonizante medio de transporte. El presidente Rafael Correa muestra algún interés por mejorarlo y el 1 de abril de 2008 declara al sistema ferroviario patrimonio cultural del Ecuador.
Son los últimos traqueteos de las máquinas sobre las rieles. En el caso de Cuenca, el fenómeno telúrico de la Josefina extinguió en 1993 el servicio que llegó tarde, funcionó mal y murió. La noche del 29 de marzo el cerro Tamuga, carcomido por la minería del negocio de la construccion, derrumbó millones de metros cúbicos de tierra en el encañonado de El Tahual, 20 kilómetros al oriente de Cuenca, formando un lago de 200 millones de metros cúbicos de agua de los ríos de Cuenca y Azogues, en un mes de lluvia. El desfogue violendo del embalse destruyó el 1 de mayo aguas abajo caminos, puentes, viviendas, industrias, y aguas arriba al liberar de la inundación terrenos de Azuay y Cañar, el mayor daño fue la desaparicion de la ruta férrea.
Las vías, viviendas y todos los bienes públicos y privados fueron recuperados, menos el tren. No hubo interés por devolver el servicio. Es curioso recordar que en 1996 una locomotora embarada en la estación de Gapal trató de llevar la Empresa de Ferrocarriles sobre una plataforma, pero los vecinos lo impidieron, aunque poco después el aparato desapareció en una madrugada y fue a parar en Durán. El alcalde Fernando Cordero recién había iniciado su primera administración y reclamó la devolución, anunciando un Parque del Ferrocarril en Gapal, con la locomotora en el redondel entre el puente del lugar y la avenida 24 de Mayo.
Pero el 12 abril de 2001 el mismo alcalde, en su segunda administración, anunció en el cabildo por la fundación de Cuenca que “Se ha iniciado ya la primera fase de la ciclovía Gapal-Challuabamba aprovechando el espacio público de la vía férrea en desuso”. Y el mismo año, el 3 de noviembre, firmó un convenio con la Empresa de Ferrocarriles para la “Rehabilitación del Servicio Ferroviario”, cuyo objetivo no era restituirlo, sino un sendero de paseo en bicicleta entre Cuenca y El Descanso, obra que nunca se hizo. El presidente Gustavo Noboa y el ministro de Obras Públicas José Macchiavelo firmaron como testigos el compromiso con el alcalde Cordero y el gerente de la Empresa de Ferrocarriles Sergio Coellar, en el cabildo por la independencia de Cuenca.
El 14 de agosto de 2026 el ministro de Infraestructura del gobierno de Daniel Noboa, Roberto Luque, entregó el cabezal de la locomotora Nro 14 de la extinta Empresa de Ferrocarriles al predio ferroviario Miguel Ángel Estrella, así bautizado el 6 de marzo de 1965 con decreto del triunvirato, en honor al personaje que fue alcalde de Cuenca, presidente de la Empresa de Ferrocarriles y además promotor de la carretera Cuenca-Girón-Pasaje, donde operó tractores.
La vieja locomotora 14 trajo a Cuenca el recuerdo del ferrocarril que tardó en llegar y desaparició temprano. Su valor es histórico, rescatado del saqueo en la estación de Durán, donde muchas de sus piezas robaron los ladrones chatarreros, mutilando al aparato de 45 toneladas, moderno hace 125 años, que arrastró en viajes fantasmales hasta veinte vagones con 500 quintales de carga cada uno.
El aparato, rojo, se ha montado al fondo del Parque del Ferrocarril diseñado en la administración del alcalde Pedro Palacios e inaugurado en septiempre de 2025 por el alcalde Cristian Zamora. Su ubicación debería estar frente al edificio restaurado de la estación terminal y no en un lugar apartado. Tampoco se ha hecho retoques para disimular los destrozos oxidados de los fierros de la cabina y en partes del exterior. Hay gran diferencia entre las antiguas fotos en buen estado difundidas como promoción oficial, y la ruina actual, sin la campana dorada en lo alto y el Nro. 14 de la placa corroída en la parte frontal más visible del histórico monumento, como muestran las fotos insertadas en la presente nota. (RTE)

